Tras décadas de democracia, en 1973, Uruguay, un pequeño país, el segundo más pequeño del cono sur, se enfrenta a una dictadura militar. Tres prisioneros políticos son sacados de noche de sus celdas en una operación secreta. El objetivo militar era “como no podemos matarles, vamos a volverles locos”, les dijeron. Los tres hombres permanecerán durante doce años en régimen de aislamiento absoluto.

En diminutos calabozos, cambiados continuamente de lugar de confinamiento, en una macabra estrategia de confusión y locura, no se les permite hablar, no ven a nadie, confinados en espacios donde a veces no pueden ni ponerse erguidos, apenas sin comer o poder dormir sobre el suelo. Llevados con vejaciones, torturas, y sufrimientos más allá de los límites de lo humanamente soportable.

La noche de 12 años es el título de una película uruguaya dirigida por Álvaro Brechner, basada en la historia de los 12 años de cautiverio en solitario que vivieron los tres dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, entre ellos el que posteriormente fue presidente del país Pepe Mujica, interpretado por Antonio de la Torre.

La historia, dura, durísima, a poco que se tenga algo de capacidad empática, es a su vez una narración hermosa, llena emociones, contrastes y reflexiones sobre la condición humana, su maldad y su bondad. Nos muestra la importancia de la fortaleza de las ideas y el pensamiento amable, por encima del terror, la desesperación y el trato vejatorio. Nos coloca ante la fragilidad de nuestra “seguridad y bienestar” y de cómo en un abrir y cerrar rápido de ojos esta puede desaparecer y dar paso a la sinrazón y la barbarie, descubriéndonos que la vida no vale nada.

Nos plantea la obligación de reflexionar sobre si realmente es recomendable vivir en un mundo que a diario comete estas atrocidades, y al juicio de si la culpabilidad ha de recaer solo en los autores intelectuales y materiales de los genocidios, o hasta qué punto en las personas anónimas que con nuestra pasividad, disciplina e instinto de supervivencia, normalizamos el terror y seguimos adelante con nuestras vidas, como si nada estuviese sucediendo, cuando a nuestro alrededor se amontonan los cadáveres y la sangre.

Pero La noche de 12 años es para mí sobre todo el grito desesperado de una sociedad masculina enferma, otra historia de hombres, una más, de hombres violentos, fuertes, que basan su poder en la autoridad de la fuerza, el desprecio y la testosterona. Un mundo solo para hombres, donde las anecdóticas mujeres que aparecen lo hacen en papeles de figurantas, cubiertas de esa concepción patriarcal bajo la que los hombres nos gusta ver a las mujeres, madres, esposas, novias que lloran y esperan. Destaca la madre de Pepe Mugica en la visita que hace a su hijo en uno de los lugares donde estuvo secuestrado.

La película es la ficción de unos hechos reales que ponen de manifiesto una vez más que, para lo bueno y para lo malo en el mundo que vivimos, los hombres tenemos un papel hegemónico y trascendental. Un mundo de uniformes, botas, desprecios, y armas. Porque los militares que asesinaron, violaron y torturaron en Uruguay, Chile, Argentina, eran hombres, como también los mandos, oficiales y soldados que ejecutaron sus órdenes y mayoritariamente la población que optó por mirar a otro lado, sin meterse en nada, ni complicarse la vida.

Paradójicamente, en toda esta sinrazón fueron las mujeres las que de nuevo impusieron la cordura, las primeras en decir ¡basta ya! y plantar cara a una de las dictaduras más criminales de América del Sur, la argentina. Las madres locas, como las llamaron los militares, un movimiento de madres y abuelas que con pañuelos blancos sobre la cabeza y los nombres de sus hijos, hijas, nietos, y nietas desaparecidos y desaparecidas, se concentraban en la Plaza de Mayo frente a la Casa Presidencial para denunciar la desaparición de más de treinta mil jóvenes y exigir su regreso.

En definitiva, La noche de 12 años nos coloca a los hombres otra vez ante el espejo, para interpelarnos sobre nuestra masculinidad y sobre ese manido concepto de hombre en el que tanto creemos. Nos pregunta sobre si queremos continuar aceptando una sociedad desigual donde nosotros ocupamos el protagonismo y las mujeres la irrelevancia, o definitivamente queremos cambiar.

En este tiempo de “quédate en casa”, virus, angustias, miedos, inseguridades, amor y responsabilidad, no estaría de más que reflexionásemos todos los hombres sobre ello. Vean la película, tiempo tenemos.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre