Las cuentas secretas en Suiza no son un invento de los millonarios y grandes de España que hoy ponen su dinero a buen recaudo en el extranjero. Ya en el franquismo se tejieron complejas tramas de evasión de capitales en las que se vieron implicados personajes muy relevantes del momento, tal como destapa el escritor y periodista de investigación Mariano Sánchez Soler en su libro Los ricos de Franco. La tesis de Sánchez Soler es que el franquismo fue una formidable y prodigiosa maquinaria de corrupción de la que se sirvieron políticos, empresarios y banqueros del Régimen que tras expoliar la riqueza del país la ocultaban en cuentas en paraísos fiscales, mayormente en Suiza.

“Después de casi dos décadas de autarquía, la España de finales de los cincuenta atravesaba un momento delicado en el que los grandes capitalistas temían los efectos de la liberalización económica que se les venía encima”, explica Sánchez Soler en su ensayo, una pieza de referencia para conocer las cloacas del franquismo. Prudentes como pocos, los evasores habían colocado ilegalmente más de setenta mil millones de pesetas –según los expertos de la época− en cuentas cifradas de la banca suiza, de “forma masiva y sin precedentes”. La casualidad hizo que se descubriera esta sangría con una prueba documental irrefutable. En diciembre de 1958, con el Plan de Estabilización en puertas, el ciudadano suizo Georges Laurent Rivara fue detenido por la policía española en posesión de una voluminosa agenda en la que estaban anotados sus contactos más influyentes. Al principio, los agentes creyeron que se trataba de un correo del comunismo internacional, pero en realidad se toparon con un agente bancario enviado a España por la Societé de Banque Suisse (SBS). El motivo del viaje sigue siendo un misterio aún a día de hoy, pero se sospecha que Laurent vino a poner en orden las cuentas de ciertos magnates españoles a los que el patriotismo se les acababa donde empezaba una caja de caudales secreta en algún paraíso fiscal.

“Los peligrosos contactos subversivos de la agenda de Rivara quedaron reducidos al listado de 872 clientes españoles de la entidad bancaria helvética, relacionados con sus nombres y apellidos, números de cuenta, contraseñas y claves. Apellidos ilustres de la alta burguesía vasca, del empresariado catalán, de destacados financieros madrileños y de algún que otro político se desgranaban detalladamente, uno tras otro”, explica Mariano Sánchez.

Entre ellos se encontraban grandes capitalistas y banqueros como Alfonso Escámez, el duque de Calvo Sotelo, el naviero Pedro Ampuero Gandarias (vocal del Banco de Bilbao), José Aresti Ortiz (presidente de Papelera Española), el exministro Demetrio Carceller, Federico Lipperheide, José Garriga Nogués y Guillermo Bueno Hencke (delegado de Urbanismo y Obras Públicas del Ayuntamiento de Barcelona, cuñado del constructor Figueras Bassols y futuro presidente del Banco Condal). También aparecían en la famosa agenda apellidos financieros de alta alcurnia como Aguirre Ybarra, Arteaga Falguera, Bertrán de Caralt, Dancausa, Escrivá de Romaní, Espinosa de los Monteros, Fernández Villaverde, Jordán Urríes, Más-Sardá, Olabarri Zubiría, Villalonga Villalba, Ybarra Oriol y otros… Además, en la lista estaban tres grandes bancos: Atlántico, Central y Banesto. Tal como se puede apreciar, las ingenieros de la banca de hoy no han inventado nada.

“El dinero y los grandes negocios se hacían en el Palacio del Pardo, que era un gran centro de tráfico de influencias, un delito que entonces no existía”, explica Sánchez Soler en una entrevista para eldiario.es. Un laberinto de empresas, negocios secretos, testaferros y adquisiciones irregulares fueron labrando la fortuna de la familia, que el autor afirma que “es imposible de calcular”, si bien las últimas estimaciones hablan de 600 millones de euros.

La Dirección General de Seguridad explicó en nota pública cómo transcurrió la operación contra Georges Laurent: “Los servicios de investigación han descubierto recientemente hechos y situaciones que revelan la existencia en el extranjero de depósitos de valores y divisas no declarados por sus titulares en el Instituto Español de Moneda Extranjera. Comprobada la presencia en España de agentes bancarios suizos que servían de enlace con los titulares de las cuentas y coadyuvaban a encubrir las infracciones de la legislación vigente sobre cesión, depósito y disponibilidad de divisas, se procedió a practicar diversas diligencias y detenciones, y entre ellas la de un agente suizo en cuyo poder se encontraron, en clave, relaciones de titulares y estados de cuentas de valores y divisas extranjeras”.

El 26 de diciembre de 1958, los falangistas madrileños elevaron a la superioridad “su más enérgica repulsa” y solicitaron responsabilidades por semejante escándalo. El Juzgado Especial de Delitos Monetarios impuso multas a trescientas sesenta y nueve personas. Los 872 clientes de la SBS habían evadido un total de 16.240 millones de pesetas de la época pero las multas de los sancionados solo ascendieron a poco más de 116 millones. De modo que el PP de Luis Bárcenas y cierto monarca hoy fuera de España no inventaron nada. La logística y los andamios de la corrupción se levantaron de una forma sólida ya en el franquismo. Los ricos de hoy y grandes de España no hacen más que seguir los caminos y el modus operandi que otros trazaron antes que ellos.

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