España es un país que sorprende siempre con su quijotesca alma, entre melancólica y romántica, trágica y cómica, como un traje hecho a retales y sin necesidad de exhibir su patetismo porque en su ridículo extremo encuentra su máxima expresión de decadencia. El gran Bismarck, que más que un gran militar fue un sublime observador de la historia de Europa, decía, no sin un toque de cinismo o lirismo irónico, que no vienen a ser lo mismo aunque para algunos se le parezca,que estaba “firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”.

El gran oráculo de la izquierda española, que se creía una suerte de nuevo Azaña -¡ya quisiera!-, Pablo Iglesias, ha decidido entrar al ruedo y loa hace de la peor de las formas posibles, cuando su imagen pública está por los suelos a merced de sus boutades, su partido hundido sin remedio -ha desaparecido de Galicia, está agónico en el País Vasco y sobrevivió a duras penas en Cataluña conservando su presencia residual- y las encuestas señalan que Podemos entrará de milagro en el parlamento madrileño si logra superar la cuota electoral del 5% de los votos exigida para entrar  en el mismo. Ha tenido que entrar en la competición porque, de no hacerlo, corre el riesgo de que Podemos se quede fuera del juego de tronos que él mismo provocó  y, de cumplirse los peores pronósticos, quedaría, como se dice vulgarmente, para vestir santos, políticamente hablando, a pesar de ser un ateo confeso. Ni siquiera Más Madrid ha aceptado hacerse el harakiri en compañía de Iglesias y ha optado por ir en solitario, en una apuesta tan valiente como temeraria, pero en la cual no deberían perder de vista sus líderes que muchos hechos heroicos acaban en tragedias inútiles. E innecesarias.

Mientras tanto, Isabel Díaz Ayuso, al margen de los resultados que obtenga, ya ha ganado porque se ha erigido en la líder que necesitaba urgentemente el centro derecha y en un momento de grave crisis en su formación tras el sorpasso de Vox en Cataluña -11 diputados en el parlamento catalán frente a los 3 del Partido Popular (PP)-. El cuestionado liderazgo de Pablo Casado, puesto en tela de juicio por numerosos barones de su propio partido, podría quedar aún más debilitado si se confirma el efecto “cohete” que auguran las encuestas para Ayuso, algo que podría precipitar una nueva crisis en el PP y que sentaría los carriles para que la lideresa madrileña escuchara los cantos de sirena que ya la ven como el recambio (necesario) del propio Casado. El actual líder popular se ha metido en un campo de minas y no se ha enterado de ello, ¿o es que no llega a ese nivel? Sean cuales sean los resultados, Ayuso ya ha ganado y, si encima llega al gobierno de la Comunidad de Madrid, habrá dado el triple salto mortal, derrotando a la izquierda, sacando a Iglesias de Moncloa para siempre y mostrando a todos que ella sí puede derrotar a Vox y no Casado. ¿Será así?

El PSOE y Vox antes de las elecciones

Pero si en el PP llueve, en el PSOE no escampa. Queda claro que esta convocatoria de elecciones les ha cogido con el paso cambiando a los socialistas, buscando un líder que estuviera a la altura de la fina habilidad florentina de Ayuso y sumidos en una grave crisis de credibilidad debido al pacto de Gobierno con esa formación surrealista y decimonónica resultante de la fusión del naufragio de Izquierda Unida y de lo que antaño fue un  deslumbrante movimiento -hoy decadente y fracasado- llamado Podemos. El PSOE estaba en un proceso de recomposición interna, algo siempre complejo en esta región, y a la búsqueda de un nuevo líder cuando se enteraron de que las elecciones estaban a la vista, teniendo que improvisar un nuevo guión y llamando a ese viejo telonero  fracasado y anticarismático que es Angel Gabilondo para que ocupe de nuevo ese lugar que le depara la historia: ser el eterno derrotado. A Gabilondo se le nota en la cara que la cosa no le ha hecho mucha gracia y su entusiasmo, si es que le puede llamar así, es el mismo que el de un cordero en el matadero antes de ser degollado.

Por último está Vox, capitaneada en Madrid por Rocío Monasterio, y al que las encuestas no le auguran un buen resultado, incluso algunas le pronostican una leve bajada. Sin embargo, debemos tener en cuenta que Vox siempre ha derrotado a todas las encuestas y obtiene, casi siempre, mejores resultados que lo que le vaticinan las mismas, tal como le ha ocurrido en las generales y en diversas convocatorias autonómicas. Vox siempre supera los resultados que le otorgan los sondeos, aunque, en esta ocasión, la apelación al voto útil por parte de Ayuso y el distanciamiento de la candidata del PP con respecto a su propio partido, posicionándose más a la derecha, puede darle buenos resultado a los populares e incluso que sean capaz de robarles votos a la formación de Abascal, demostrando que sí es posible derrotarles y dando, de paso, una puñalada a más al erosionado liderazgo de Casado.

En fin, que Ayuso, sin que quizá lo haya previsto, ha provocado grandes cambios, con  influencia incluso en la política nacional, sobre todo tras la salida de Iglesias, y quizá ha comenzado la gran batalla hacia La Moncloa, convirtiendo a estas elecciones en una suerte de primarias y dejando a casi todos sus adversarios fuera de juego. Ha sido una jugada maestra, amparada quizá por la que pueda ser la primera víctima de este juego de tronos, el mismísimo Casado, y que revela que el olfato político tiene más valor que cualquier frío cálculo estratégico, tal como se estaban moviendo  hasta el 10 de marzo todas las fuerzas políticas cuando la convocatoria electoral les cogió con el pasado cambiado.

Con respecto al final de este sainete tan madrileño en forma de juego de tronos, hay que reseñar que el gran perdedor será el que trataba de urdir la trama, Ciudadanos, y cuyo futuro no se presenta  nada halagüeño y su desenlace final, si las urnas no lo remedian, será muy parecido al de la desaparecida UPyD (DEP). Henchidos de ansia de poder y llevados por la avaricia, cuyo gesto más desafortunado ha sido la aciaga moción de censura de Murcia, quizá Ciudadanos “aniquila las esperanzas de contar con un partido bisagra promotor de regeneración, pragmatismo y visiones liberales. La incapacidad de crear una estructura sólida en todo el territorio nacional y múltiples fallos estratégicos han dejado maltrecha a la formación, quizá en riesgo de muerte”, como señalaba con acierto un editorial del diario El País en forma de obituario. !A ver cómo terminan estos inciertos juegos de tronos de Iglesias! Felipe VI, mientras tanto, sonríe.

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