Cien años de fructífera vida dan para una trayectoria literaria singular como pocas, como la que el madrileño Juan Eduardo Zúñiga sigue firmando a día de hoy con una salud envidiable y una lucidez admirable. Buena muestra de ello es su última aportación, Recuerdos de vida (Galaxia Gutenberg), unas memorias exquisitas que vuelven a demostrar que estamos ante una de las plumas más singulares y refinadas de la literatura en castellano de las últimas décadas.

En calma transita la prosa bella y luminosa de Zúñiga, uno de los grandes de las letras españolas

Tras el reciente rescate por parte de la editorial Cátedra de sus dos primeras novelas en un único volumen, Inútiles totales (1951) y El coral y las aguas (1962), sus Recuerdos de vida ahora publicados dan para poco más de un centenar de páginas. ¡Pero qué paginas! ¡cuánta hondura! ¡cuánta sensibilidad!

La literatura del Premio Nacional de las Letras 2016, que el pasado 24 de enero cumplió cien años de vida, ha vivido ajena a las ortodoxias de las distintas etapas creativas que las modas han ido imponiendo a lo largo de los años, su lirismo y realismo a un tiempo, su cercanía y hondura también dan muestras más que evidentes de la versatilidad de Zúñiga. Estas memorias se construyen a modo de novela de formación en la que el protagonista es el propio autor. Sus pinceladas de las distintas etapas vitales que destacan en estas sencillas y bellas páginas cobran un vigor asombroso conforme avanza la lectura embelesada de las mismas.

“Qué larga es la calle de la vida. Avanzamos por ella y atrás dejamos convertido en olvido cuanto hicimos”. Así comienza Recuerdos de vida, que lleva por título de su primera parte un revelador “La calma es mi libro”. Así, en calma, transita la prosa bella y luminosa de Zúñiga, uno de los grandes de las letras españolas de los siglos veinte y veintiuno, que hace balance de lo recorrido para deleite de lectores y discípulos que tienen en él un inmejorable espejo en que mirarse.

 

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