En este país hay muchos inviolables, no solo el rey emérito Juan Carlos I. Felipe González es un inviolable al que la CIA le ha colgado el cartel de “señor” X de los GAL sin que pase nada; los ricos y Grandes de España que han evadido 26.000 millones de euros al extranjero en menos de un mes son inviolables de otra clase a los que nadie quiere echar el guante; y por supuesto, Mariano Rajoy, es también un gran inviolable. Durante el confinamiento, mientras los españoles aguantaban estoicamente el encierro, el expresidente popular se saltaba la orden gubernamental, regularmente, para darse sus alegres trotecillos por ahí. El decreto del estado de alarma no iba con él, como el Impuesto de la Renta no va con los Borbones, que llevan su propio régimen fiscal y ajustan cuentas aparte, cuando quieren y donde quieren, mayormente con los testaferros de Suiza y los jeques de Arabia.

Aquí no es que haya un doble rasero, es que hay una amplia gama de niveles especulativos, diferentes modalidades para escaquearse del imperio de la ley, que por lo visto está hecha solo para los de abajo. Fue el propio rey emérito quien en uno de sus anestésicos discursos de Nochebuena dijo aquello tan elevado y digno de que “la ley es igual para todos”. España entera pensó entonces que se estaba refiriendo a su yerno, Iñaki Urdangarin, hoy ilustre entrullado, pero ahora sabemos que estaba interpretando un papel y que en realidad lo que decía no era del todo cierto. Una cosa era el discurso navideño que los guionistas de Zarzuela le habían dado a leer y otra muy distinta lo que su cabeza regia pensaba para sus adentros: “Si vosotros supierais…”

Hoy todos los españoles saben, sin lugar a dudas, que hay una ley para el poderoso y otra para el robagallinas. De momento, se desconoce si Rajoy va a ser crujido o no por haberse saltado el confinamiento, aunque la opinión de la calle es que volverá a irse de rositas, como ya ocurrió cuando lo quisieron identificar con aquel “M Punto Rajoy” que figuraba en los pagos en B de los papeles de Bárcenas y cuando lo llevaron a declarar como testigo por la trama Gürtel. Hasta donde se sabe, la Delegación del Gobierno en Madrid solo ha cursado y comunicado un total de 2.700 sanciones contra la gente insolidaria que incumplió el estado de alarma. Y, voilà, qué casualidad, entre ellas no está la boleta del expresidente. No obstante, el delegado del Gobierno, José Manuel Franco, ha advertido de que “cuando llegue el momento, Rajoy será tratado como un ciudadano más”. De nuevo la falsa idea de que la ley es igual para todos, de nuevo aquel discurso navideño embaucador que promete una bicicleta a cada español por Reyes Magos y que siempre acaba trayendo carbón.

Y llegados a este punto, cabría preguntarse qué ha pasado con la sanción del expresidente del PP después de que fuera pillado en plena carrera por la calle, como los ladrones y los malos toreros. ¿Tan difícil es enviarle el multón a su casa, como se haría con cualquier otro españolito de a pie? Una vez más, esa pregunta solo tiene una respuesta, y es que el poderoso goza de patente de corso en este país. A Rajoy nadie le puso una sanción disciplinaria, ni siquiera un pero o una objeción, cuando aquel día de la moción de censura, el último en su cargo como presidente de la nación, se dejó el debate a medias, dio la espantada y se largó a un buen mesón para despedirse de los amigachos con una comilona y unos copazos. Aquello fue una auténtica maratón gastronómica que se prolongó durante ocho horas, un esperpento nacional que dejó la democracia española a la altura de las repúblicas bananeras y que también quedó sin la oportuna reprobación. La foto para la historia fue la del bolso de Soraya Sáenz de Santamaría solitariamente posado en el escaño del ausente y un Rajoy saliendo de la tasca, al anochecer, con los ojos vidriosos.

Hay, por tanto, suficientes indicios para sospechar que esto también puede quedar en nada, como tantas otras cosas en este bendito país de caciques que se pasan la ley por el forro de los caprichos mientras al españolito peatonal lo empapelan por cualquier bobada. “Con el señor Rajoy actuaremos como con cualquier ciudadano que hipotéticamente haya incumplido la norma. Por lo tanto, cuando llegue el momento en el que haya que aplicar la normativa, será tratado como un ciudadano más”, ha asegurado el delegado del Gobierno, que justifica el retraso en el expediente del registrador gallego alegando que son muchas las sanciones y la Administración está desbordada. Franco avisa de que la multa a Rajoy “tardará pero llegará”, ya que cuenta con “un detallado informe policial detrás”. El problema es que los españoles están curados de espanto, han visto cosas que nadie creería, como sentenció el personaje aquel de Blade Runner, y la experiencia nos dice que el país sigue perteneciendo a la casta de los inviolables.

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