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Jose Mari Calleja, mi héroe

María José Pintor
María José Pintor
Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco.
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análisis

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Jose Mari…

A las aladas almas de las rosas…

de almendro de nata te requiero,:

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero. (Miguel Hernández)

Tiene que ser mentira. Quiero que sea un error de mi colega Natalio, por quién llegó la tragedia de tu marcha, de mi pérdida. Lo que no consiguió callar ETA, ni sus amenazas, ni sus bombas, se lo lleva el covid-19. ¡Maldito virus!

Mi héroe, mi maestro, el invencible periodista, te marchas solo en una UVI sin ni siquiera yo saberlo. Y me niego a aceptarlo amigo, porque tenemos pendiente muchas cosas: lanzar tu último libro en Salamanca (iba a ser en abril pero tuvimos que posponerlo por el maldito virus) , presentarte a mi amiga Eva Maldonado -fue una promesa- y volver a ese reencuentro deseado y pendiente con quien nos presentó, Charo Diego.

El encuentro

Nuestra querida Charo, que nos unió para siempre. Allí en ese patio de escuelas menores,, donde hace más de 20 años llegaste para participar en un Congreso de Derecho Penal en la Universidad de Salamanca, tuvo lugar el encuentro. Y nos unimos a ti en tu  lucha y razón de ser del Periodismo, de ese que sólo entienden los auténticos, los genuinos, los grandes.

Siento en un instante el calor de tus abrazos, de tus risas y de tus lágrimas. Y en ese mismo instante llega un dolor tan intenso, un sentido de vacío tan insoportable, que sólo se me ocurre llamarte para que nos des ánimo.

Sergio llora -es como tú- y yo lloro con más rabia y quiero que vuelvas de inmediato, porque hay demasiadas cuestiones pendientes.

 Por tantas cosas que nos quedaron por hacer, por lo vivido, por lo que faltaba, tiene que ser de nuevo ayer y que en la UVI te recuperen,  y nos llegue tu mensaje de que ya estás de nuevo en órbita, como pasó con lo de tu corazón, hace aún tan poco tiempo.

Pero es que un corazón como el tuyo, inmenso, puede romperse. Romperse de tanta pasión, de entrega, de rabia, de ternura.

Porque te vi llorar, en aquellos años del horror etarra, y pese a todo nos hacías reír a todos. Porque te vi soñar y revivir y renacer de tus cenizas. Porque eres mi héroe, tenías que haber sido invencible amigo.

No sé si quedarme con tu verbo o tu pluma. Con tu ironía o tu rapidez de reflejos y mente. Eres irrepetible, insuperable. Por eso es tan incomprensible tu muerte.

Pero me quedo con tu aliento, con nuestra risas junto a Sergio Arestizabal, Sergio Perandones y María Ángeles Tirado, en Santander, en aquel maravilloso curso de la UIMP, en el que estuvimos tanta buena gente junta.

Me quedo con tu capacidad de imitar hasta hacernos caernos de la silla de la risa, con tu inmensa ternura, con tu lealtad y tu incapacidad para el rencor. Me quedo con tu inmenso amor por tus dos hijos, por tu revivir con tu nuevo amor. Me quedo, Jose Mari, con la grandeza de tu alma, tu inmensidad de periodista, con todo lo que fuiste y representarás para siempre.

Gracias por tu ejemplo de vida, por tu lucha, por tu integridad, por ser grande entre los grandes del Periodismo. Uff, uno menos, de los genuinos, en esto del oficio. ¡Con la falta que nos haces!

Inmenso en tanto, gracias por todo…

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