Joaquín Dobládez.

El ‘aparato’ socialista se ha aprestado raudo a vender la imagen pública de que el susanismo y el sanchismo son ya rémoras del pasado más reciente, una nube negra digna de olvido para propios y extraños, precisamente ahora que sus dos principales protagonistas viven una dulce luna de miel justo en el momento en que los vientos no corren precisamente de cola ni en Andalucía ni tampoco en Madrid. Pero no es oro todo lo que reluce en el socialismo andaluz.

Los dos apellidos –susanista y sanchista– que le afloraron a las centenarias siglas del PSOE en plena guerra de liderazgo hace solo tres años siguen vigentes en la familia. La renovación de la cúpula del PSOE andaluz anunciada oficialmente este lunes para dar “un nuevo impulso” a su hasta ahora inaudito trabajo de oposición es buena muestra de ello.

Ni los socialistas de Andalucía se abren al sanchismo como se ha querido vender vía titulares de prensa ni el susanismo da su brazo a torcer frente al sanchismo. Y mucho menos ambas corrientes se deben dar por muertas y enterradas. Siguen vivas y coleando por los pasillos de San Vicente y Ferraz, sedes andaluza y federal del partido, respectivamente.

Susana Díaz, en junio de 2018 durante la toma de posesión de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis como delegado del Gobierno en Andalucía.

El caso más palpable de esta realidad queda personalizado en el nuevo nombre sobre el que se han colocado todos los focos: Joaquín Dobládez, que ocupaba hasta ahora el cargo de jefe de gabinete de la Subdelegación del Gobierno en Córdoba, después de ser delegado provincial de Cultura y director del Instituto Andaluz de la Juventud de la Junta de Andalucía. A partir de ahora será el nuevo delegado de Transición Ecológica y Cambio Climático del PSOE andaluz a propuesta de la Secretaría General del PSOE, es decir, del propio Pedro Sánchez, según informó el secretario de Organización de los socialistas andaluces, Juan Cornejo, tras la reunión de este lunes de la ejecutiva regional, donde no se escuchó ni una sola voz en contra de la destitución del onubense Mario Jiménez como portavoz del Grupo Socialista en el Parlamento andaluz después de casi una década de fidelidad absoluta a Susana Díaz, incluso a través de su papel como portavoz de la gestora del partido durante la crisis de 2016.

Dobládez es afín al ex diputado Eduardo Madina, que apoyó a Susana Díaz en las primarias frente a Sánchez

El “nuevo impulso” que Susana Díaz quiere dar a su labor como principal partido de la oposición en Andalucía se cimentará, por tanto, a partir de ahora en el trabajo orgánico de cuatro ex consejeros del saliente ejecutivo andaluz, entre ellos el onubense José Fiscal, que será portavoz parlamentario desde septiembre. A este lo acompañarán sus ex compañeros en el último ejecutivo socialista en la Junta Rosa Aguilar, Manuel Jiménez Barrios y Rodrigo Sánchez Haro.

La entrada de Dobládez como supuesto sanchista tiene letra pequeña de origen. Dobládez entra en la ejecutiva regional por designación directa del principal valedor de Pedro Sánchez en Andalucía junto a Carmen Calvo: Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Muy amigos desde sus inicios en el partido, Dobládez también ha compartido una estrecha amistad con Eduardo Madina, el dirigente socialista que disputó en julio de 2014 a Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias las primarias para dilucidar quién sustituiría al fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del partido. Posteriormente, Madina apoyó a Susana Díaz en las fatídicas primarias de mayo de 2017 que determinaron que el sitio de Susana Díaz estaría desde entonces de Despeñaperros para abajo.

Por tanto, Dobládez puede ser tildado de forma indirecta de antisusanista confeso por su estrecha amistad con Gómez de Celis, el diputado por Sevilla en el Congreso de los Diputados y actual secretario de Relaciones Institucionales en la ejecutiva federal del PSOE. Pero en ningún caso de sanchista. Su también estrecha amistad con Madina lo delata en este sentido. Y del ex dirigente socialista vasco todos conocen su trayectoria hasta que decidió colgar las botas políticas.

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