Jean Claude Carriére adaptó al cine obras imprescindibles de la literatura universal. Foto: Flickr.

Las tragedias griegas, las poesías, los romances, las obras teatrales y las novelas tienen en común haber convertido en inmortales a muchos de sus autores. Sin embargo, casi nadie sabe quien escribió algunas de las películas más importantes de la historia del cine. El martes murió el escritor y guionista Jean Claude Carriére (Francia, 1931). El escritor formó junto a Luis Buñuel uno de los tándem

guionista-director más prestigiosos de la historia del cine. El director aragonés encontró en la pluma de Carriére al aliado perfecto para que su traslado a Francia supusiera el inicio de una sublime etapa que supondría la cumbre, todavía hoy inigualable, del cine surrealista.

Adaptaciones de obras maestras

Carriére trabajó en 6 cintas con Buñuel de las que no fue el creador de las ideas, pero si que ayudó a darles forma; Después,cuando el de Calanda falleció, el guionista francés se especializó en adaptaciones de los más célebres autores de la literatura universal: adaptó al premio Nobel Günter Grass en El tambor de hojalata (Volker Schlondorff, 1979); a Milan Kundera en La insoportable levedad del ser (Philipp Kaufman, 1988); o Edmond Rostand en la mejor adaptación de Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990), que protagonizó un inmenso Gerard de Pardieu.

Berlanga y Azcona

Pero, como Buñuel y Carriére, ha habido más casos en los que un director de cine ha unido su carrera a la de un escritor de forma continuada. Un ejemplo de ello lo tenemos en nuestro país: la pareja Luis García Berlanga y Rafael Azcona produjeron conjuntamente un puñado de comedias inolvidables desde que unieran su talento en Plácido (1961); la unión duró más de 20 años. Tantos como los que hace que vio la luz Amores perros (2000) que unió al director Alejandro González Iñarritu y al guionista Guillermo Arriaga durante 10 años de carrera que ayudarían a sentar las bases de ese cine de historias cruzadas tan propio de los inicios del siglo XXI.

El guionista es la estrella

Muchas de las mejores películas de la historia del cine tienen detrás a un genio bicéfalo. El padrino, 1972 (Francis Ford Coppola-Mario Puzzo), o Taxi Driver, 1976 (Martin Scorsese-Paul Schrader); pero también las hay donde la figura del guionista es una marca de estilo y talento que pasa por encima, incluso, de la del director. Un ejemplo de ello es Charlie Kaufman el escritor de Cómo ser John Malkovich (Spike Jonze, 1999), aquel puñetazo en la sesera que nos despertó a todos diciéndonos que en el cine no estaba todo dicho. Da igual quien coja la batuta, cuando Kaufman está detrás de la historia uno se da cuenta desde el principio y lo disfruta hasta el final. Y como muestra de agradecimiento está bien recordar que detrás de cada película hay una historia; que detrás de cada historia hay una idea; y que detrás de cada idea está la mente de un guionista.

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