Durante la última semana el “drama” de unas nuevas elecciones generales se ha adueñado del escenario político. Y es que, el candidato postulado para la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, se ha mostrado incapaz de generar la suficiente confianza hacia su izquierda (principalmente Unidas Podemos), como sentido de Estado a su derecha pues, pese a que Unidas Podemos era el objeto político principal de negociación, éste siempre jugó con la posibilidad de que el bloque de derechas (PP y Ciudadanos), le otorgasen, como ya ocurrió con Rajoy, la debida oportunidad.

Pero, cuando parecía que ni una cosa ni la otra eran posibles, el proceso de “negociación” nos sorprende con su “desatasco” gracias a la retirada de Pablo Iglesias: «No debo ser la excusa para que no haya un gobierno de coalición de izquierdas». Además se suma, a esta postura, el silencio y alguna que otra crítica constructiva de parte de miembros de Unidas Podemos. Sea como fuere, a partir de ahí, se reconduce milagrosamente, todo el proceso hasta llegar, a finales de semana con un más que presumible acuerdo de investidura y posible gobierno de coalición.

Por otra parte, parece que Pedro Sánchez ha entendido que no lo queda otra que apoyarse en Unidas Podemos para pasar de la interinidad a la presidencia efectiva, bien con un acuerdo de investidura (como con la moción de censura), o mediante un cogobierno (algo inédito en el Estado español). Se trata de una posibilidad que ni gusta al establishment ni mucho menos al propio PSOE, pero que, al tratarse del partido del régimen, el voto de confianza y tranquilidad de todos los lobbies va de suyo.

Porque, pase lo que pase la próxima semana, no cabe duda que el PSOE, a tenor de su discurso y actuaciones, no ha llevado a cabo la autocrítica rupturista que hace falta para afrontar los problemas de la crisis de régimen y poner en marcha las políticas reformistas que el momento requiere (tal y como han manifestado en su declaración Economistas Frente a la Crisis). Se trata de un partido que se mantiene en la misma senda marcada en 1982 y que, en momentos puntuales, ha sabido adornarla con tintes progresistas para hacerla más atractiva a los votantes y partidos a su izquierda.

Para Unidas Podemos, cuya sacrificada estrategia ha consistido, hasta el momento, en considerar al PSOE como socio preferente para frenar a la ultraderecha e iniciar negociaciones de cogobierno (con la esperanza de obtener un “no” que mostrara hasta qué punto dicho partido deja pasar una oportunidad para aplicar propuestas progresista); se encuentra ahora en la tesitura de llegar a un acuerdo de investidura con opciones, incluso, de formar parte de un gobierno de coalición que, desde la Segunda República, no se produce en el Estado español.

El repentino ofrecimiento del PSOE resulta, cuando menos, sospechoso pues, pese a que Unidas Podemos ha bajado la intensidad y radicalidad de su discurso, no es menos cierto que sus propuestas (cada vez más cercanas a la socialdemocracia reformista), continúan siendo amenazantes para el establishment y su régimen. Por tanto, en caso de que Unidas Podemos pueda tener ministros en el futuro gobierno de Sánchez, dudo que éstos puedan actuar con libertad para aplicar, incluso, los mínimos acuerdos alcanzados. Lo mismo ocurriría incluso si solo se tratase de un acuerdo de investidura.

Sea como fuere, cualquiera de las dos opciones carece, para Unidas Podemos, de las garantías de estabilidad que deben darse entre dos fuerzas políticas. Existen manifiestas diferencias de discurso y propuestas en torno a la economía, el modelo de Estado y política exterior. Entonces ¿hasta dónde quiere llegar Unidas Podemos?

Llegados a este punto, por probar no pasa nada, siempre y cuando las bases y dirigentes sean conscientes del sacrificio (en lo que a trabajo se refiere), que ello supone, así como las tergiversaciones que de dicho acuerdo se van a hacer tras los resultados en futuros procesos electorales. Se ha de tener bien claro, como siempre lo tienen las fuerzas partidarias de mantener el statu quo, que cualquier acuerdo no es el fin, sino una postura estratégica puntual que debe correr en paralelo con el futuro debate y recomposición de las fuerzas transformadoras del Estado español.

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1 Comentario

  1. vamos a oir mucja bazofia incluso a la mamem mendizabal, ferreras y compañia
    para lavar al PP$€…

    No solo eso sino qe $anchez puede en un momento dado cambiar ministros…
    aunque qedaria MUY mal y pa esesto esta la 6ªtv y demas panfletos y panzofias

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