Los cuerpos de mujeres vestidas de flamenco yacen agolpadas en el suelo parisino.

La siempre rompedora e iconoclasta artista Pilar Albarracín (Sevilla, 1968) lo ha vuelto a hacer. A provocar, a concienciar, a llamar la atención sobre el papel de la mujer en la sociedad actual, a arremeter contra los caducos clichés sociales y estereotipos asociados al folclore. En esta ocasión, enfundada en su ya habitual bata de cola que perteneció a las mismísima Lola Flores, ha decidido embarcar este fin de semana en el Aeropuerto de Sevilla a decenas de de personas vestidas de flamenco –la mayoría mujeres– con el objetivo de unirse en París a otras 500 más, ya sean mujeres, hombres o transexuales los voluntarios, aquí no hay sexo que valga porque todos ellos pueden vestirse con traje de flamenca para el cometido final de esta performance, que tiene su punto álgido en las principales calles y plazas de la capital francesa.

La performance ‘En la piel del otro’, que organiza el Ayuntamiento de París con motivo de La nuit blanche (La noche blanca), tiene como eje central de este año el tema de la movilidad. Para ello, Albarracín, con una amplia trayectoria artística desde comienzos de la década de los noventa, plantea una batería de reflexiones en torno al feminismo, la tradición asociada a lo moderno y el papel de los estereotipos en el freno de los avances sociales.

Las voluntarias de la ‘performance’ volaron desde Sevilla a París ataviadas con el traje de faralaes.

Después de una larga ‘procesión’ que parte del aeropuerto de Sevilla y concluye en las calles céntricas de París, los cuerpos de voluntarios de esta performance obstruyen el espacio, invaden el campo de visión, evitan que el público se mueva. El impacto poético del trabajo de Pilar Albarracín evoca la dificultad de ser una mujer aún en el mundo de hoy y nos transporta, por un momento, a la piel del otro. Esta fuerte identidad visual tiene como objetivo promover la solidaridad de las mujeres a través de las fronteras y denunciar la violencia contra las mujeres en todo el mundo. El incuestionable contraste entre la alegría de los trajes coloridos, símbolo de la realidad y la vida, y la inmovilidad de estos cuerpos inertes alargados, pretende despertar las conciencias.

La invitación al proyecto por parte del Ayuntamiento parisino parte de la impactante experiencia del pasado 26 de abril de 2018, en que la artista sevillana conmemoró con una actuación parecida el 80 aniversario del bombardeo de Guernica en el Museo Picasso de la capital francesa. Entonces, un centenar de mujeres vestidas de flamenca formaron una tupida y colorida alfombra de lunares y estampados llamativos. Los visitantes del conocido museo tuvieron que sortear, entre asombrados y admirados, la presencia de las participantes en la performance para ver las obras pictóricas expuestas. Así estuvieron sin moverse un centímetro todas las voluntarias durante tres largas horas. De este modo, Albarracín invitó a los presentes a ponerse en “la piel del otro”. El mensaje era claro: aunque la cultura cambie de un sitio a otro, de un país a otro, no hay más que ponerse en la piel del otro para entender sin muchas complicaciones mensajes universalmente conocidos y asumidos por todas las sociedades. Esta misma performance se realizó también con éxito posteriormente en Madrid.

Revolera, una de las obras más impactantes de Pilar Albarracín.

En las calles de París, y teniendo como eje temático central la movilidad, la artista sevillana ejecuta una simbólica marcha de protesta que une las dos ciudades, distanciadas por 1.736 kilómetros, para que todos los participantes en la performance terminen en el suelo, inmóviles y en silencio, simbolizando una alfombra multicolor de resistencia pacífica a la violencia contra las mujeres y las comunidades discriminadas y silenciadas por la sociedad.

Estos trajes de flamenca sirven para unir a hombres y mujeres en una revolución en la que prevalezca el espíritu comunitario. Todas estas personas desparramadas por el suelo parisino sirven para obstruir el espacio y limitar la movilidad de las personas, en un ejercicio de concienciación en la que el dolor y la hondura que transmiten el flamenco suman nuevos elementos de reflexión.

La artista sevillana ejecuta una simbólica marcha de protesta que une las dos ciudades para que las participantes terminen agolpadas en el suelo, inmóviles y en silencio

Artista apegada a la tierra

Las creaciones de la artista sevillana son conocidas a nivel internacional sobre todo por el impacto de imágenes tradicionales asociadas a lo español como un traje de flamenca, un mantón de Manila o una cabeza de toro disecada, entre otros elementos icónicos más asociados a la cultura española.

El Ayuntamiento de París fue la primera ciudad pionera en la experiencia de las “noches blancas”, donde los espacios culturales se abren al público en general durante las noches. Desde que comenzó en el año 2002, numerosas ciudades del mundo extendieron la experiencia con éxito y actualmente está completamente adaptada a su oferta cultural como una de las más innovadoras y originales.

Albarracín busca con sus impactantes performances mover a la reflexión y la concienciación. Desde un mandala elaborado exclusivamente con bragas rojas usadas, pasando por el vídeo ‘Lunares’, en el que la artista sevillana se pincha a sí misma con una aguja para que su propia sangre comience a dibujar lunares en su vestido blanco, acostándose en la cama con una cabeza de toro disecada mientras se enciende un cigarrillo o colgándose cual animal sacrificado vestida únicamente con un mantón de Manila… Así es Pilar Albarracín. Una artista que no deja indiferente a nadie, cualidad indispensable de todo buen creador. Su mensaje llega, impacta y remueve conciencias. Los parisinos son esta vez los afortunados.

Mandala realizado con bragas rojas usadas.

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