Condena por abuso sexual y no violación, ese será el delito que los integrantes de la “manada” tendrán que cumplir con pena de 9 años de cárcel por aquellos hechos ocurridos hace dos años en San Fermines. Unos hechos claros en donde cinco jóvenes abusaron de manera permanente y múltiple, con vejaciones incluidas, de una joven de dieciocho años sola y en estado de embriaguez que denuncio posteriormente su violación. Un relato del drama, de la cosificación sexual de quien esa noche fue un juguete en manos de quienes reforzados por su poder y su posición de dominación decidieron hacer de esos San Fermines una noche memorable en su ya particular lista de caza. Y ante estos hechos, ante las grabaciones del abuso, la penetración múltiple, la dominación y subyugación de la víctima de manera permanente por cinco hombres, el tribunal aduce que no existió violación. Que no la hubo, por el detalle importante de no existir violencia e intimidación a juicio, de quienes en su posición de interpretación de la ley no ven indicios de estos elementos en el relato del suceso. Condenando a una pena menor un delito de esta categoría.

Es ante esta realidad cuando la indignación, la tristeza y la preocupación toman forma en los trescientos folios de una sentencia que no dejan lugar a dudas de la necesidad de la reforma del código penal en relación al endurecimiento de los delitos de abuso sexual o violación. No por menos, con esta sentencia el mensaje a la sociedad reviste de la preocupación de quien da un cheque en blanco a la misoginia, y el patriarcado aún muy presente en un país profundamente desigual y en el cual la mujer pasa de ser víctima y ser acusada, de ser violada a ser abusada por el simple hecho de evitar la agresión física ante unas circunstancias que podrían costarle la vida.

Un mensaje, el de la sentencia que pone de relieve el escaso valor a la libertad sexual de la mujer, al no es no, al derecho de poder vestir como se quiera y caminar sola, sin el temor a que esto sea interpretado como una invitación a ser violentada.

En definitiva, la sentencia de la manada viene a ponernos de relieve que bajo la capa de democracia y de modernidad, la mujer aún no ha encontrado – a pesar de los avances- un marco real de igualdad en una sociedad que sigue teniendo en sus diferentes estamentos el peso de otros tiempos y la imagen de la mujer como elemento al servicio del hombre en cualquiera de sus formas.

Toca por lo tanto analizar, el fondo y sobre todo las consecuencias necesarias para que estos acontecimientos no vuelvan a repetirse, acciones como la necesaria reforma de la educación con intervenciones transversalizadas en donde la igualdad sea un pilar fundamental, donde la educación sexual en el marco del respeto entre sexos sea una realidad y en un marco legal en donde la protección a la mujer se de en todas las esferas cotidianas desde la laboral hasta la de la libertad individual, haciendo posible cambios profundos en el marco legal y de convivencia en una España cada vez más insoportable . Un país en donde la indignación debería ser un elemento de disrupción con el pasado y el presente y la gasolina para la ejecución plausible de cambios profundos que vayan más allá sólo de las movilizaciones en las calles y plazas para convertir las consignas en realidades y derechos.

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