El consejero andaluz de Educación, Javier Imbroda.

Soy profesor de Enseñanza Secundaria, funcionario del Estado Español. He leído una entrevista con el Consejero de Educación de la Junta de Andalucía en la que nos recomienda a la Enseñanza Pública menos mirar de reojo a la Concertada y más trabajar en lo nuestro…

Para empezar se me hace raro que una persona con vocación de Servicio Público, y la política creo que la presupone, alcance un cargo de tanta responsabilidad no para mejorar el área sino para lanzar una invectiva tal e indiferenciada contra todo el funcionariado. No querría parecer un psicólogo barato, pero esto sólo demuestra que no llega con un proyecto o una voluntad de mejora sino considerando enemiga precisamente a la comunidad que debería liderar. Estaría muy bien saber cómo pretende frenar el declive educativo de Andalucía, nada singular por cierto respecto del resto de España, pero de eso no habla y, por experiencia, tiene trabajo para aburrirse, se lo aseguro: ya casi no podemos impartir clase ni siquiera en Bachillerato y con grupos supuestamente “preparados”.

Pero todavía me resulta más molesto, quizá porque demuestra haber llegado para demoler lo Público por abandono y exaltar lo privado por intereses, toda esta demagogia de la libertad para elegir centros educativos. No hay como inventar un problema para después proponer una solución final.

Puedo entender que se acuda al concierto para extender un servicio obligado donde no ha llegado aún el Estado, asegurando que eso no signifique el escaqueo de la responsabilidad última. Puedo entender que haya existido una tradición hecha norma del concierto y que ello haya generado puestos de trabajo, usos de la ciudadanía, etc., no se puede cortar con algo así sin las precauciones debidas y evitando máximamente los daños a quienes, en realidad, no son responsables directos de esa situación, como pasa con el profesorado que trabaja en las materias religiosas…

Lo que no puedo entender es que huyamos del debate de fondo respecto de un profesorado que no ha sido contratado con criterios públicos sino todo lo contrario, les recuerdo que pagamos de la buchaca común pero eligen las religiones y, a veces, y me remito a la prensa, con conflictos que arrancan del mero respeto a los derechos constitucionales básicos. Y si hablamos de los colegios concertados, lo raro es que pase lo mismo pero a una escala aún mayor: que paguemos del fondo y que (hasta el PSOE o la UGT) reclamen la equiparación con el funcionariado aunque, eso sí, escogiendo uno por uno al personal conveniente sabe Dios por qué. Al parecer ahí no existe el adoctrinamiento. Mira, se me ocurre que se imponga un pin parental para evitar el complejo de culpa en la adolescencia cristianoide (nótese la ironía crudelísima).

Verá usted, Sr. Imbroda, llamar libertad a poder elegir entre lo Público y un centro ideológicamente privado es un pequeño error de perspectiva, salvo que usted arranque de la idea según la cual el Estado es obligatoriamente confesional: la base educativa la marcan la Constitución y las Leyes Orgánicas vigentes y sus desarrollos, el estilo pedagógico que imprima pertenecer a un grupo no reconocido como trasfondo legal del Estado español, aunque sea legítimo, es una elección privada: nótese, centro privado igual a elección privada.

Por tanto uno no es libre para elegir entre ambos como no lo es para elegir Sanidad Pública o privada o pedir un concierto para comer langostinos de trasmallo, que encantan a mis hijos, por otra parte. Esto es demagogia populista de diccionario, y seguro que usted lo sabe: pero no le importan los medios sino el fin. Es el signo de nuestro tiempo político. Usted sabe que la elección de un centro educativo tiene que ver con las posibilidades de la zona de la familia y con la formación de la misma, su propuesta aparentemente inocente y de supuesta ampliación de la libertad sólo beneficia a una parte privilegiada de la Comunidad Educativa y, sobre todo, aísla más y reduce a gueto a quienes no tengan cercanía o recursos para elegir o, sencillamente, les dé igual porque ni siquiera saben de qué va esto.

No, no nos da miedo la libertad, nos dan miedo los liberticidas demagogos como usted. A lo Público no se lo demuele, se le abandona. Ésa es su política, es verdad que empieza a ser un desastre pero su solución es ¿convertir a la educación Pública en un servicio de beneficencia generado por la obligación legal? Sin proyecto, sin ideario constitucional, ocurre que hemos vuelto a esa Transición que adoran: las buenas familias a colegios de bien, el resto a matarse por una beca en la Pública para tener al menos una oportunidad peleando por el futuro; a los otros, elegidas y afortunados, les basta con aprobar y tener buenas relaciones ¿verdad?

Debería usted tener enfrente ya una huelga general educativa, pero le felicito, no la habrá, los sindicatos juegan con varias barajas y una de ellas la controla usted: usted ganará.

Artículo anteriorSoy catalana, y hoy he sentido vergüenza
Artículo siguienteLas epidemias de los pobres no causan dolor en occidente
Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here