La sociedad no está preparada para luchar contra la violencia machista porque no hay un compromiso real de activar todos los recursos, tanto públicos como privados, que recaigan en favor de generar los protocolos que prevengan de verdad, no sólo en un discurso, un tuit o una nota de prensa, el maltrato y la violencia coyuntural contra la mujer.

El debate de las mujeres políticas del día de ayer me dejó frío en este sentido. Muchas palabras que luego no se trasladan a los hechos. Eso es incoherencia que se convierte en el mayor enemigo de la verdad.

Esta es una de las razones por las que se me vino a la cabeza la novela de Gioconda Belli El País de las Mujeres, uno de mis libros de cabecera desde que lo leí hace más de 7 años, cuando me lo recomendó Cristina del Valle. El egocentrismo es, al igual que el populismo y la demagogia, el peor de los enemigos del feminismo de los derechos humanos, la diversidad y de la lucha por la igualdad real. La verdad se fundamenta en la coherencia porque la antítesis de ésta es demagogia populista y, como consecuencia, corrupción social. El egocentrismo es innecesario para demostrar la verdad, dado que no apoya a la razón y dificulta todas las virtudes y sentimientos que tiene el ser humano.

La sociedad le tiene miedo a la lucha por la igualdad real y, por extensión, a poner todos los medios necesarios contra la violencia de género. Veamos por qué.

El debate de ayer de las mujeres políticas demostró que palabras y buenas intenciones hay muchas pero que no se corresponden con los hechos en esta materia. Sorprendió que fuese Rocío Monasterio, una mujer que tiene unos valores ideológicos totalmente opuestos a la libertad, a la conciencia social, a los derechos humanos, a la diversidad, la verdad y a la igualdad real que la línea editorial que este medio defiende, sin duda desde la razón sin miedo, quien, utilizando su propia demagogia populista pusiese el dedo en la llaga cuando afirmó que, si las mujeres continúan siendo asesinadas, entonces la Ley Integral de Violencia de Género no funciona. Evidentemente, las reformas que se harían desde Vox irían en contra de la igualdad real y de los derechos humanos, pero, en esa afirmación había mucha verdad escondida. Repito, desde las antípodas ideológicas. Lo que sí que está meridianamente claro es que ni la Ley ni el Pacto de Estado no funcionan y la causa principal es la ausencia de compromiso, tanto desde los organismos públicos como desde las grandes empresas de este país en general y plurisectorial. El problema no es sólo que una política de un partido demagógico y populista diga lo que dijo, sino que las decisiones adoptadas por los partidos que han gobernado y la ineficacia de las medidas contra la violencia machista son las que han dado pie para que, desde su oportunismo, Rocío Monasterio dijera lo que dijo.

También fue sorprendentemente positiva Ana Pastor por su coherencia y su honradez, sobre todo cuando no tuvo inconveniente de reprochar la visión neandertal que tiene Cayetana Álvarez de Toledo respecto al consentimiento en las relaciones sexuales.

Después de este inciso, y volviendo sobre la coherencia entre las palabras y los hechos, el debate dejó claro que no se dio ningún paso adelante. Se habló de la necesidad de dar facilidades a las mujeres trabajadoras para la conciliación de la vida laboral y la familiar. Palabras, palabras y palabras. Hechos, ninguno porque, si existiera la coherencia hoy mismo tanto la ministra de Hacienda como la portavoz de Unidas Podemos o la propia Ana Pastor se tenían que haber presentado en el despacho de Ana Patricia Botín para, cuando menos, reprocharle la actitud que está teniendo el Banco de Santander con las trabajadoras madres en el ERE. ¿No han leído la carta que una de estas mujeres publicó Diario16? Aquí la tienen, léanla:

 

Ningún partido, ningún político ni ninguna política con acceso al poder habla de Ana Patricia Botín. Después de esta carta, ¿nadie del Partido Socialista ha instado a su gobierno a abrir un expediente al Banco de Santander por lo que está haciendo con las madres trabajadoras? Si continúan permitiéndolo estarán dándole una patente de corso definitiva a una mujer que se autodefine como feminista pero que sus hechos demuestran que es una maltratadora social.

A ver si este silencio cómplice no vaya a dar la razón a Pablo Iglesias cuando afirmó que los pactos de gobierno los dirige la dictadura privada de la señora Botín. ¿Será verdad, entonces, que esto es así?

La falta de hechos ante el aluvión de palabras lleva a la incoherencia. En el Banco Santander hay muchos casos de maltrato social a las mujeres, algunos los hemos publicado, otros verán la luz próximamente, porque nosotros no nos callamos ni somos cómplices silenciando la barbarie que está aplicando la entidad que preside la «feminista» Ana Botín.

Si no han ido ya, hoy ya es tarde para que las políticas, tanto del Gobierno como de la oposición, reprochen públicamente a la señora Botín y a su banco por el maltrato al que están sometiendo a sus trabajadoras.

Por otro lado, la incoherencia nos lleva a una realidad desalentadora para quienes, como yo, un hombre que cada día intenta ser y seguir siendo feminista y que pretende actuar, coherentemente, como tal, queremos lograr, de una vez por todas, que los derechos reconocidos en la ley se conviertan en una realidad, que de verdad seamos iguales las mujeres y los hombres en todo. Mientras que para la celebración de foros o congresos de economía parece que tanto a organismos públicos como a empresas privadas les falta tiempo para apoyar económicamente a dichos eventos, para todo lo relacionado con la ideología de género, la lucha contra la violencia de género o la formación en base a las políticas de igualdad y de respeto a los derechos humanos nunca hay presupuesto. Nadie se quiere comprometer y no actúan, ni desde los organismos públicos ni desde las empresas o las fundaciones, con la razón sin miedo que, precisamente, les obligaría a involucrarse de manera plena en la erradicación del maltrato que su silencio cómplice perpetúa.

Desde la política no se conseguirá jamás terminar con el terrorismo machista porque las palabras son demasiadas pero los hechos son pocos. Los discursos no evitan la violencia porque las mujeres y los hombres comprometidos con esta lucha ya están cansados de las palabras vacías y de las acciones incoherentes que llevan a muchos y muchas a pensar que todo es mentira, ejemplo la presidenta del Banco Santander. Para lograr la erradicación absoluta de la violencia de género es fundamental el apoyo al activismo y a todas las iniciativas nacidas de él porque ahí está la pureza de la lucha sin que existan intereses alternativos.

Tampoco ayuda que, desde los gobiernos, sobre todo desde los progresistas, se invisibilice a las mujeres feministas del gabinete para dar visibilidad, precisamente, a aquellas que están más cercanas al IBEX35, como Nadia Calviño o Dolores Delgado, que están muy acostumbradas a aplaudir a personas como Ana Patricia Botín. Da la sensación de que no se pierden un acto o un evento convocado o patrocinado por las empresas del IBEX35. El problema es que a las ministras feministas se les da visibilidad cuando hay que apagar fuegos o para «comerse los marrones», como es el caso de la vicepresidenta del Gobierno, que ha sido utilizada para, precisamente, tapar vías de agua. Si a estas mujeres feministas y a sus equipos se les diera un poder real y un presupuesto con el que poder actuar, las conclusiones serían otras.

Uno de los puntos fundamentales para erradicar la violencia machista se encuentra en la formación. Eso es algo que se lleva diciendo desde hace años pero que, en realidad, no se aplica porque los planes que se aprueban no están enmarcados dentro del activismo sino desde los intereses particulares de quienes los diseñan. El resultado, lamentablemente, es que no hay resultado. Los jóvenes siguen manteniendo los roles del patriarcado y las jóvenes los aceptan con normalidad. Por eso, sólo las iniciativas nacidas desde el activismo real y puro pueden tener un efecto de choque que destruya un muro que desde la política jamás se va a conseguir derribar y, para ello, es crucial la aplicación de medidas efectivas que apoyen estas iniciativas nacidas desde el activismo como, por ejemplo, la obligación de las fundaciones (muchas de ellas pertenecientes o dependientes de las grandes empresas del IBEX) del pago de una cuota para que ese dinero sea canalizado al apoyo presupuestario de las iniciativas nacidas desde el activismo para la consecución de la igualdad real y el final del terrorismo machista, iniciativas que van desde la formación, la visibilización o la seguridad de las mujeres amenazadas por los maltratadores.

Si se publicase una relación de las empresas y entidades que no aportan absolutamente nada de lo que tienen para erradicar la violencia machista, sería mucho más larga que la que utilizan entidades del Ministerio de Economía para defender los intereses de las cuentas de explotación de las entidades financieras. Sería una buena idea la creación de un organismo que recogiese, como existe en otros ámbitos, a los que rechazan apoyar la erradicación de este tipo de terrorismo.

En esta lucha es crucial la participación de las mujeres, pero, sobre todo, de los hombres. Ha llegado la hora de que los hombres tomemos partido de una vez y que no nos arraigue la insensibilidad hacia la violencia y el machismo. Lydia Cacho afirma que las mujeres ya hicieron su revolución y que ha llegado el momento de que los hombres inicien la suya. Su libro #Elloshablan es una muestra de ello. «El machismo es la idealización de la violencia como medio, como fin, como instrumento educativo coercitivo; es una trampa que normaliza lo inaceptable». Los hombres feministas debemos ser coherentes y compartir definitivamente la vanguardia de una lucha que muchos y muchas pretenden ahogar en la vacuidad de las buenas palabras que encubren, en realidad, el silencio o la inacción que se convierten en la peor forma de maltrato.

No se puede terminar esta reflexión sin pedir a las mujeres empoderadas política y socialmente que no aplaudan y ni acudan raudas a las múltiples invitaciones oportunistas de las dictaduras privadas del machismo porque no hay que manifestar orgullo o entrega para aceptar las invitaciones de quienes de verdad no creen en la igualdad real y que les importa muy poco el maltrato o el terrorismo machista, dado que no apoyan de ningún modo la lucha ni el compromiso con su cómplice silencio.

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1 Comentario

  1. Vamos a ver, cinica escoria feminista. Un mono machista, siempre es futbolero, lo cual por si mismo, ya es un indicador de potencialidad violenta, cuando el mono este muy frustrado. Toda relacion de pareja, de donde como nucleo esencial unicamente puede surgir el machismo, se elige. Si una mosca elige un mono machista, asume el mismo absurdo riesgo que la escoria ciclista, circulando por vias que fueron diseñadas solo para otro tipo de vehiculos mas rapidos y con mayor capacidad de reacion, por mucho que actualmente sea legal ese disparate. Mosca, no te gusta el mono machista? Muy bien, pues no le des ni la hora. Asi de facil. A mi tampoco me gusta, y jamas he transigido ni un apice con su ridiculo, infracognitivo e irracional sistema de valores, que es el mismo de la mosca que ahora se queja de las previsibles consecuencias de haber tragado con esa mierda. Mosca feminista, no estas de acuerdo conmigo? Muy bien, te invito a debatir, aqui y publicamente, conmigo, este asunto. Es muy facil, como estas tan convencida de que tienes razon, debiria serte superfacil refutar mis argumentos, verdad.. Pues intentalo, pero aqui, publicamente, donde pueda ver todo el mundo, que eres realmente tu, y que soy realmente yo. Soy yo solo, mosca femista.. ni siquiera te hace falta el «a por ellos» de rajoy

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