Ayer por la noche vi, estupefacta, la violencia en las calles de varias ciudades de España por parte de jóvenes radicales en su mayor parte, y muchos de ellos, que como borregos seguían al rebaño, con consignas del tipo: “queremos salir de fiesta”, e insultos de todo tipo dirigido al Gobierno, a Pedro Sánchez.

La insolidaridad, irresponsabilidad y un “ego” desmedido, son los compañeros de estos jóvenes, a los que nada les importa salvo sus caprichos, esos jóvenes sin otro criterio que hacer su voluntad y sin ningún tipo de disculpa por su comportamiento violento e incívico.

“Acompañados” de algunos negacionistas, que si bien se han molestado en reflexionar sobre esta situación que les sobrepasa y al menos tienen qué argumentar para defender su forma de pensar, pero que no disculpa tampoco las agresiones y el vandalismo.

 Aunque la mayor parte de la población española, se comporta de una manera cívica, solidaria y responsable con sus conciudadanos, vecinos y familiares, ven con estupor tanta sinrazón, sin embargo entienden la desconfianza en las instituciones, y el hartazgo general, pero no entienden que se quiera arreglar todo a golpes, quemando contenedores y saqueando a los comercios ya bastante castigados por la propia situación.

No podemos dejar de lado a la clase política, que no están dando la talla, comportándose de forma caótica y errática, dando un espectáculo indigno en el Congreso, convirtiendo el hemiciclo en un circo de pésima gracia.

Y mientras tanto, el pueblo llano, sigue aguantando estoicamente la incompetencia, la irresponsabilidad y los bandazos que van dando nuestros dirigentes, al rebufo de lo que sucede en el país, en vez de tomar las riendas y dar solución a los problemas tan graves que estamos viviendo.

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