No es la violencia -inadmisible, mira que claro se puede decir- lo que preocupa al poder político, sino la lucha social, puesto que han hecho todo para crear una sociedad entretenida y desinformada que detesta las movilizaciones y a la que cuesta demasiado trasladar del ordenador a las calles. Depende, y esa es la clave, de donde pongan el foco los medios de comunicación para que prestemos o no atención a las cosas. Aquello de lo que no se habla no existe. Durante los años noventa, en la guerra de Angola morían cada día mil personas y, salvo por las crónicas que enviaban los corresponsales en África cada 6 o 7 meses, no disponíamos de mucha información sobre este conflicto. Y eran mil muertos, mil, cada día. Por ética, desde luego, no voy a citar a ningún periodista que desinforma estos días acerca de los disturbios haciendo hincapié en la importancia de condenar o no la violencia. Resulta muy ingenuo pensar que una condena rotunda va a hacer que un problema de fondo desaparezca. Es el papel actual de los medios: no entrar jamás en los orígenes y las causas de los dramas sociales.

La crisis de 2007 tuvo consecuencias que aún perduran en una sociedad y una clase media laminadas por las políticas neoliberales, y no recuerdo que en aquel tiempo los medios iniciaran sus informativos hablando de todos y cada uno de los desahucios, con nombres y apellidos, o del cierre de un negocio, con el drama familiar que eso supone. Tampoco me viene a la memoria que los telediarios se abrieran hablando de los suicidios, cuando todos conocemos, o eso creo, personas que se quitaron la vida en la pasada década a causa de la crisis. Por supuesto, que esa no sería la única causa, pero vivimos en un sistema que nos enseña a sentirnos inútiles si no somos “productivos” y además nos enseña a dirigir contra nosotros y no contra él toda nuestra frustración. Más bien, es lo contrario: en lo más profundo de la crisis financiera de 2007 los telediarios y algún/a “periodista” al que me cuesta calificar como tal sin añadir las comillas, abría sus informativos “explicando” de forma superficial las noticias que a su juicio eran las más importantes, para pasar luego a relatar las bondades del aceite de oliva y cosas similares, porque los medios están comprados, simplemente, pero nos cuesta emprender ciertos debates.

Escuché hace unos días una entrevista a Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, en la cadena SER y percibí su cansancio y su hastío por todo lo que está pasando, pero en cuanto tuvo oportunidad dejó claro de que parte está el PSOE, y esto no es de hoy, por supuesto. Se le escapó eso de que a él le hubiera gustado más un gobierno con Ciudadanos, cuando la formación naranja ha puesto sobre la mesa recetas neoliberales similares a las que se practican en Estados Unidos desde la era Reagan, que además incluyen algo peligrosísimo, que no es solo la receta económica en sí, sino negar que los problemas nacen a causa de las decisiones políticas que crean marcos jurídicos de injusticia y desigualdad. Para Ciudadanos, los problemas sociales no existen o tienen un carácter individual porque “la gente no quiere trabajar” o “quiere vivir de las ayudas sociales”, por otro lado, casi inexistentes en España. No es el sistema, nos dicen, sino las malas decisiones individuales. Nunca un socialista asumiría las políticas económicas de Ciudadanos como propias, nunca, y menos como hace el PSOE desde 1982: intentando convencernos de que esa es la única manera de gobernar un país. Lo llaman moderación y posibilismo, pero es una renuncia a defender los derechos de una clase trabajadora a la que han contribuido a empobrecer y desideologizar.

Mencionó también, aunque no recuerdo a qué se refería, la palabra “transversal”. Cuando los medios presentan a un socialdemócrata como candidato a cualquier cargo, suelen hacerlo definiéndole como “comunista”, “populista” o “radical” pero, hete aquí, que cuando se presenta a un neoliberal lo hacen tildándole de “moderado” o “transversal” cuando, desde luego, la carga ideológica de un neoliberal es tan clara y definida en cuanto a aspirar a destruir lo público, como puede ser lo contrario en el caso de un socialdemócrata. Os invito a que busquéis el vídeo en el que, en el programa Al rojo vivo, de La Sexta, Antonio Ferreras anunció a bombo y platillo el nombramiento de José Luis Escrivá como ministro. Lo hizo repitiendo una y otra vez que se trataba de un político “transversal”, cuando hablamos de un neoliberal con la sensibilidad social del propio Aznar o de Trump, seamos claros. Estos eufemismos, a los que el PSOE nos tiene tan acostumbrados, se repiten desde hace casi 40 años. Hace menos de un mes, también en el programa de Ferreras, la ministra Calviño hablaba de buscar “nuevas fórmulas” refiriéndose a las pensiones del futuro. “Nuevas fórmulas”, sabemos quiénes son, cuál es su lenguaje y cuáles sus mentiras. Estas son las cuestiones que hunden un país en la miseria, no los contenedores quemados.

No nos pongamos tan exquisitos: Francia lleva tres años ardiendo todos los fines de semana con los chalecos amarillos y allí no se llevan las manos a la cabeza porque saben que un país progresa porque las tensiones sociales hacen que los agentes -patronal, sindicatos, gobierno y partidos- lleguen a acuerdos y cedan en sus pretensiones, todos. Por el contrario, los países no avanzan al mismo ritmo si el modelo es el español: el de sindicatos comprados y subvencionados por el poder. ¿Habéis oído alguna vez eso del modelo de cogestión alemán en el cual los representantes de los trabajadores se sientan en el consejo de administración de las empresas? De eso estamos hablando, de la información robada.

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Nació en Gijón, aunque desde 1993 está afincado en Madrid. Es autor de Novela, Ensayo, Divulgación Científica y análisis político. Durante el año 2013 fue profesor de Historia de Asturias en la Universidad Estadual de Ceará, en Brasil. En la misma institución colaboró con el Centro de Estudios GE-Sartre, impartiendo varios seminarios junto a otros profesores. También fue representante cultural de España en el consulado de la ciudad brasileña de Fortaleza. Ha colaborado de forma habitual con la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón y con Transparencia Internacional. Ha dado numerosas conferencias sobre política y filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad UNIFORM de Fortaleza y en la Universidad UECE de la misma ciudad. En la actualidad, escribe de forma asidua en Diario16; en la revista CTXT, Contexto; en la revista de Divulgación Científica de la Universidad Autónoma, "Encuentros Multidisciplinares"; y en la revista de Historia, Historiadigital.es

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