Handala es el personaje de cómic creado por el dibujante palestino Naji-al-alí en 1975. Toda la serie refleja el exilio de su autor cuando tenía 10 años, edad que Alí decidió no cambiaría en Handala, hasta que todos aquellos a los que representa puedan regresar a su tierra. En este larguísimo recorrido, Handala se ha convertido en un referente universal de la amargura y la injusticia en el mundo.

Aylan Kurdi es el niño sirio de tres años aparecido en 2015 en una playa turca y cuya terrible foto se hizo viral.

Cuatro décadas separan las dos imágenes y sin embargo constatan la misma realidad: la profunda y “pandémica” crisis humanitaria y de valores que a todos nos afecta.

El auténtico drama de estas dos imágenes es demostrar que a pesar de su crudeza, no han servido para nada. La capacidad de abstracción que hemos alcanzado, permite que las instantáneas tengan validez por sí mismas, pero que en ningún caso nos lleven a ampliar el conocimiento y la reflexión sobre los hechos. De esta forma, generamos una fórmula que nos protege y que sirve para salvaguardar la conciencia.

Handala y Aylan, por desgracia, no son hechos puntuales. Son el ayer, el hoy y casi seguro el mañana, de la situación de millones de personas a las que hemos decidido etiquetar como “ajenas” y así descartar cualquier atisbo de responsabilidad. Instalamos la “pandemia” en el terreno de la posverdad, en la que una cínica y momentánea apelación a las emociones, distorsiona los hechos y modela los comportamientos sociales alejándolos de la verdad.

El drama humano solamente pasa a ser considerado como un problema en la medida que nos pueda causar dificultades. De esta forma, todo se reduce a discusiones estadísticas y económicas, en las que se equipara a personas con mercancías. La llegada de inmigrantes o la ayuda humanitaria se analiza de la misma forma que la entrada del pulpo marroquí –más bien saharaui- o de las naranjas de Sudáfrica. En definitiva, cuántos son y cómo afectan a nuestro mercado.

Son “los nadies” como así los llamaba Eduardo Galeano: “los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados. Que no son aunque sean. Que no son seres humanos, sino recursos humanos”.

Es muy difícil detectar en estrategias políticas y/o mediáticas algún análisis sobre el origen de los problemas. Esta parte de la historia nos molesta mucho. Así que, algún Aquarius, algunas fotos puntuales con árabes o negros y ya vale. O sea, un poco de propaganda y más posverdad.

Mientras tanto, el día a día de la gente en Yemen, Palestina, Nicaragua, Bangladesh, Líbano, Siria, Sáhara Occidental o los Rohingyas…., no forma parte de las preocupaciones del ostentoso mundo “desarrollado” que se tiene que ocupar del Brexit, los procesos electorales, juicios soberanistas, la contaminación madrileña o de los conciudadanos corruptos, que son muy malos pero son muy nuestros.

El único mensaje alentador es la indestructible confianza en los individuos libres y críticos, que una vez se encuentran y unen esfuerzos, son capaces de protagonizar los grandes cambios sociales que siempre configuraron la historia de la humanidad. Por lo de pronto, Handala y Aylan ya están juntos, a la espera de que el resto nos sumemos a su causa. Y deseándonos desde su inmensa bondad, que nunca ellos lleguemos a ser nosotros.

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