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Hamilton triste como un niño, Vettel feliz como un animal, y Fernando Alonso octavo, ¿quién da más?

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Lewis Hamilton, tras la brillantísima vuelta de clasificación del sábado que le valió la pole position en el gran premio de su país, Gran Bretaña, sale mal. Es domingo, ocho de julio de 2018. Las 15.10 de la tarde, horario español.

Sale mal, Lewis Hamilton, y tiene un diablo rojo detrás, que le golpea a traición, le hace trompear… y los coros de la casa Ferrari empiezan a entonar un himno de alegría y felicidad.

Pero la Mercedes de Hamilton, su flecha de plata, aguanta.

-Tengo algo roto.

Tienes roto el corazón y la seguridad en ti mismo, pero el coche va a aguantar. Y, en efecto, el coche aguanta, la máquina aguanta.

Se sube, dos horas después, al segundo escalón del pódium. Pero está tan cabreado, tan desilusionado de sí mismo.

-Pero si eres el segundo después de haber ido el último. Ha sido una de las mejores carreras de tu vida.

Niega Hamilton con la cabeza, la mirada hundida en el suelo bacheado, triste como un niño al que roban su juguete favorito. Quería volver a ganar en casa, demostrar que era el piloto británico más grande de todos los tiempos… humm, ¿magia? ¿magia negra/magia blanca?, quizá estaba en Silverstone, silbando desafiante, el fantasma blanco, dos veces blanco, de Jim Clark.

Mira a Vettel, Hamilton, y le odia tanto como a sí mismo. Maldito rubio teutón. Pero Vettel lo ha hecho espléndido, fenomenal; una victoria absolutamente merecida. Incluso sin el toque de su escudero Raikkonen contra la rueda trasera de Hamilton, probablemente también habría ganado Sebi Sebas Sebastián. Nuestro aplauso y nuestro bravo.

Precioso final de carrera, con dos seifticars seguidos, y los cuatro primeros pilotos en poco más de un segundo, Bottas aguantando a Vettel… hasta que ya no lo aguanta más.

Y en la sombra, igualando a Schumacher en el número de grandes premios puntuando, está Fernando Alonso, que ha quedado octavo, después de ganar un pulso al siempre correoso, interesantísimo conductor: Kevin Magnussen; Fernando Alonso que con una máquina Mercedes o Ferrari habría tenido su buena posibilidad de ganar. Pero las tuvo; laa máquina y la posibilidad, hace algunos años ya.

Ahora estamos en presente. Hay lo que hay. Una oferta de Renault para dos temporadas seguidas. Hamilton está triste como un niño que pierde su juguete más amado esta tarde, Alonso lo está como un niño al que el tiempo no hace más que mirarle a los ojos, avisando:

-Chico, apura lo que puedas, que se te está pasando la edad de jugar. No escuches al niñato de Verstappen que dice que sólo correría en Le Mans si se volviera viejo y lento.

Lento el Español Volador no es. Y tampoco viejo. Pero la suerte es caprichosa, y en la F1 el alma, por muy grande que sea, no puede suplir por completo al robot que necesita para correr más de lo que antes de que existieran las máquinas podía ningún ser humano soñar.

 

Tigre tigre.

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