La configuración de la coalición electoral Ahora Repúblicas acentúa el debate en torno al modelo territorial y la postura de las organizaciones de izquierdas del Estado español al respecto. Este nuevo proyecto en clave “macro” para las Elecciones Generales –puesto que se sale del ámbito territorial clásico de dichos partidos–, irrumpe con fuerza desde la izquierda y rivalizará, a buen seguro, con la coalición Unidas Podemos de cierto “espíritu” centralista. Esta experiencia debe suscitar un profundo debate en todas las organizaciones de izquierdas para evitar la dispersión del voto progresista y transformador en todos los territorios.

La gran novedad en la izquierda política para estas próximas Elecciones Generales es, sin lugar a dudas, la aparición en escena de Ahora Repúblicas. Un sujeto político que agrupa a partidos políticos de izquierdas –en su más amplio sentido– como Ahora Canarias, BNG, EH Bildu, ERC y Puyalón de Cuchas. Hasta entonces, lo habitual era que, tal y como lo han venido demostrando en las últimas décadas, dichas fuerzas políticas –vinculadas a sus territorios nacionales y con reducida representación parlamentaria–, solo decidieran concurrir juntas a los comicios europeos pues, al tratarse de una circunscripción única, la suma de sus votos posibilitaba potencialmente la obtención de algún eurodiputado.

No obstante fue de esta forma, pensando en las europeas, cómo surgió el proyecto que, con el adelanto electoral, ha terminado por ampliar sus miras y convertirse en una propuesta que apunta a largo recorrido. Pese a ello, y si bien podríamos decir que la inesperada convocatoria ha sido el detonante de su adelantada puesta en escena, estaremos de acuerdo en determinar que el agente principal por el cual tiene lugar esta decisión radica en el complejo contexto sociopolítico que desde 2008 se vive en el Estado español.

Un contexto que se enmarca en la crisis de régimen que pone en cuestión (esta vez a través de actos y no solo de palabras: 15M, escraches, Podemos, el process en Catalunya, moción de censura a Rajoy, etc…), las bases de la Transición (economía de mercado, Estado de las autonomías, monarquía, bipartidismo y amnistía); y en un momento concreto en el que podríamos determinar como nueva fase de las crisis –sobre todo a partir de las elecciones andaluzas de finales de 2018 con la irrupción de la ultraderecha–, caracterizada por la respuesta de las fuerzas conservadoras defensoras del statu quo frente a las organizaciones y colectivos progresistas que iniciaron la crisis y parecían que conseguirían tumbarlo.

Además, hemos tenido un gobierno PSOE que, pese al “segundo advenimiento” de Pedro Sánchez y contar con el apoyo de diversos sectores de la izquierda del Estado, se ha mostrado incapaz de romper con el hecho de ser demiurgo del Régimen del 78’ (tal y como se lo han recordado “sutilmente” en varias ocasiones sus varones respecto a Catalunya, Venezuela o los Presupuestos Generales del Estado), al verse contaminado y rendido ante los populistas postulados de la ultraderecha y olvidar que debía ser un gobierno progresista para un tiempo de transformación.

A su vez, la fuerza de izquierda parlamentaria más amplia de la oposición, Unidos Podemos, ha mantenido un ambiguo discurso respecto a la crisis y el proyecto de futuro. De manera que, a la misma vez que celebraban con crítica prudencia las reformas del gobierno, abriendo la puerta así a nuevos postulados transformadores, se tomaban con cierta tranquilidad su pronunciamiento sobre Catalunya y la cuestión territorial (desoyendo así las tendencias nacionalistas de sus confluencias), la monarquía o el modelo económico.

Es, este impasse de la izquierda Parlamentaria y reforzamiento de la derecha, en el que los mal llamados partidos minoritarios han dado el paso de gigante para organizarse de forma decidida contra el régimen del 78’. Hasta entonces, sabedores de que sus proyectos solo tendrían éxito en sus respectivos ámbitos y de que el régimen no auguraba ninguna fisura a corto plazo, solo se habían presentado en sus circunscripciones. Pero ahora el tiempo político es otro y, sin renunciar a su legítimo derecho a decidir, han visto la posibilidad de construir un proyecto político en común para defenderse a través de la transformación del Estado. Es, sin lugar a dudas, una nueva forma de relacionarse y luchar desde la política contra el statu quo.

Llegados a este punto y, si la izquierda lo que le mueve en esta crisis es construir otro modelo de Estado, lo acertado sería sentarse a reflexionar sobre qué va a pasar en aquellos territorios donde los votantes van a tener dos grandes proyectos como Ahora Repúblicas y Unidas Podemos que, a grandes rasgos, son muy parejos pero con la gran diferencia de que el primero lleva por ventaja el haber superado con creces el “problema” decimonónico del modelo del Estado y el “complejo” ideológico del nacionalismo o libertad de los pueblos.

Es por ello que, a mi modo de ver, la propuesta de Ahora Repúblicas parece mejor orientada a la hora de encarar los próximos comicios electorales (ya veremos cuál es su resultado en votos y diputados), que organizaciones como Unidas Podemos atascadas ideológica y sentimentalmente en el 15M y el “fracasado” sorpasso de 2016.

Y es que este frenazo evolutivo en el discurso y la acción de los que encabezaron la crisis se debe, sin lugar a dudas, a la debilidad ideológica y la incapacidad reflexiva que, si ya son peligrosos de forma separada cuando se juntan, imposibilitan plantear estrategias electorales más allá del cortoplacismo representativo. Por otra parte, los que se sumaron a éstos, también se han mostrado incapaces de ver más allá de los anquilosados postulados ortodoxos y con unos ritmos políticos marcados por los procesos electorales.

Pese a que es tarde para encarar las elecciones de abril con la mejor de las garantías posibles para la izquierda transformadora del Estado, no lo es para meditar y repensar qué estrategia es la más apropiada para hacer frente a la crisis: Ahora Repúblicas o Unidas Podemos.

4 Comentarios

    • todo nacionalismo es, en esencia, de izquierdas. aprenda de la descolonizacion y no sea fascista, atacar a movimientos que defienden las minorias y/o su libertad e independencia no es de izquierdas, es fascismo.

  1. Otro más para intentar confundir a la gente y debilitar a PODEMOS. Otro mas financiado, porque de donde sacan el dinero para sus campañas, por el establishment en contra de PODEMOS.

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