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Acaba de publicar libro Gorka Maneiro, en la editorial Letrame, y su título resulta llamativo, tal vez chocante para el lector: “No apto para fanáticos”. Se trata de una suerte de memorias políticas y vitales que abarcan, principalmente, los últimos diez años de la trayectoria de Gorka, pero que no dejan de abordar los antecedentes, tan importantes para comprender mejor su vocación de servicio público.

He tenido la ocasión de escribir el prólogo del libro, “Un compromiso político inagotable”. El del autor, claro. Creo que es lo que mejor le describe. Comprometido políticamente. Una persona de acción, no ajena a la reflexión, al debate de ideas, a la formación intelectual. Pero, por encima de todo, un hombre de acción, que no rehúye tomar partido, tomar partido hasta mancharse, como escribió Gabriel Celaya, en un poema (“La poesía es un arma cargada de futuro”) que tanto Gorka como yo siempre tenemos presente cuando de hacer política se trata. Lo mismo que el poeta maldecía la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que, lavándose las manos, se desentienden y evaden, así mismo Gorka Maneiro ha rechazado siempre la política mecánica y acomodaticia de quienes escapan del compromiso cívico, de quienes miran hacia otro lado, de quienes apuestan solo a caballo ganador.

Gorka cuenta cómo ETA atentó contra la vivienda familiar. Nunca ha aireado esa historia. Más bien quiso restarle siempre importancia, consciente de que la anomalía totalitaria vivida en el País Vasco y España llevó a muchos conciudadanos a entregar su vida por la libertad de todos nosotros. En ese contexto, ni se le ha pasado por la cabeza jamás sacar rédito a una historia estremecedora, pero lamentablemente habitual en un paraje tan hermoso como secuestrado de libertades y democracia, en el que tantas historias similares vivieron y sufrieron los que no callaron ante la mafia etarra y sus servicios auxiliares, los que nunca dejaron de plantar cara a esos otros que, con precisión matemática, recogían las nueces del árbol ensangrentado. Como siempre entendió que el terrorismo etarra tenía por víctima principal la convivencia democrática, el pluralismo, la libertad, la unidad de España y los derechos de ciudadanía de todos los españoles, Gorka no presenta el atentado contra la vivienda familiar como el desencadenante de su compromiso político. Explica que su compromiso político estuvo siempre ahí. A priori, sin cálculos sobre el coste de oportunidad de tomar partido. El oneroso precio de hacer política en una sociedad fanatizada y tolerante con los victimarios, pero dura e inflexible durante tantos años con las víctimas. La sociedad enferma del “algo habrá hecho”, y de los féretros vergonzantemente sacados por la puerta de atrás de las iglesias. El compromiso político siempre operó como un prius de dignidad en Gorka, no como una respuesta a nada. El ataque vino luego. Fue pura causalidad. Nada ocurre por casualidad ante los fanáticos. El compromiso político de Gorka es el de una persona rebelde, incapaz de permanecer medio segundo callado ante las injusticias. Un verdadero rebelde con causa.

Gorka pasó años sin entrar en la Parte Vieja de San Sebastián. Aún resulta poco recomendable para él transitar por ciertos lugares, entrar a ciertos bares. No es un anónimo. Es Gorka Maneiro, el ciudadano que le espetó a Laura Mintegi (Bildu) en un debate de televisión que no podía hablar de derechos humanos mientras defendiera la historia sanguinaria de ETA. El único diputado de toda la historia del parlamentarismo vasco que osó levantar la voz contra los privilegios forales, contra el concierto económico y todas las componendas que blindan un agravio a favor de unos pocos conciudadanos españoles en perjuicio de todos los demás. El que no pretendió defender en la tribuna de oradores ningún interés regional, ninguna esencia escogida, ningún particularismo, sino el interés general de todos los españoles. Llevó escolta entre 2009 y 2014, precisamente los cinco primeros años de vida de su hija. Entró en el Parlamento Vasco cuando ETA aún mataba. Nunca, ni fuera ni dentro del Parlamento, se mantuvo aparte, mirando hacia otro lado. Ni en silencio. Nunca pidió perdón ni permiso. Nunca dio las gracias a los que no tienen otro mérito que haber dejado de matar y pretenden esgrimir tal supuesto galardón para obtener dádivas del Estado a los efectos de seguir socavándolo por otros medios, pero con idénticos fines.

Gorka Maneiro nos cuenta en “No apto para fanáticos” que también en los mejores proyectos puede encenderse la mecha del fanatismo, tan inherente a la condición humana. La tan prosaica tendencia hacia el sectarismo. Las pulsiones dogmáticas. El impulso hacia la endogamia, hacia los círculos estrechos y cerrados en los que todos los que los componen dan la razón, de forma acrítica, al líder. La tenga o no la tenga. Gorka reconoce errores, aunque parezca sobrenatural y anómalo esto en un político. Reconoce que debió haber levantado la voz más veces ante el funcionamiento interno de UPYD, ante ciertos excesos, ante malas decisiones de las que se reconoce corresponsable. No omite nombres ni los hace desaparecer en el curso del relato, ni se mueve por rencores, odios, obsesiones o tristes animadversiones de poco vuelo. Es un libro de quien no tiene un átomo de fanatismo, ni se cree infalible, de quien toma partido aún a riesgo de equivocarse, y trata de aprender de todo y de todos.

El libro de Gorka Maneiro es un testimonio humilde pero veraz, apasionante y político, vívido y fresco, espontáneo y sincero. Es un testimonio de valentía y coraje.

Y también es el testimonio de un amigo.

Lo llevo a gala en Madrid o en San Sebastián, donde a veces, caminando por la calle, muchos vecinos le reconocen. Ahí va Gorka Maneiro, vasco y donostiarra porque nació allí, “ni a mucha ni a poca honra”, como en cierta ocasión dijo en un mitin, ante el revuelo generalizado de los oscuros forofos de los orígenes. Ahí va un tipo sencillo, que habla euskera perfectamente – mucho mejor, ay, que tantos nacionalistas -, pero que no lo usa para reclamar ningún inexistente derecho para las lenguas, sino para reivindicar iguales derechos para todos los ciudadanos, también para los que ven conculcados sus derechos de escolarización en la lengua común, el castellano, naturalmente. Vasco de origen pero persona desapasionada por las fronteras, sin obsesiones identitarias, saludablemente inmunizado ante la patología nacionalista de los que piensan que haber nacido en un punto del terruño te hace mejor que tus conciudadanos. Precisamente eso es Gorka: un conciudadano español que se rebela ante el silencio mayoritario de los conciudadanos españoles en el País Vasco respecto a los privilegios de unos pocos que injustamente trituran la igualdad de todos. Concienzudo y convencido amante de la política como instrumento de transformación social.

Sí, como escribo en el prólogo de “No apto para fanáticos”, para mí es un orgullo seguir caminando al lado de Gorka Maneiro.

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Nací en Madrid en noviembre de 1989. Me licencié en Derecho en 2011 por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Práctica Jurídica por la EPJ de la Universidad Complutense de Madrid en el año 2013. Desde hace más de cinco años me dedico al ejercicio libre de la abogacía en las jurisdicciones civil, penal y social, así como en el Turno de Oficio. Curso estudios de Ciencias Políticas en la UNED. Formé parte del Consejo de Dirección de Unión Progreso y Democracia. En la actualidad, soy portavoz adjunto de Plataforma Ahora y su responsable de ideas políticas. Creo firmemente en un proyecto destinado a recuperar una izquierda igualitaria y transformadora, alejada de toda tentación identitaria o nacionalista. Estoy convencido de que la izquierda debe plantear de forma decidida soluciones alternativas a los procesos de desregulación neoliberal, pero para ello es imprescindible que se desembarace de toda alianza con el nacionalismo, fuerza reaccionaria y en las antípodas de los valores más elementales de la izquierda.

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