A diferencia de otros comicios, las municipales se convierten en un plebiscito sobre la gestión cercana de quienes han tenido la responsabilidad de hacer frente a las necesidades reales del pueblo. Es la política de la cercanía y no de los grandes foros. El Ayuntamiento es el lugar donde los ciudadanos y ciudadanas tienen la posibilidad de mostrar lo que preocupa en el día a día.

Cádiz es una ciudad que en los últimos cuatro años ha tenido un alcalde que, al contrario de lo que ha sucedido en otros «ayuntamientos del cambio», ha sido coherente con aquel gesto que tuvo el día en que fue investido y entregó el bastón de mando a la ciudadanía. Además, ha transformado la ciudad con la remunicipalización de servicios básicos, la peatonalización de lugares emblemáticos como el Paseo Marítimo o la construcción de un impresionante carril-bici. Kichi no ha hecho ninguna revolución, sólo ha sido coherente consigo mismo y con su modo de entender la política como un modo de servicio al pueblo.

Kichi ha cumplido con todo lo que le han dejado, pero, sobre todo, no ha defraudado a los gaditanos porque sigue siendo igual de cercano que antes de ser el primer regidor y, sobre todo, por su coherencia.

Para realizar una buena gestión en un Ayuntamiento no hace falta más que conocer los recursos de los que se dispone y priorizar el gasto en aquello que vaya a beneficiar directamente al pueblo. Un ejemplo de ello lo tuvimos con la aprobación de la Garantía  del Derecho Humano al Agua, Suministro Mínimo Vital (SMV) y Fondo Social Solidario para familias catalogadas en exclusión social. Esta medida fue más allá de las ayudas a los pagos de los recibos del agua puesto que, en caso de exclusión social, la concesión del suministro mínimo vital (SMV) subvencionó el pago de los conceptos bonificables de la factura durante un periodo inicial de 12 meses revisable a los 6. Por tanto, los vecinos que cumplieron con los requisitos establecidos no tendrían que acudir a las dependencias de Aguas de Cádiz o de los servicios sociales del Ayuntamiento cada vez que les cortaran el agua.

Tras la aprobación de esta medida, el alcalde de Cádiz afirmó que uno de los objetivos de esta medida era «acabar con los cortes de agua a aquellas familias que por dificultades económicas no pueden hacer frente a las facturas» e insistió en que «las instituciones tienen la obligación de poner cuantas herramientas estén a su alcance para garantizar unas condiciones mínimas y dignas de vida», una frase con la que ha sido coherente durante estos últimos cuatro años.

Volcar la acción de gobierno en la ciudadanía no es un hecho contrario a una buena gestión, por más que desde la derecha quieran hacer ver a los ciudadanos y ciudadanas que primero hay que centrarse en los grandes asuntos y lo que sobre se entrega al pueblo. Kichi fue coherente consigo mismo y en estos cuatro años hay que destacar la priorización de la acción de gobierno hacia los sectores más desfavorecidos de la ciudad; la bajada de los sueldos municipales más altos; acercar la política a los ciudadanos y ciudadanas al permitir su participación en los debates municipales; los acuerdos con la UCA para potenciar «el cinturón universitario»; el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica; la remunicipalización de servicios diversos como los de playa que Teófila Martínez privatizó; el incremento en número y calidad de las actividades sociales, deportivas y culturales dependientes del ayuntamiento; el Plan de Choque contra la Pobreza Energética que atiende a casi 1.500 familias; casi 300 obras para la eliminación de barreras arquitectónicas. Pero, lo que demuestra la buena gestión económica sin renunciar a paliar las necesidades de la gente es la reducción de hasta el 140% de la deuda de 330 millones de euros que dejó el Partido Popular.

En las elecciones se espera que renueve su mandato y que pueda hacerlo con mayoría absoluta. Esto será consecuencia de los modos de gobernar basados en la ética, en la coherencia y, principalmente, por tener conciencia de la enorme responsabilidad que supone ser alcalde de cualquier localidad, por muy grande o pequeña que sea. Gobernar para el pueblo es el mejor modo de conseguir que los vecinos y las vecinas den la confianza. Hay quien pide cuatro años más para terminar un proyecto que empezó con la ilusión y terminó controlado por las grandes empresas. Sin embargo, los hay que no necesitan más que sus actos y sus obras para renovar la confianza plena de un pueblo que, evidentemente, seguirá pidiendo más.

 

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