Antes de que Liberty Media comprara la Fórmula 1 era un gran negocio gestionado con enorme habilidad por la incombustible momia Ecclestone.

Parecía que, tras vender, la momia ya estaba acabada y la llegada de nueva sangre aportaría enormes cantidades de alegría al espectáculo, al circo.

Pero sucede que Bernie Ecclestone, la maravillosa momia, se está demostrando como si fuese inmortal, no solo ha tenido un hijo sino que se encuentra en plena forma en todos los sentidos. Y ha sido la maravillosa momia quién ha dicho qué Liberty Media está como loca por vender el circo pues no le está funcionando como pensaba.

Cierto que una de las principales razones por las que el circo de la Fórmula 1 no está siendo el negocio que imaginaban sus actuales propietarios es la ubicua pandemia. Pero no es el único problema, el dominio absoluto de Mercedes ha restado brillo y magia a la competición y al espectáculo.

Y aún hay más, la era híbrida se está demostrando como el fracaso que de algún modo era previsible que fuera.

La Fórmula 1 siempre ha ido por delante en el mundo del motor, y los coches de la calle la imitaban.

En la era híbrida lo que ha sucedido es que la Fórmula 1 ha copiado a los coches de la calle, los motores híbridos ya rodaban por las ciudades y autopistas del planeta  antes que por los circuitos. Dicho de otro modo ya no es la referencia absoluta que antes era.

En suma, que futuro de la Fórmula 1 está oscuro y mal definido. La cantinela de Ecclestone y otros gurus es que podría acabar desapareciendo.

Y aún hay un último motivo para la nada deseable profecía, el más salvaje y atávico, pero nos lo guardamos para otro posible cuento o artículo.

Y mientras tanto los amantes y seguidores del mayor espectáculo del mundo del motor disfrutamos al máximo de las extrañas circunstancias del circuito de Turquía. ¿Podría suceder la maravillosa escudería  Mercedes no sea en Istambul imbatible? Ojalá.

Otro burbon, por favor.

Tigre Tigre.

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