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Filipinas como anomalía hispana

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“La España de mis padres ha perdido aquí. / Por su oro triunfa Norteamérica. / Mas yo, no cederé.” Guillermo Gómez Rivera, poeta filipino, en “D. Andrés Soriano, fundador de muchas empresas filipinas, entre ellas, la Cervecería de San Miguel”.

En cualquier repaso a una lista de los delegados a una reunión diplomática de países asiáticos nos aparecería una anomalía. Si cogemos un ejemplo durante los años de los procesos de independencia y desarrollo de los países del Tercer Mundo, por ejemplo, en la Conferencia Afro-asiática de Bandung, y leemos los nombres de sus representantes, encontramos: China – Chou En Lai; India – Jawarharlal Nehru; Thailandia – Wakatayakan; Vietnam – Ho Chi Ming; Indonesia – Sukarno; y Filipinas – Carlos Rómulo Peña. ¿No es reveladora esta singular anomalía filipina? Lo mismo acontecería con los dirigentes de los países orientales, tales como el Emperador Akihito, de Japón; la Primer Ministro Ali Bhuto, de Pakistán, y el presidente Suharto, de Indonesia, frente al presidente de Filipinas, que fuera Fidel Ramos Valdés después de la presidenta Corazón Aquino, eso sin citar al presidente de la primera República de Filipinas, que se llamó Emilio Aguinaldo, y sin mencionar al actual Rodrigo Duterte Roa.

Pero, no es cuestión de escandalizarse. Obviamente el español no era el idioma del pueblo filipino, más bien existían varios idiomas, siendo el mayoritario el tagalo. Sin embargo, sí fue el idioma común a partir de la colonización española, y, desde luego, posteriormente lo ha sido de la minoría filipina que controlaba el gobierno, la iglesia católica, el ejército, y la actividad económica, así como los ámbitos de la docencia y las artes.

Hoy en día sigue existiendo la Academia Filipina de la Lengua Española, correspondiente de la Real Academia Española; así como la concesión anual del Premio Literario Zóbel de tan rancio sabor e indudable prestigio; hay un Instituto Cervantes en Manila, y una Asociación de Maestros de español; así como aulas de español en los principales centros docentes, tanto estatales como privados; se han firmado acuerdos entre las autoridades filipinas y el Ministerio español de Asuntos Exteriores y la Radiotelevisión Española en orden a intensificar el aprendizaje y cultivo del español en Filipinas, así como hay modestas publicaciones periódicas y humildes títulos editoriales. Y de fondo está la fidelidad de los hogares cuyo idioma sigue siendo el español. Todos aportan su granito de arena en pro del ideal común, con la firme convicción del poeta Claro Recto: No morirás jamás en nuestro suelo/ que aún guarda tu esplendor. Quien lo pretenda/ ignora que mis templos y mis ágoras/ son de bloques que dieron tus canteras.

Filipinas como anomalía hispana

Pero no se puede ceñirse lo hispánico al idioma español, Lo hispánico no se agota con el idioma. El hispanismo, es más, mucho más que un mero asunto de gramática o de filología, ni tan siquiera de literatura, aunque también abarque todo eso. Hay hitos inconfundibles de lo que España dejara en Filipinas en el curso de los más de tres siglos de convivencia filipino-hispana, como son la procesión con el nombre de La Naval, que conmemora, con apoyo oficial del Estado, la milagrosa victoria alcanzada por los marinos filipinos y españoles contra las fuerzas de la armada holandesa en 1646. Lo mismo cabe decir del «Santacrusan» -filipinización de la expresión española: Santa Cruz-, que es una especie de procesión cívico-religiosa, que desfila diariamente durante todo el mes de mayo.

Pero, se puede citar un acontecimiento de los años recientes, la incruenta revolución que derrocó la férrea dictadura de Ferdinand Marcos. Cuando ésta ordena a las Fuerzas Armadas que consigan la rendición y captura de su Ministro de Defensa, Juan Ponce Enrile, y de su Jefe de Estado Mayor, el general Fidel Ramos Valdés, que se atrincheran en los Cuarteles Generales, Jaime Sin, el arzobispo de Manila, hace un llamamiento al pueblo para que acudan a defender a los alzados en armas, desarmados; los sacerdotes deberán encabezar al pueblo y pedir por el triunfo de la libertad y el restablecimiento de la paz. Dos millones de filipinos hicieron frente a las fuerzas militares del gobierno que no dispararon un sólo tiro; y se unieron a los defensores de la rebelión. El dictador tuvo que huir precipitadamente.

Filipinas como anomalía hispana

El poder estatal se refleja en su ordenamiento jurídico. Y en Filipinas, a pesar del siglo de dominio estadounidense es fundamentalmente hispánico. Durante el régimen español se trasvasó a Filipinas los Códigos Civil, Penal y Mercantil de España. Al finalizar el dominio español, los nuevos gobernantes norteamericanos no se atrevieron a abrogar estas legislaciones, que, hasta nuestros días, perviven, si bien con las adiciones y reformas exigidas por la supeditación a Estados Unidos. Por otro lado, cuando Filipinas establece su primera República en 1898, la dota de una Constitución Política que se inspira en la española de 1876 y en las de varias repúblicas hispanoamericanas. Cuando en 1935, como antesala de la independencia de la Mancomunidad de Filipinas, su nueva Constitución también adopta varios articulados de la Constitución Española de 1931. Un buen número de esas diversas disposiciones constitucionales de cuño hispánico, y, sobre todo, su inspiración jurídica hispánica, encuentran vigencia en la actual legislación.

El más somero repaso de la toponimia filipina nos brinda una explosión hispana. Lo inicia el mismo nombre del país, Filipinas, que se deriva de Felipe, nombre del que entonces fuera Príncipe de Asturias, en cuyo honor se adoptó ese nombre. Hay una letanía de provincias: La Unión, Isabela, Nueva Vizcaya, Nueva Ecija, La Laguna, Camarines, Mindoro y Negros; y de ciudades y poblaciones: Ballesteros, San Fernando, Solano, San Carlos, San Quintín, San José, Luceno, Valladolid, Mondragón, Getafe, La Carlota, Pontevedra, Victoria, Santa Catalina, Santander, San Luis y Puerto Princesa.

Podemos seguir con islas: Corregidor, Monja, Fraile, San Miguel y Boca Grande; bahías y golfos: Illana, Lanuza, Coral, San Antonio, San Juanico e Isla Verde; cabos: Engaño, San Ildefonso, Espíritu Santo, San Agustín, Santiago y Coronado; ríos y cascadas: Chico, Magno, Grande y María Cristina; y montes: Sierra Madre, Carballo, Cordillera, Halcón y Santo Tomás.

Filipinas como anomalía hispana

En lo educativo permanecen la Universidad de Santo Tomás, la del Ateneo de Manila, el Colegio de San Juan de Letrán, el de San Beda y los femeninos de Santa Isabel, Santa Catalina, Santa Rosa, La Concordia, La Consolación y Santa Rita. Todas son instituciones creadas por españoles durante el régimen español en Filipinas y que, aun en nuestros días, continúan su secular misión docente. En lo cultural las fuentes de Carriedo y de Calderón de la Barca, las murallas de Manila que datan de 1574, la Real Fortaleza de Santiago, el Palacio de Malacañang, residencia oficial del presidente de Filipinas, la Fuerza de Nuestra Señora del Pilar, en Zamboanga, las catedrales de Manila, Lipa y Calasiado, así como las iglesias de San Agustín, Malate y San Sebastián y los templos provinciales de Paoay, Tanay, Dingras, Lucbán, Gumaca, Morong, Barasoain y Naga. Así como los monumentos a Legazpi y Urdaneta, al arzobispo Miguel de Benavides, al botánico Sebastián Soler y al Gobernador General Simón de Anda y Salazar y la maravilla mundial que es el órgano de bambú de las Piñas.

Filipinas como anomalía hispana

Los filipinos abren los libros de derecha a izquierda, y leen horizontalmente de izquierda a derecha, justamente lo contrario a como lo hacen el resto de sus hermanos orientales. Emplean el negro para el luto y no el blanco o el amarillo preferido en otras latitudes de Extremo Oriente. En la urdimbre de sus danzas y canciones juguetean los fandangos, las habaneras y las jotas, aunque sea, en palabras del maestro español Cubiles, “con cierta pereza oriental”. Su gastronomía desconoce los platos exóticos de China, Japón y Corea, por ejemplo, a base de serpientes, ratas y monos. Su plato nacional es el cochinillo asado, como se conoce en nuestra Segovia.

Posdata anómala sobre un par de apellidos, la Filipinas hispana y el polo emergente del mundo hispano.

Madroñal como primer apellido: España 1.294, Filipinas 610, Argentina 390.

Pedraza como primer apellido: México 50.897, Colombia 36.478, Argentina 13.137, Bolivia 11.513, Estados Unidos (lo hispano invade EEUU) 10.824, España 7.254, Perú 5.509, Cuba 3.663, Filipinas 2.398, Chile 2.229.

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