Es una delicia verlo: a Fernando Alonso con su mascarilla negra como un defensor justiciero en el circuito de Imola. Su imagen y forma de andar nos hace pensar en el mismísimo Batman.

Aquí estoy. He vuelto. Me estáis viendo.

Y le vemos tranquilo, sereno, dueño de sí mismo, preparado para todo y con unas ganas nuevas, porque no es un simple volver sino más bien una suerte de principio. Un rookie viejo y sobrado de experiencia, los rookies jóvenes se mueren de miedo.

¿Y el resto de los pilotos de la parrilla? Respeto, por supuesto. Hacia ese Fernando Alonso que aún no conocemos, ese Fernando Alonso que ahora tiene la misma edad con la que debutó en la F1

Manuel Fangio -porcentualmente el piloto más brillante de todos los tiempos; Fangio tenía 38 años cuando disputó su primera carrera en el Gran Premio de Gran Bretaña en 1950.

Alonso en Imola es uno de ellos, es uno de los protagonistas, sin ninguna duda, pero también es diferente. Es un fantasma, es alguien que vuelve de “entre los muertos” (como habría escrito Stephen King), es una amenaza, es un hombre tranquilo.

Y sobre todo: brilla, resplandece, Fernando Alonso; con su calma e incontestable seguridad en sí mismo.

Fernando Alonso es la gran promesa para el año que viene. Me atrevo a compararlo -del mismo modo que lo hemos comparado con Fangio por los 38 años- con Verstappen cuando debutó siendo el piloto más joven de la historia en debutar.

Alonso equiparado al piloto que empezó más joven y a uno de los que empezaron más viejos.

Es una delicia.

Es un gran momento.

Para todos.

Para Fernando Alonso y para todos aquellos que amamos el Gran Circo.

Le escuchaba hablando ante los micrófonos y no podía evitar sonreír por dentro, sentirme muy contento. Qué grande, tío. Y de nuevo -por la mascarilla negra- el eco de la imagen de Batman.

Estamos deseando verte correr a lomos del Renault Alpine.

Bravo bravo

y

Tigre tigre.

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