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Excusas y navajas

David Almorza Gomar
David Almorza Gomar
Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.
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análisis

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En esta ocasión el médico investigador Boris Pérez llegaba tarde a una cita, y en el camino iba pensando en dos navajas. La primera de ellas es la Navaja de Ockham. Se trata de un fraile franciscano inglés que formuló un principio filosófico según el cual, cuando dos o más explicaciones se ofrecen para un fenómeno, es preferible la explicación completa más simple.

En el caso de Boris, podía elegir entre dos explicaciones para justificarse. Podría decir que llegaba tarde porque se había quedado dormido, o decir que una nave extraterrestre le abdujo y devolvió a la Tierra con retraso. Ambas explicaciones justificaban su tardanza, pero la primera es más simple y la preferible según Ockham.

El principio de Ockham creó una gran controversia, y en el siglo XVI se le añadió en nombre de Navaja, por la broma de que afeitaba como una navaja las barbas de Platón. La controversia se mantiene hoy día, pero Boris piensa que Ockham se refería a qué va a pensar la persona que recibe la excusa.

De esta manera, ante un suspenso el estudiante puede decir que no estudió lo suficiente, o también que el suspenso es la consecuencia de un plan orquestado por la CIA para impedirle acabar sus estudios. La persona que recibe la excusa se quedará con la primera opción, porque es la más simple.

La otra navaja en la que pensaba Boris camino de su cita, es la Navaja de Hanlon, que dice que no hay que atribuir a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez. Einstein, en cierta forma, avalaba esta teoría cuando decía que “solo hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el Universo, pero no estoy muy seguro acerca de este último”.

En conclusión, pensó Boris, es mejor no buscar excusas, pero si usted se ve en la obligación de esgrimir alguna, conviene pensar en la que sea más sencilla y le haga parecer una persona estúpida, porque será la excusa más creíble y le hará parecer una persona honesta, y la honestidad compensa con creces a la estupidez ocasional.

Este artículo de opinión llegó con retraso a Diario 16, porque se me olvidó adjuntar el fichero al cuerpo del mensaje, algo que responde a un meticuloso plan orquestado por la CIA, menos mal que, al poco tiempo, los extraterrestres me avisaron.

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