Estética del Viaje es un ensayo de Rafael López Borrego, publicado en septiembre de 2020, y que lleva como subtítulo Reflexiones en torno al arte y el nomadismo global. Profesor en la Universidad de Salamanca y en el International Studies Abroad de Sevilla, Rafael López Borrego ha sido coordinador de exposiciones y actividades en el centro de arte contemporáneo de Salamanca DA2, y ha publicado numerosos libros ensayos relacionados con la materia.

En Estética del Viaje, tomando como punto de partida diversas obras realizadas por artistas contemporáneos, López Borrego reflexiona sobre el viaje desde distintos puntos de vista. Como contraposición al turista acomodado, o al flaneur que pasea sin rumbo, me ha interesado mucho su reflexión sobre las personas migrantes, ya que desde hace unos años hay dos movimientos contrarios que conviven provocando constantes colisiones: de una parte, la globalización como fenómeno aglutinador (en los mercados sobre todo) y de otra parte el auge del neofascismo como elemento diferenciador, en el que los países tratan de encerrarse en sí mismos.

En el mundo del trabajo esto se traduce en una nueva forma de colonialismo en el que la mano de obra es la que se desplaza desde otros países hasta el lugar donde está ubicada la fábrica, la plantación o la obra. Mano de obra barata que está en situación ilegal –sin derecho reconocido a ciudadanía–, en profesiones mal remuneradas o sin protección. De hecho, la microfísica del poder enunciada por Foucault es mucho más explícita en los CIE´s que en cualquier otro espacio de vigilancia y control.

De otra parte, el viaje como elemento que ayuda a la construcción de la imagen social, expresada en el afán por compartir las experiencias vividas en los viajes a través de las redes sociales. El viaje casi como elemento curricular, como tópico obligado en las conversaciones, incluso como reclamo sexual en las aplicaciones de citas… Porque, evidentemente, no es lo mismo viajar por placer que hacerlo por desesperación; en el viaje por placer se cambia de lugar pasando por pasos francos –según nos cuenta López Borrego–, frente a la hostilidad que encuentran quienes viajan por desesperación; además, hay intención de volver al lugar de origen, frente a esas otras personas que tratarán de mantenerse lo más alejados del lugar de origen y durante el mayor tiempo posible, en tanto en cuanto no cambie la situación que los hizo escapar.

En el viaje “pequeñoburgués” la seguridad se ha convertido en una cuestión fundamental. De ahí el triunfo de las actividades realizadas en grupo. Personas que acuden de forma atropellada a visitar la mayor cantidad de hitos culturales, de parajes naturales y de curiosidades, en una incansable búsqueda por el souvenir, arropados por unas tremendas medidas de seguridad y planificación; de hecho, la globalización ayuda a que dicha “sensación de seguridad” sea aún mayor cuando visitamos la misma cadena de restaurantes, la misma franquicia de ropa, etc.

Por tanto, en una sociedad que nos empuja constantemente, que trata de convencernos de que debemos olvidar todas las viejas certezas, y unida a la asunción de la temporalidad, de la precariedad, de la intermitencia de las relaciones afectivas y de todo lo que Bauman bautizó como sociedad líquida, ahora también se impone el nomadismo, en el que tendremos que llevarnos la casa a cuestas allá donde los mercados nos indiquen que somos útiles y necesarios.

Recomiendo la lectura de este ensayo. De forma muy pedagógica, López Borrego nos habla, además, de muchas obras de arte que han abordado la problemática del viaje. Un libro para aprender y disfrutar. 

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