Comprometido con las libertades y los derechos humanos, el escritor turco Burhan Sönmez (Ankara, 1965) presenta en Estambul, Estambul (Minúscula) un alegórico cuadro donde el dolor y la desesperanza se abrazan con el humor, la belleza y la ilusión. Cuatro hombres comparten celda en un centro de interrogatorios de Estambul. En situaciones límite como éstas es donde lo mejor del ser humano sale a relucir, y aquí cuentan con el condicionante adicional de la ciudad de Estambul, casi un protagonista más de la novela. Temores –muchos–, deseos –no menos–, experiencias personales y malos recuerdos del pasado se suceden durante diez interminables días.

Como en la novela, en esta entrevista sobrevuela también en todo momento la actual situación sociopolítica de Turquía, mermada por una implacable restricción de las libertades. Sönmez es un firme defensor de los derechos humanos y su compromiso con ellos le ha valido, entre otros galardones, el premio Disturbing The Peace, que otorga la Vlacav Havel Library Foundation como reconocimiento a los escritores perseguidos por desafiar a los regímenes totalitarios.

  

Estambul es el gran protagonista de su novela. ¿Qué Estambul podemos ver en ella?

Hay dos planos en la novela a través de los cuales podemos ver diferentes aspectos de Estambul. El primero de ellos está compuesto de multitud de historias como las del Decamerón o Las mil y una noches. El segundo plano es el marco desde el cual podemos contemplar las historias. En este marco, vemos Estambul, y todas las historias bajo los colores del dolor y la belleza. He querido mostrar la belleza desde los ojos de la gente que sufre.

“No puedo encontrar ninguna buena palabra para pronunciarme sobre el tema de los derechos humanos en Turquía”

 

Su novela está traducida a una treintena de idiomas. ¿Orgulloso de llegar a tantos lectores?

Ser leído en tantos países y tantas lenguas es estimulante. Te hace feliz pero también ser consciente del peso y la importancia de tu trabajo, que debe ser hecho con delicadeza y mejorarlo de una manera artística.

 

Alegría y mucho dolor. ¿En ese contraste vive la actual Estambul?

Puedo decir que sí. Puedes oler la esencia del dolor en el aire y a la vez el hedor de la alegría. Estos dos contrastes dan a la ciudad su energía, deseo, miedo, debilidad y fuerza. Los elementos contrarios están en la misma textura.

 

¿Por qué ha querido recrear la ciudad a través de la visión de cuatro reclusos en un centro de interrogatorio?

He buscado enseñar el poder de las historias entre hombres en la oscuridad de la cárcel y, a la vez, el poder de la belleza y el amor en la luz.

“He querido mostrar la belleza desde los ojos de la gente que sufre”

 

¿Cómo está la situación actual de su país en lo que respecta a los derechos humanos?

No puedo encontrar ninguna buena palabra para pronunciarme sobre este tema. Desafortunadamente, somos uno de los peores países del mundo en lo que respecta a los derechos humanos.

 

¿Hacia dónde se encamina Turquía políticamente?

No está el final del túnel nada claro, está todo muy nublado. Pero yo soy una persona optimista como muchos otros turcos y creo que saldremos de la oscuridad. Esto es porque la mitad de la sociedad está fuertemente en contra del gobierno.

 

¿Volverá a mirar hacia Europa o ya no se contempla esta posibilidad?

Yo no creo que esta sea una opción con el gobierno actual, ya que ambas partes, el gobierno turco y también los europeos, no se llevan bien. No creen en un futuro en común. Para cambiar esto necesitamos cambiar gobiernos.

 

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