Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, votando en su colegio en Roma

Los más de 427 millones de ciudadanos de la Unión Europea que están llamados hoy a votar a sus representantes en el Parlamento Europeo tienen una responsabilidad que jamás se pensó que tuvieran que ostentar: frenar el ascenso de los movimientos de ultraderecha que pretende utilizar las instituciones para destruir la democracia.

En las últimas convocatorias se ha podido comprobar cómo la ciudadanía de la UE había dado la espalda porque la participación jamás superó el 50%. Sin embargo, la geopolítica ha demostrado que Europa se está convirtiendo en el punto de freno del populismo antidemocrático que viene desde el oeste (Estados Unidos – Trump) y el este (Rusia –  Putin).

No obstante, desde las elecciones de 2015 los propios políticos se han dado cuenta de que la deriva autoritaria de la UE, la sumisión absoluta a los intereses de las élites económicas y financieras y la incapacidad de atender a los ciudadanos, son elementos que han hecho aumentar el euroescepticismo y el crecimiento de la ultraderecha que no tiene otro fin que la destrucción de la democracia desde dentro, desde las propias instituciones, tal y como ocurrió en Alemania en la década de los 30 y la destrucción de la República de Weimar.

En este tipo de comicios globales, la participación es fundamental y la ciudadanía parece haber despertado ante la amenaza del neofascismo. En España los primeros datos de participación muestran un incremento de casi un 11% respecto a 2014, lo que indica que esto favorecerá a las fuerzas democráticas, tanto progresistas como conservadoras. Lo mismo se puede decir de Francia, donde la participación se ha incrementado en casi un 4%. Otros países donde también se ha incrementado la afluencia de votantes ha sido en Chipre, Eslovenia, Croacia, Dinamarca, Estonia o Rumanía.

Sin embargo, hay otros países en los que la participación alta puede favorecer a los ultras. Tal cosa sucede en Polonia o Italia, donde el poder del discurso xenófobo y populista de Matteo Salvini puede afianzarse. Hay mucho temor en la Unión Europea a un buen resultado de los ultras y, sobre todo, si logran formar un grupo parlamentario en torno a Salvini y a Viktor Orbán.

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