Según los datos del último estudio del Banco Mundial, recogidos en la Migration and Development Brief (Reseña sobre migración y desarrollo), en 2018 España podría ser clave en la recuperación económica de los llamados países “con ingresos bajos”. De acuerdo con el estudio, nuestro país, junto con Portugal y Estados Unidos contribuirá en el crecimiento de hasta el 4,3% de las ayudas enviadas a sudamérica.

Según los datos del estudio, en 2017 las remesas enviadas a países de ingreso bajo y de ingreso mediano experimentaron un repunte hasta alcanzar un nivel sin precedentes, tras dos años consecutivos de descenso. Según la información recogida (presentada en dólares estadounidenses, o USD), las remesas de ayudas enviadas a estos países alcanzaron los 466.000 millones de dólares, unos 390.000 millones de euros.

La recuperación de los flujos de remesas, que ha superado las expectativas, está impulsada por el crecimiento registrado en Europa, la Federación de Rusia y Estados Unidos. El repunte de las remesas, cuando estas se valúan en dólares estadounidenses, se vio favorecido por el aumento de los precios del petróleo y el fortalecimiento del euro y el rublo.

Se espera que en 2018 los envíos a los países de América Latina y el Caribe crezcan un 4,3 % hasta alcanzar los 83.000 millones de dólares, impulsados por la mejora del mercado laboral de Estados Unidos y mayores perspectivas de crecimiento para Italia y España.

 

Las políticas migratorias más estrictas, claves

En 2017, los flujos de remesas destinados a América Latina y el Caribe crecieron un 8,7 %, alcanzando así otro nivel máximo histórico de casi USD 80.000 millones. El incremento se debió principalmente al crecimiento más sólido de Estados Unidos y a la aplicación más estricta de las normas de inmigración de ese país, lo que puede haber incidido en las remesas, dado que los migrantes, previendo que se quedarían allí menos tiempo, enviaban el dinero ahorrado a sus países de origen.

En una sección especial de la reseña se indica que los migrantes en tránsito (que solo permanecen temporalmente en un país de tránsito) por lo general no pueden enviar dinero a sus países de origen. La migración puede ayudarlos a escapar de la pobreza o las persecuciones, pero muchos de ellos también se vuelven vulnerables a la explotación a manos de traficantes de personas durante el tránsito. En algunos casos, la población más pobre de las comunidades de acogida en los países de tránsito acaba compitiendo con los recién llegados para conseguir puestos de trabajo poco cualificados.

 

Ayudas totales en el mundo

La cifra total de remesas, incluidos los flujos hacia los países ricos, sumó 613.000 millones de dólares. Aunque los principales receptores fueron India y China, con 69.000 y 64.000 millones de dólares respectivamente, los ingresos procedentes de los emigrantes son más relevantes económicamente para otros países.

Por ejemplo, México el país latinoamericano que obtiene más dinero, básicamente de quienes trabajan en Estados Unidos, principal destino mundial de emigrantes, consiguió captar 31.000 millones de dólares, una cantidad notable de divisas, pero que sólo representa el 3% del PIB, mientras que Honduras consiguió 4.300 millones, cantidad que supone el 19% de su Producto Interior Bruto.

Tras India y China, son Filipinas, México, Nigeria y Egipto los países que captan más divisas con las remesas de sus emigrantes. España sigue siendo un país importante receptor de divisa de sus ciudadanos residentes en el exterior, con 10.692 millones de dólares, una cifra que antes de la crisis no llegaba a los 9.000 millones, y que supera a la de Italia (9.287 millones).

“El Grupo Banco Mundial está movilizando recursos financieros y conocimientos sobre migración para apoyar a los migrantes y a los países con el fin de reducir la pobreza e impulsar la prosperidad compartida. Nos centramos en abordar los principales factores que motivan la migración y en respaldar los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con ella y el pacto mundial sobre migración”, declaró Michal Rutkowski, director superior del Departamento de Prácticas Mundiales de Protección Social y Trabajo del Banco Mundial.

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