Es el momento. Sin duda el curso que viene es el ideal. Ha llegado la hora de que los gurús educativos, los expertos educativos, los que imparten el master de secundaria y los defensores de la “innovación educativa”, esos que piensan que los profesores españoles lo hacemos fatal, vengan a los centros educativos a iluminarnos con su sapiencia. Estamos deseando que vengan y pasen con nosotros semanas en el aula ilustrándonos con sus métodos y su sabiduría. Es también el momento de que cargos, carguitos y carguetes de la Administración educativa vengan al aula con nosotros y nos enseñen de forma apropiada durante al menos un mes, qué son las competencias, la evaluación por competencias, rúbricas y demás. También es el momento ideal para que sindicalistas vengan a los centros y pasen tiempo con nosotros en el aula, y compartan con nosotros su valiosa experiencia mientras estamos a 35 grados en el aula con mascarilla en el mes de septiembre. Y es más, es el momento ideal de acercar las instituciones al alumnado y que vengan a dar charlas a cada clase los concejales, diputados autonómicos, diputados nacionales. Así mismo,  es una buena oportunidad para que grandes empresarios, miembros de la CEOE,  etc, hagan una ronda por los distintos centros educativos del país para imbuir a nuestros alumnos de espíritu emprendedor.

Por supuesto, todo esto es ironía. No vendrá ni Dios. Porque todos ellos saben que eso de los grupos burbuja de la señora Celaá es una majadería supina, y que, además de ser cierto el estudio de la Universidad de Granada que dice que un grupo de infantil de 20 niños de 3 años tiene contacto con 800 personas en dos días, los centros educativos de este país van a ser un tremendo foco de infección y que vamos a caer como chinches a partir de septiembre. Me gustaría hablar, ya que a nadie parece importarle,  de cómo afectará el virus al profesorado. Ya hemos visto como en Tarragona, en un claustro sin alumnos, ha surgido un brote. Como la OMS dice que el virus se transmite principalmente en espacios cerrados y donde se habla. Y debemos tener presente  que el 40 % del profesorado español tiene más de 50 años y por lo tanto bastantes papeletas para que en la ruleta rusa en la que nos han situado acabemos en el hospital o algo peor. Por cierto, me gustaría saber qué opina el ministerio de Igualdad y las diversas organizaciones feministas sobre el peligro que esto supone para un sector profesional donde el 70 % del profesorado son mujeres, porcentaje que asciende a más del 90 % en Infantil y Primaria. ¿Les importa algo?  Esto es lo que hay. Ah, y por favor, ahórrense aplausos y demás estupideces desde los balcones.

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