“Yo nunca he temido a unos hombres que tienen en el centro de sus ciudades lugares (vacios) para reunirse y engañarse mutuamente… Ciro espetó estas palabras contra todos los griegos, porque establecen mercados para comprar y vender; los persas no tienen, en absoluto, mercados, y por eso no tienen lugares así”. (Heródoto, Historia I)

Lo menos importante del mercado es vender mercancías. Lo más importante del mercado es el espacio vacío, las plazas. Los persas no tienen plazas donde los seres humanos puedan reunirse, ¿para fines loables? ¡En absoluto! Para mentirse unos a otros: de eso va el lenguaje de mentirse y lo extraordinario del lenguaje es la posibilidad de mentir.

Nos encontramos en el siglo XXI y lo que perturba al Estado, a diferencia del incauto Ciro, hasta el punto de saltarse las leyes, es que los hombres se reúnan en el centro de las ciudades, en el espacio vacío para contarse mentiras, para disentir.

Interpretando a Josep Vicent Boira: la importancia del espacio en relación con la política es de tal magnitud que hoy el verbo estar “en la calle” ha superado el verbo ser “catalán” como factor de lucidez. El “yo soy” (o “no soy”), es decir, la dimensión temporal de la existencia (ser rico o pobre, joven o anciano, culto o analfabeto) ha sido superada por el «yo estoy» (o “no estoy “) junto a las mujeres y hombres en plazas o calles de Catalunya.

El espacio adopta de este modo la figura de un “recurso social híbrido y complejo, movilizador y así transformador en, por y para la acción”. Y el espacio se convierte en un material fundamental para el establecimiento del régimen de visibilidad de la política y la construcción de cualquier legitimidad.

Otra forma de espacio o mejor dicho de desespai en la que la persona y la política se encuentran huérfanas de espacio es el exilio. El exiliado es el paradigma del hombre. Se considera a los exiliados como hombres por excelencia, y son muchos los pueblos que hacen remontar su linaje hasta algún real o fabuloso exiliado ¿Qué es sino Josep Tarradellas, sino un exiliado que configura la Catalunya actual? y Carles Puigdemont que se ha convertido, a su pesar, en un exiliado paradigma “el imputado imaginario”. Es decir, la sociedad rechaza a los que se desvían del modelo escogido para todos, y, una vez ahuyentados los que se desvían, se declara que son ellos precisamente quienes representan a todos.

Pese a la amplitud alcanzada por el exilio en el siglo XX, al que se conoce ya como el homeless man century “El siglo de los sin patria”, la mayoría de los hombres habitan todavía en sus propios países. Ahora bien, si éstos no saben que, a pesar de esa feliz circunstancia también ellos son exiliados, es porque se han empeñado en ignorarlo. Del libro de Josep Solans “En tierra Ajena”

Josep Vicent Boira prosigue que así como todo el mundo puede aceptar que “hay un tiempo para cada cosa”, no podemos aceptar, en cambio, que haya “un espacio para cada uno”. Porque el espacio debería ser el lugar de encuentro de todos. Aquí radica el primer compromiso político del espacio: cómo ordenarlo para acomodar a todos.

Sin el espacio la vida desaparece. Por el contrario, el espacio es símbolo de vida. Y su gestión acertada, que comienza por una comprensión correcta de su realidad, induce a proyectar la plenitud del ser humano. Aquí radica su importancia.

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