El patio del colegio era todo bullicio y algarabía. Los chavales, cada uno en su grupo, disfrutaban de la media hora escasa que tenían entre clase y clase. Era media mañana.

Los más pequeños (los recién llegados de 11 años), jugaban en la zona de tierra. Unos al fútbol, otros con peonzas de plástico que intentaban hacer girar al desenrollar una cuerda. Otros intentaban hacer cambio de sus cromos repetidos.

Los de mediana edad, algunos recién entrados en esa etapa en la que las hormonas les revolucionan, para desgracia de sus padres, también se repartían entre el fútbol, el balón prisionero y las chanzas con las que intentar agradar al chico o la chica que les gusta.

Los más mayores, agobiados por el eterno discurso de los profesores y la importancia que tiene estudiar, no para aprender, sino para superar exámenes, compartían confesiones, ilusiones, traumas y esperanzas sentados sobre la hierba alrededor de una lata de cola.

En un rincón apartado, entre la salida de emergencia de la escalera norte y lo que en su día fue la casa del bedel, un grupo de tres chicos. Dos muchachos tenían acorralada en una esquina a una chica pelirroja de pelo largo recogido en una coleta. No parecía haber conversación alguna, ni tampoco movimiento. No parecía pues que estuvieran jugando a nada. La muchacha extendió la mano hacia el más fuerte de los chicos como si le diera algo. El muchacho, se metió la mano en el bolsillo para sacarla rápidamente y señalar a la chica con el dedo índice recto y el pulgar hacia arriba (como si la mano fuera una pistola). Ella hizo un ligero movimiento afirmativo con la cabeza y ambos zagales se fueron caminando en dirección al campo de fútbol.

En el otro extremo del patio, tres maestros vigilaban a los más pequeños y la salida a la calle. Entre ellos Felisindo, un cincuentón que se siente “colega” de los chavales, de pelo abundante, cuerpo machacado en el gimnasio sin excesos, vaqueros rotos (de esos que cuestan 150 euros la pieza), una camiseta de Levis y unas deportivas blancas de Nike.

En uno de los oteos de patio, se había quedado fijo mirando la escena de los dos chavales y la chica. Su vista llegó al suceso cuando la chica le entregaba algo al chico, y una avispa le impidió continuar con la escena completa. Los tres eran alumnos suyos de 2º y tenían clase con él a continuación.

Ya en clase, Felisindo explicaba una integral en la pizarra. Al girarse vio como la alumna de antes, girada por completo en una posición imposible, le pegaba un soberano bofetón a su compañero sentado en la mesa de atrás. Casualmente era el muchacho que había recibido lo que quiera que esta le diera en el patio. Felisindo expulsó de clase a la alumna. Entonces, todas sus compañeras y alguno de los chicos de clase, se enfrentaron a Felisindo implorando justicia. El bofetón era la respuesta a un tirón de coleta que había llevado a la alumna a chocar su nuca con el respaldo de su silla, con el consiguiente dolor. Felisindo entonces citó a ambos alumnos, junto con el alumno mediador, al finalizar la clase, en el despacho del Jefe de Estudios.

Finalizada la clase y con ambos alumnos, el mediador y Felisindo en el despacho, quedó claro que lo que había visto el profesor en el patio, era en realidad una extorsión de los chicos hacia la alumna a la que obligaban, entre otras lindezas, a darles el dinero que todos los días pedía en casa para supuestamente comprar un bocadillo. El mediador fue el que dio veracidad a las palabras de la chica, ya que era conocido que estos dos alumnos hacían mobbing a su compañera desde hacía al menos dos años, sin que nadie hubiera puesto remedio.

Finalizada la reunión, expulsaron a los tres alumnos (los dos acosadores y la acosada) del instituto durante dos semanas. En un centro en el que se publicita la mediación y el buen ambiente escolar, tenían claro que debían repartir las culpas por igual.

Era lo mejor para no perjudicar a la dirección del centro.


 

Equidistante asnería

 

Son tiempos difíciles para todos. Hace poco más de tres de décadas, cuando era casi imposible que tu opinión y tu pensamiento llegara más allá de tu círculo cercano, creíamos que la desinformación y la ocultación de información, nos convertía en esclavos de los poderosos. Y en esto llegó internet y el acceso, a través de la red, desde a la casa de tu vecino de barrio, hasta el salón de la vivienda de un hispano hablante en Nueva Zelanda. Y creímos, por un momento, que todo iba a cambiar. Pero seguimos siendo esclavos de los poderosos que controlan ya sea a través de los Consejos de Administración, ya a través de la precariedad, toda la prensa tradicional, para que sigan ocultando la verdad, nos saturen de información contradictoria y creen fakes news que sean capaces de asentar ideológicamente al electorado. (En España todos los medios tradicionales, periódicos en papel, radio y TV, e incluso la mayor parte de los medios públicos, están en manos de los grandes bancos o de gentuzas que trabajan para ellos. Por ejemplo, La Razón y La Sexta tienen el mismo dueño).

Hasta hace un tiempo estaba convencido de que los nuevos periódicos digitales se salvaban de la quema, pero ya no estoy tan seguro de ello. Hay que vivir. Y las suscripciones o mecenazgos no dan para vivir y hay que seguir financiándose a través de la publicidad. Y los grandes emporios no contratan publicidad si eres completamente legal y cuentas los sucesos tal y como han ocurrido, si con ello ven peligrar sus cuentas de resultados.

Fijaros como está la profesión que tengo una persona allegada, alumna brillante de matrículas de honor, que ha podido estudiar gracias a su trabajo durante los meses de verano y a las becas, que se encuentra en un callejón sin salida porque, siendo estudiante de un doble grado de periodismo y comunicación audiovisual en una universidad pública, necesita hacer unas prácticas laborales para poder superar el quinto curso y no encuentra ningún medio que le deje ejercer. Las Universidades privadas se llevan todos los conciertos con las empresas periodísticas que contratan desde la propia universidad y en la pública el alumno tiene que “buscarse la vida” para poder, no ya trabajar, sino finalizar sus estudios.

En esta coyuntura de precariedad se mueven los profesionales del periodismo. Unos informadores que, ya sea por miedo (aunque sea inconsciente), ya por ideología o porque simplemente es lo fácil, desarrollan su trabajo en una pérfida equidistancia. Un término medio inmoral que siempre beneficia a tramposos, corruptos y maleantes.

Esta perversa equidistancia la hemos estado padeciendo con la no negociación para formar gobierno. El presidente en funciones y sus adláteres estuvieron mareando la perdiz, sin hacer absolutamente nada hasta una semana antes del pleno de investidura de julio. Luego tomaron el sol, se fueron a comprar cinturones de a 600 euros la pieza o estuvieron soltando soflamas por las radios durante el mes de agosto. Hasta el viernes 8 de septiembre que le contaron a quiénes dicen son sus aliados naturales, a la cara, esos 300 eslóganes que prometen arreglar situaciones ya legisladas, actuaciones que llevan repitiendo que van a realizar desde antes del big bang (como reformar la ley Mordaza, derogar la reforma laboral o sacar a Franco de su tumba), pero que en cuanto se consolidan en el poder se olvidan de lo prometido. Trescientos mantras que son literatura barata en párrafos farragosos, con el fin de despistar. Decía el otro día Gerardo Tecé, en este artículo de ctxt que en los restaurantes de carretera “…cuanto más corta la carta, más honestos suelen ser los platos. Y viceversa”. Aquí pasa exactamente lo mismo, cuanto más extensa es la soflama, menos intención hay de cumplir nada de lo que en ella figure. Pues bien, la mayor parte de la prensa sin distinción, incluidos algunos de los que jamás hubiéramos pensado que se prestarían a eso (como el Gran Wyoming del que, conociendo su siempre disposición a ayudar en la lucha por lo público, espero que se la colaran los guionistas) están en la equidistancia de repartir culpas por igual. Como en el colegio de la chica maltratada de la historia que ilustra este artículo, los malos profesionales, en su empeño por creerse justos y no poner en riesgo su puesto de trabajo, acaban siendo no solo injustos, sino zambombos y bausanes.

Quizá esta equidistancia parta de una concepción equivocada de los conceptos. Un guisante no es una verdura y un cacahuete no es un fruto seco. Ambos, aunque la gente se empeñe en lo contrario, son legumbres. El PSOE, por mucho apellido que lleve de obrero, no es un partido de izquierdas. Y no lo es porque desde el Congreso de Suresnes en el que un infiltrado franquista se hizo con la Secretaría General, actúa como un partido demócrata cristiano más. Es decir, sus prioridades no son los obreros, trabajadores en general, pensionistas, funcionarios o parados sino los empresarios. Sus políticas desde 1982 han estado mucho más cercanas al interés de la CEOE que al de los trabajadores. Su actitud, ha sido y es la de un partido de Régimen: monárquico, católico y nacionalista español.

Solo teniendo claro estos conceptos (que aunque subjetivos tienen como base el repaso a la acción de gobierno y oposición desde 1982), se puede dejar atrás la equidistancia y entender claramente lo que está pasando en nuestro país.

Quién vetó a Iglesias pensando que este no se iba a apartar y que le serviría como excusa para el NO acuerdo, nunca ha querido pactar con la izquierda. Es tan evidente que el otro día leía en un diario (creo que era en La Razón), que Pedro Sánchez tampoco quiere la investidura si PODEMOS no firma un acuerdo de gobierno. Sabe que quedaría aún más retratado con los morados en la oposición y ellos aprobando leyes con el apoyo de PP y C’s. Otra evidencia clara es que lleva desde el día 29 de abril, llamando a la puerta de la abstención de Ciudadanos y/o el PP. Su intención es la repetición electoral no porque crea que puede sacar más escaños, sino porque cree que el perjudicado será la formación morada. Y para ello cuenta con la abstención y con la entrada en la escena nacional de “los magdalenos” de Mas.España. El PSOE como máximo exponente no de la izquierda, sino del Régimen del 78, está buscando que este sistema que se desmorona por la corrupción, el nepotismo, la injusticia y la desigualdad siga en pie. A pesar del riesgo que unas elecciones en noviembre suponen para su Gobierno y para los españoles.

Quizá como decía Máximo Pradera, la solución sería que en la nueva cita electoral repitiéramos el mismo voto de abril. Pero sobre todo la solución está en no quedarse en casa. Ya hemos visto que la derecha es toda extrema y que, la opción PSOE no frena el fascismo. Blanco, en botella y es la secreción de las glándulas mamarias de las vacas.

Un aviso: Salvini se creía inmune y ahora está siendo investigado por cinco delitos y fuera del gobierno.

Una advertencia: Votar PSOE no garantiza la derrota de la extrema derecha. Únicamente quieren la desaparición de la competencia.

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas).

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

6 Comentarios

  1. Buen articulo y totalmente de acuerdo con usted. Ojala los medios de información estuviesen llenos de periodistas de verdad y no de simples voceros de sus amos como pasa en la actualidad.

  2. Enhorabuena por su artículo. Tiene que haber más personas como usted. Gente honesta. ¿Donde están?. Nos tienen a todos jodidos por su avaricia, sus engaños, su corrupción. A mi personalmente también. La mayoría son realmente mediocres. Salud y libertad.

  3. Por desgracia tu profesion esta casi desaparecida. Solo quedan publicistas con titulos de periodista. Se fuerte y sigue en tu linea. Salud y Republica.

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