Emelina y Orosia son dos primas que viven como hermanas. Ambas viven bajo el mismo techo porque la pobre Emelina quedó huérfana hace tres años. La madre de Orosia, Quiteria, era hermana de Etelvina, la mamá de Emelina que murió junto a su marido, víctimas de la ingesta de una veintena de Lepiotas Helveolas, una seta muy venenosa que confundieron con hongos silvestres. El padre de Emelina era hijo único y no tenía familiares. Desparecidos también los abuelos maternos de Emelina, sus tíos decidieron que lo mejor era que la pobre huérfana se quedara a vivir con ellos. Pensaron que su prima Orosia, que tenía un mes menos de edad, ayudaría a soportar el dolor de la niña. Sin embargo, desde que llegó a casa de sus tíos, su prima le ha hecho la vida imposible. Nada que no suceda en otras casas entre hermanas. solo que aquí Emelina ya lleva una carga emocional demasiado pesada.

Las dos primas llevan unos días enfurruscadas. Para hacerle la vida más fácil, el día que Emelina llegó a casa de sus tíos, estos le regalaron una muñeca de trapo muy mona. Tiene un precioso pelo hecho de lana roja, y dos coletas, una a cada lado. Lleva un vestido morado con flores amarillas, leotardos naranjas y rojos y unas preciosas botas de color púrpura. Orosia, al ver el regalo de su prima, se enfadó muchísimo y se encerró en su habitación. Los padres para evitar el disgusto de la niña, volvieron a la tienda y le compraron otra igual.

El caso es que hace unos tres días, Orosia, que vierte en su polichinela sus ataques de ira fruto de la envidia a su prima, golpeó fuertemente el juguete de trapo contra la cajonera de un chifonier cuyos herrajes rasgaron la cabeza de su muñeca. Su prima, había salido de la habitación y su maniquí reposaba en su lateral de la cama. Orosia aprovechó la ausencia de Emelina para dar el cambiazo intentando que no se viera el desaguisado.

Por la noche, cuando la huérfana cogió la muñeca y vio el roto en la cabeza, se echó a llorar. Sabía que su prima le había cambiado el juguete pero no quiso decir nada. No quería que su tía pensara que era una desagradecida.

Así que ahora estaban allí, en la cocina, frente a un plato de sopa sin decir nada, sin armar ruido y en una delatable formalidad impropia de dos crías de diez años.

-¿qué pasa? – dijo con voz solemne Quiteria a su hija.

A Emelina se le caían las lágrimas. Orosia pensó que la mejor defensa siempre es un ataque.

– Emelina ha roto su muñeca.

– No es verdad, – dijo entre sollozos su prima. Mi muñeca no está rota.

A ver, – le inquirió Quiteria, que cogió la muñeca de encima de la silla en la que estaba apoyada.

– ¿Y esto?

– Yo no he sido, – lloraba Emelina.

– Si has sido tú, que yo te he visto, – continuaba atacando Orosia.

Emelina salió corriendo de la cocina en dirección a la habitación que compartía con su prima y se tendió boca abajo en la cama. El llanto ahora había arreciado hasta el punto de hipar a la niña.

Quiteria le preguntó de nuevo a su hija que le había pasado a la muñeca de su prima y esta relató lo sucedido, pero cambiando el causante del destrozo.

La tía se fue al cuarto de la niña e intentó consolarla. Pero esta insistía en que ella no le había hecho nada a su muñeca. Su tía abundaba en que no pasaba nada, pero que los arrebatos de ira y mentir no es propio de los niños buenos. Llamaron a la puerta. Quién llamaba era D. Satu, el cura del pueblo que había estudiado con el hermano, también cura, de Quiteria y Etelvina. Informado de lo acontecido, se acercó a la muchacha y le preguntó por qué mentía. Pero la niña solo repetía que ella no le había hecho nada a su muñeca. El páter tampoco la creyó. Le habló de que los niños malos van al infierno por mentir y que llevan el demonio dentro que les provoca ira. La niña ahora se balanceaba adelante y atrás con las manos cruzadas, las rodillas encogidas y sentada en la cama. Y repetía una y otra vez, no es mi muñeca, no es mi muñeca.

Castigaron a la pobre huérfana sin natillas toda una semana y a sacar la basura de la cochiquera.

Por la mañana, la niña apareció desmayada en el asfalto. Había intentado suicidarse tirándose desde la ventana de su habitación. Menos mal que solo había tres metros hasta la calle.

Cuando el tío de Emelina, fue a llevarle la muñeca al hospital, se dio cuenta que debajo del pelo había escrito una O de Orosia. Él había puesto una inicial en la muñeca de su hija en el momento en que la compró porque sabía que traería disputas. Aunque no se lo había dicho a nadie. Ni siquiera a su esposa.

Cuando llegó al hospital, le dijo a Quiteria que la muñeca rota no era la de Emelina.

 


 

Endogamia

El Eurobarómetro publicado este viernes pasado, 26 de abril, dice que el 55% de los españoles creemos que la independencia del poder judicial es inexistente. De igual forma, el 57 % de las empresas creen que la independencia del sistema judicial español es mala.

Elisa Beni, periodista especializada en las entrañas del poder judicial español, ha descrito en numerosos artículos la endogamia sistémica que sufre el Poder Judicial en este país por las familias que han copado los distintos estamentos de supremacía de ese poder que han convertido, bajo el precepto de “la independencia judicial”, en un peligroso órgano cuyas decisiones no pueden ser denunciadas y por tanto en un poder cargado de impunidad.

Hace unos días ha pasado inadvertido, entre la vorágine electoral, la absolución del ex-presidente del FC Barcelona, Sandro Rossell. No quiero entrar en la sentencia de absolución porque ni estoy capacitado, ni me interesa en sí la sentencia. Lo que realmente me importa es la coincidencia, nuevamente, de qué la jueza que ha instruido el caso, la señora Lamela, sea la misma que instruyó el llamado “caso Alsasua” en el que, a pesar de los videos y de las contradicciones de los presuntos agredidos, llevó a prisión provisional por delitos de terrorismo, que finalmente la sentencia negó, a Oihan Arnanz, Adur Ramírez y Aratz Urrizola. La misma jueza que instruyó el caso de “los Jordis” (Cuixart y Sànchez) que les llevó a la prisión, también provisional.

Todos estos casos tienen en común, el uso desproporcionado y arbitrario de la prisión incondicional provisional. Todos ellos tienen en común que los acusados, son lo que la extrema derecha franquista española llama “enemigos de España”. Todos ellos tienen en común, que sus casos han sido instruidos por una persona cuya licenciatura fue conseguida en la Universidad PONTIFICIA de Comillas, una universidad católica dirigida por los jesuitas españoles, por la que han pasado lo “más granado” de los defensores del hijoputismo liberal. Una jueza que entró en la AN en Comisión de Servicio aupada por Marchena y Lesmes.

Decía Gonzalo Boyé, abogado de Carles Puigdemont, en este artículo de Elnacional.cat titulado “Riesgo Sistémico”, la tarea hercúlea que supone denunciar a esta jueza por el caso Rosell, precisamente por el carácter endogámico, por la inexistencia de controles del Poder Judicial y porque, debido a las dos anteriores, cualquier denuncia debe pasar por Marchena o Lesmes. (Como apelar ante Quiteria para que defienda a su sobrina condenando a su hija).

En cualquier democracia que se precie, la división de poderes es el principal garante del sistema. En cualquier régimen pseudodemocrático, la segunda medida que utilizan los dictadores, después de asegurarse el poder por tiempo indefinido es la del control judicial. Y aquí, desde que ese cáncer llamado Jose María Aznar llegó a la política nacional (antes ya lo había hecho en Castilla y León), con la connivencia del PSOE que quizá pensó que podría sacar también tajada cuando tuvieran mayoría para ello, la principal batalla estuvo en negarse a renovar los órganos directivos del Poder Judicial (TC, CGPJ y TS) hasta conseguir colocar a los suyos.

Al españolito medio que ve la tele, estas cosas tampoco le preocupan. No creen que a ellos les afecte. Y cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde.

Tener un poder judicial en el que más de la mitad de los españoles no confía, es algo sumamente grave. Porque la parcialidad o “dependencia” puede servir no solo para practicar una justicia partidista que ejecute con saña algunas resoluciones mientras se comporte de forma más benévola con otras dependiendo de la ideología de los encausados, sino además, para ejercer acción política fuera de las urnas que delimite que procedimientos políticos son legales y cuales no.

A la hora de finalizar el artículo, con el 92% de los votos recontados, el fascismo no va a conseguir llegar al gobierno, pero se confirma una mayoría entre PSOE y Ciudadanos. A pesar de no haber logrado el gobierno, el triunfo del franquismo es claro. Y si hasta ahora sus acciones nunca han sido consideradas punibles, en el momento que detrás de ellos haya un acta de diputado o senador, podemos prepararnos para lo que nos viene encima. Si a eso le añadimos la connivencia con esta gentuza de algunos de los miembros de las fuerzas de seguridad del estado, el futuro se augura negro. Muy negro.

Vamos a vivir tiempos tenebrosos si se confirma un gobierno del hijoputismo liberal. Con un poder judicial poco fiable y parcial, con unas fuerzas de seguridad del estado en las que, todo apunta que sigue habiendo garbanzos negros, con un gobierno nacionalista español proclive a las restricciones de derechos.

Todos esos que serán los primeros en alzar la pluma, son los culpables de que esto haya sucedido.

Bienvenidos a 1931. De nada os va a servir rezar.

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas).

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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