«¡Vaya momento que has elegido para montar una empresa!» Este es el comentario más repetitivo que he escuchado por parte de mis amigos estas semanas. Podría decir que toda crisis conlleva una oportunidad, pero la realidad es que los acontecimientos me han abocado hasta aquí.

Hace año y medio empecé a mentorizar a un amigo que venía de reinventar el mercado del pan en Indonesia para analizar qué proyecto podría hacer acá. Tras desechar su primer planteamiento, nos propusimos reinventar el catering para celíacos.

Durante un año, fuimos haciendo pruebas en casa, hasta que en julio dimos con un producto redondo. De modo que quedamos con un inversor para reunirnos en septiembre. Es mismo mes tuve un accidente de tráfico, lo cual no impidió que en octubre nos reuniéramos, aunque yo tuviera que acudir en sillas de ruedas.

Al inversor le pareció interesante el proyecto, pero teníamos que abaratarlo y cambiar algunos aspectos, con lo cual nos emplazó a marzo de este año, que era cuando tenía previsto monetizar ciertas inversiones.

En marzo, como ya conté en este mismo medio, me contagié de la Covid-19, y durante ese mes, con todo el mundo en casa, nos entró el temor de quedarnos sin clientes para nuestro “catering”. Mi socio siguió desarrollando el backoffice, no obstante. Y, en abril, pensamos que, cuando llegara la nueva normalidad, podríamos crearnos un hueco en el mercado.

Junio ha sido una locura para emprender. Menos mal que David Moreno, co-mentor conmigo en el SEKLab, se ofreció a mentorizarnos. Con él, hemos metido el turbo, al mostrarnos el primer día cantidad de detalles que estaban el aire: logística, crear una sociedad limitada, financiación, encontrar un local, comprar la maquinaria, etcétera.

Lo bueno es que mi socio Jaime Sanz y yo hemos recuperado la actitud de diseñadores, encarrilando los problemas que nos han ido apareciendo, cada vez en menos tiempo, reduciendo de una semana a unas horas. Adaptándonos a la montaña rusa que significa coronar una montaña y ver que, justo delante, hay una más alta.

El coronovirus nos intentó poner la zancadilla en varias ocasiones, a mediados de junio: Hacienda no concedía citas para darnos un CIF de la empresa, desde marzo… Para Madrid capital, había que pedirlo desde otras ciudades de la Comunidad, algo comprensible con el atasco administrativo que ha provocado el bicho.

La otra zancadilla fueron las secuelas que tuve a la vez, la sensación de respirar mal, que se potenciaba con el estrés. Si lees mi columna anterior, sabrás cómo casi las he resuelto, pues con la Covid-19 nunca se sabe.

Pero la zancadilla más impactante ha sido la de mis inversores de confianza: unos vienen de perder dinero, otros han invertido mucho en empresas que mantienen abiertas sin ERTEs y todos andan reinvirtiendo en lo suyo, preparando sus empresas para seguir aportando valor ante el envite del virus en otoño, en previsión de potenciales confinamientos.

Ahora, con la sociedad limitada en constitución, una primera aportación de financiación y la señal dada para el local, nos lanzamos a montar nuestro producto mínimo viable, para constatar si realmente solucionamos necesidades de varios nichos de la población. Sabedores de que, con la música que pinché la Covid-19, nos adaptaremos al baile, para encontrar nuestro modelo de negocio, cual startup.

Como decía el legendario Matías Prats padre en el programa televisivo El Precio Justo: “Aaaaa juuuuuugaaaaaaaarrrrrrrrr”.

Apúntate a nuestra newsletter

Artículo anteriorCrecimiento en la demanda de casas prefabricadas en España
Artículo siguienteQuinua, el oro sustraído a los campesinos
Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre