Eso es lo que a esta sociedad le falta y mucho.

En un año en el que una pandilla de monstruos violaron a una chica en Pamplona, no sólo no se ha resuelto si no que encima la víctima se convirtió en verdugo y los violadores en víctimas.

Uno de ellos para colmo cuestiona la democracía en este país porque se le cerró la cuenta de twuitter y sus seguidores se quedaban huérfanos.

Parece todo tan suerrealista como también monstruoso.

Pero estas violaciones no son casos aislados. A través de la historia las violaciones han servido y sirven para dejar bien claro quien posee el control sobre las mujeres . Pero también sobre las niñas y adolescentes.

¿ No nos atrevemos a decir que hemos sido testigos de forma directa o indirectamente de chicas violadas las cuales no han sido capaces de denunciar por miedo a no ser creídas por parte de los demás ?.

¿ No hemos hablado en algún círculo sobre algún caso y alguien ha cuestionado a la víctima por entender que su forma de vestir o su “exceso” de sociabilidad ?.

No entiendo esa echada de manos a la cabeza sobre los comentarios que se han desatado en las redes sociales y medios de comunicación. Mujeres niñas o adolescentes violadas en los diferentes ámbitos de la sociedad. Desde estudiantes, a trabajadoras, pasando por las fuerzas armadas, conventos, centros de menores….

Pero sigamos alimentando monstruos, mirando para otro lado, o simplemente justificando lo injustificable.

Tampoco vendría de más profundizar en las consecuencias de esas violaciones. Embarazos que por si fuera poco no podrán ser interrumpidos porque las víctimas han sido literalmente bloqueadas y no han sido capaces de denunciar. Y no hablamos de mujeres adultas, hablamos de adolescentes e incluso niñas.

No es hablar de violaciones. Es hablar de ellas y sus consecuencias.

Tampoco está de más en mencionar a chicas o niñas que por su dsconocimiento han sido violadas y ellas no son capaces de verlo como tal por entender que simplemente se vieron obligadas a ello para evitar sufrir daños mayores.

Nos falta empatía, y quizás lo que tampoco somos capaces de decir es que muchas de nosotras en una etapa de nuestras vidas también fuimos víctimas de ello.

Levantemos las voces, cerquemos a los violadores pero también dejemos de cuestionar y prejuzgar por el simple hecho de no querer sentirnos responsables de una sociedad mezquina, sucia y cruel.

No basta manifestarse un día. Se trata de caminar por el camino del repeto, de la dignidad.

No permitamos que porque una mujer vaya vestida como quiera, o se tome las copas que le de la real gana, sirva como excusa para alentar y justificar a los violadores.

Tampoco está de más mirar en esos núcleos de población donde la vulnerabilidad del género femenino es alarmante. Donde incluso los parientes más cercanos ven en ellas su presa fácil.

Llamemos a las cosas por su nombre y dejemos de esquivar la realidad.

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Madrileña de 52 años, afincada en Tenerife desde el 2002. Auxiliar de enfermería, pero desde hace catorce años, inspectora de seguros. Mi pasión por los medios de comunicación me ha llevado a colaborar en diferentes medios audiovisuales en la isla, donde actualmente dirijo “El Rincón de Ana Vega”.

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