Para hacernos una idea de la espada de Damocles con la que tuvo que luchar durante buena parte de su carrera profesional como escritora de prestigio, sirvan estas palabras suyas al Times londinense en 1971, en una de las pocas entrevistas concedidas durante su vida. “Gracias a Dios, llevo una vida sin sobresaltos. Sólo de vez en cuando irrumpe ese otro mundo más accidentado en forma de cartas de admiradores a la otra Elizabeth Taylor. Recibo cartas de hombres que me piden una fotografía en bikini. Mi marido cree que debería mandársela y dejarlos anonadados, sólo que no tengo bikini”.

Humor, un punto de fastidio y mucho temple son los ingredientes que tuvo que aderezar esta escritora inglesa, nacida a medio camino entre Londres y Oxford en 1912, para intentar dentro de lo posible que el boato y el ruido mediático que acarreaba consigo la actriz de los ojos violeta no interfiriera en su alabada y prolífica producción literaria. Bastante incordio tenía ya la ‘otra’ Elizabeth Taylor con tener que añadir a su nombre la aposición “la escritora”.

La Taylor escritora y la Taylor actriz iniciaron sus carreras profesionales prácticamente al unísono. La primera publicó en 1945 una sátira sobre una joven esposa que vive en una base de las fuerzas aéreas. Casi al mismo tiempo, una niña de 12 años y mirada cautivadora embelesaba durante su primera aparición en la gran pantalla. Fuego de juventud catapultó al mito de Hollywood definitivamente a la fama y el estrellato.

Un tema recurrente en buena parte de sus 12 novelas publicadas hasta su muerte en 1975 fue el de la difícil cohabitación entre la autonomía creativa con las responsabilidades sociales de las mujeres. La soledad y los anhelos reprimidos planean por unas páginas cargadas de sensibilidad y talento.

Su narrativa trata la difícil cohabitación entre la autonomía creativa con las responsabilidades sociales de las mujeres

La editorial Elba publica ahora El orden equivocado y otros cuentos, un compendio de una veintena de relatos cortos en los que las vidas asombrosamente anodinas y normales de sus protagonistas se ven alteradas por la letra pequeña de unas existencias donde la confusión, el desorden y verdades inconfesables dan pulso a una prosa tan lisa y sin aristas como deslumbrante. La sutil ironía y la exploración maestra de algunos de los grandes temas narrativos por antonomasia hacen el resto en una autora necesaria que se sitúa a la altura de otras como Jane Austen o Virginia Woolf. Con ellas tiene en común la exploración más íntima del sentir femenino, germen de lo que poco después se constituiría como eclosión del movimiento feminista.

Consciente de que el relato corto era, y es, el hermano pobre de la novela, Taylor no vio publicados sus cuentos completos hasta dos décadas después de la reedición de sus novelas. “Ninguno de sus relatos es prescindible”, advierte en el prólogo de esta edición Clara Pastor, encargada también de la selección de las historias recogidas en este volumen. “Reducir a veinte los sesenta y cinco que comprenden la totalidad de su obra no pretende otra cosa que ofrecer una muestra que incite sin abrumar, que abra una ventana que invite a seguir leyendo a una autora injustamente desconocida”.

 

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