voto

Dice una canción de Editors, un grupo que ha conseguido revisitar a Joy Division como si compusieran hoy en pleno after-punk, que “[…] la cosa más triste que he visto son los fumadores en las puertas de los hospitales”… No entro en el fondo de la canción, sino en esa evocadora imagen del fracaso en todos los sentidos: la indefensión ante la enfermedad y un sino ineluctable (que no existe), además del reconocimiento implícito de la debilidad que impone el consumo del tabaco, criminal e imprescindible.

Yo me considero progresista por la compasión, la simpatía, la empatía que me produce el fracaso. El éxito es una especie de sumidero de las deficiencias que en la infancia sufrimos (inevitables por excelentes que fueran quienes nos educaron). El éxito de verdad es muy raro por no decir imposible, el cuerpo se encarga de arruinarlo. Si tiene usted la mala suerte de visitar un Servicio de Urgencias público: observe a los presentes, no verá “glamour”, ni cuerpos esculturales, ni ropajes medidos ni finura galante, ni higiene exquisita ni nada de lujos más allá de la falsificación, observe los rostros del dolor y la perdición, del desamparo y la barriada… la realidad; los que no están componen la minoría… superior.

Pero más triste que todo eso es la faz de los cuarentones. Hay un momento en que la crianza de los hijos y la costumbre han devorado a la juventud; la ilusión de que la vida, tu vida, podría ser otra cosa, sucumbe expuesta por un pelo ralo cuando no escaso y seco, una piel marcada y sin la maravilla de ser limpia de forma natural, un trozo de carne acumulado, una prenda que empieza a desplazarte… pero sobre todo es la desesperanza, hay una amargura que brota de la sensación de estafa que la vida nos depara a la mayoría, esa impresión de que todo lo que aguardábamos ya no nos espera y la monotonía y la entrega totales, sumisas, invariables, ineludibles, responsables (dicen las partes interesadas) no tienen remedio, porque la juventud fue un espejismo para no ver la esclavitud medida que nos tenían reservada.

Trabajar, trabajar, trabajar en lo que no te gusta y sólo es un medio de vida es una condena (sólo en algunos casos medianamente llevadera) que llega a deformar la conciencia de la vida; tanto que mucha gente que alcanza la jubilación no se entiende a sí misma sin el trabajo, justificación de toda su existencia. El espejismo de la vida feliz en las ciudades es más cruel aún, porque la fantasía de ser joven hiperestimulada en una gran ciudad transcurre veloz hacia ser una paria currante de barrio; la destrucción es total, muere el amor, la atracción, la frescura, todo aquel brillo que nos obligaron a percibir como identificación de lo joven y la esperanza…

Yo, cuando voto, me planteo todo esto. Y veo con risa de moribundo a los fenecientes a la entrada del crematorio, creyendo ir a una ducha gratificante. Les veo votar a sus verdugos, a quienes sólo son el soporte de la reacción, del conservadurismo que nos convierte en carne para la máquina de su autoengaño, de su triunfo podrido, de su imperio secular cedido sólo con la lucha de quienes han buscado no hacer daño a los demás, una Justicia que fuera ciega y ayudara a convivir sin abuso, porque los logros de la sociedad occidental democrática, del Estado de Derecho, ¿han sido el objetivo alguna vez de poderes efectivos como el dinero, las iglesias varias, la monarquías o esos machirulos aspirantes a comer coños a precio de subasta?

No nos engañemos. Desmovilizar a la sociedad, desculturizarla, deseducarla, entretenerla y cebarla de dulces narcóticos sólo sirve para estercolar el terreno para la vuelta de quienes no se han ido nunca, los explotadores del fracaso de la mayoría, de quienes pretenden la salvación apaleando al resto…

Una prueba: pongan en su programa electoral la siguiente propuesta: que toda organización cuyo reglamento vaya en contra de la legalidad constitucional y discrimine por nacimiento, raza, sexo, religión, opinión… tendrá un plazo para incluir a las personas excluidas con las mismas prerrogativas que las beneficiadas, y de no cumplir: serán prohibidas. Pónganle imaginación, y habrán encontrado un motivo para luchar y para constatar quienes son los verdaderos enemigos de la libertad, a quienes, salvo rectificación a tiempo, no se debería votar jamás. No se ilusione.

El voto puede ser la traición al sufrimiento inconmensurable de quienes han hecho posible, durante milenios, el grado de libertad y dignidad alcanzados, mejorable pero real; me da igual en nombre quién fueron aniquiladas estas almas, son el basamento de la Justicia actual. Piense, el capitalismo tiene pocos rivales, eso lo hemos aprendido ya: sólo la conciencia. Hay una política que lleva intrínseco el abuso. No la cague.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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