El lunes 25 de mayo, Meliá y NH se disparan más de 25 % en la Bolsa de Madrid. Otros valores vinculados con el turismo, como el gestor aeroportuario público Aena o la tecnológica Amadeus muestran fuertes alzas. La aerolínea IAG suma un 13,41 %, en medio del anuncio del inminente rescate por el gobierno germano de su rival alemán Lufthansa, que se anota más de un 7 % de subida.

Las aerolíneas españolas Iberia y Vueling, que forman parte del hólding IAG, radicado en el Reino Unido, anuncian que van a reiniciar sus actividades, lanzando vuelos por un 15 % de su capacidad previa, a partir de julio. Ryanair, especialmente molesto con las ayudas públicas de diversos gobiernos a sus competidores, indica que operará para esas fechas el 40 % de su capacidad desde el 90 % de sus rutas.

El consejero delegado del touroperador alemán TUI (el principal grupo del sector en Europa), Fitz Jousssen, acoge con inmensa alegría las declaraciones de Pedro Sánchez de que para julio podrá reanudarse la llegada de turistas internacionales a España, así como de que se suspenderá la cuarentena obligatoria acordada por el gobierno a todos los extranjeros que lleguen al país. La reactivación del turismo en España parece al alcance la mano: hoteleras, agencias de viaje, aerolíneas, reinician sus estructuras de negocio, mientras los avances en el proceso de desescalada permiten que la hostelería pueda reanudar sus actividades, aun limitadamente, abriendo las terrazas y vendiendo comida para llevar.

La Unión Europea, por su parte, insta a los países miembros a lanzar acuerdos bilaterales que permitan la movilidad entre ellos, estableciendo “corredores seguros” para reactivar la industria del turismo y tratar de salvar lo que se pueda de la inminente campaña de verano. Turoperadores como Globalia presentan planes que permiten a los clientes anticipar sus viajes con una campaña promocional para quienes reserven entre el 1 y el 21 de junio y viajen desde el 22 de junio hasta el 30 de noviembre.

No debemos desdeñar estos hechos: es bien sabido que la estabilidad económica española descansa en gran medida en la fortaleza de su sector turístico que, antes de la pandemia, representaba cerca de un 13 % del PIB, cifra que llega al 30 %, si a dicha actividad añadimos la relativa a la hostelería, íntimamente vinculada con ella. España es, en gran medida un país de camareros, hoteles y playas. Y esto es algo que ha generado enormes polémicas y abultadísimas cifras de negocio en los últimos años.

El turismo ha sido uno de los pilares económicos de España desde los años sesenta del siglo pasado. El confinamiento y el cierre de fronteras de los dos últimos meses han hecho perder más de 40.000 millones de euros a los actores empresariales del sector. Millones de trabajadores se encuentran por ello en situación de desempleo, vinculados a ERTEs o, simplemente, no han sido contratados en la nueva campaña de verano que ya debería haber comenzado.

El turismo ha sido, también, un sector de aroma sulfuroso para muchos. Se le ha acusado de constituir la columna vertebral de un modelo productivo basado en el trabajo barato, la precariedad y la baja cualificación, que ha impedido, con su ubicuidad, el despliegue de actividades emprendedoras de alto valor añadido, basadas en el conocimiento, que hubieran permitido la reindustrialización del país. Además, los efectos sociales y ambientales de las actividades dominantes en nuestro modelo turístico (sol y playa, y precios bajos) han sido también criticados ampliamente: la degradación de los barrios por la expansión de los alojamientos turísticos, el estrés hídrico inducido en zonas de costa o la destrucción del litoral y los espacios naturales.

El monocultivo del turismo, como cualquier monocultivo, se ha mostrado como una gran debilidad en el marco de la crisis social provocada por la pandemia del Covid-19. Gran parte del PIB español, y del empleo en el país, está en peligro, si el turismo no se logra reactivar en lo que queda de año. Un cambio de modelo productivo se impone, pero lo hace en el peor momento, cuando la abultada deuda pública, el elevado desempleo y la crisis social y sanitaria en curso, hacen temblar al conjunto de la estructura productiva.

Pero el cambio de modelo económico, a su vez, precisa también de la estabilidad y los ingresos que ofrece el turismo. Pasar de una España de monocultivo, de turismo y burbujas inmobiliarias, a una economía diversificada, industrializada y centrada en actividades de alto valor añadido, presupone, no la aniquilación del sector turístico en medio del abismo y la explosión del desempleo, sino su radical transformación. Su conversión en un sector cualificado, ambientalmente sostenible y laboralmente estable. Sin precariedad y altamente profesionalizado. Centrado en actividades natural y socialmente responsables. Basado menos en la oferta de “sol y playa, y precios bajos”, y más en el respeto a la riqueza cultural de nuestro pueblo y en las amplias posibilidades del turismo de compras y la tecnología compatible con una ambiciosa transición ecológica.

Decrecer el turismo (no va a haber más remedio), pues, puede ser una oportunidad para que crezcan otras cosas y se pueda ensayar un nuevo modelo productivo. Pero, al mismo tiempo, para hacer el sector turístico más complejo, más integrado, más cualificado, más fuerte. Otro turismo con otra relación con el medio natural y con la realidad social que lo circunda.

Un ejemplo de esas distintas formas de viajar y ver el mundo, nos lo presenta Tumaini, una asociación que organiza viajes para conectar a personas solidarias con proyectos de desarrollo local del Sur global. Tumaini organiza viajes que define en su web como: “experiencias transformadoras que fomentan el intercambio, potencian el aprendizaje y sensibilizan sobre problemáticas sociales y medioambientales.” Mónica Herreras, fundadora de la entidad nos cuenta que:

“Medimos y compensamos las emisiones de CO2 que se derivan de los viajes que organizamos. También hacemos mucho hincapié en la formación medioambiental, a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La situación actual es bastante preocupante. Todo está parado. Pero en el caso de los proyectos de desarrollo social de los países del Sur con los que trabajamos todo es mucho más dramático: hay carencia de alimentos. Hemos tenido que enviarles productos básicos de higiene y comida.”

Analizando el impacto de la pandemia sobre el modelo turístico español, Mónica Herreras afirma: “Es un buen momento para reflexionar, para incorporar buenas prácticas ambientales y sociales, sabiendo que eso no va a valer para todo el mundo”.

Las entidades que trabajan en la formación de los profesionales turísticos también ven la necesidad de esta transformación cualitativa. En la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid, en este curso escolar, se ha desarrollado una línea de trabajo específica destinada al cumplimiento de los ODS. Sus impulsores, los profesores de los módulos específicos de Turismo, Concepción del Olmo y J. Antonio Flórez, han coordinado el proceso de certificación del centro, respecto de los criterios propuestos por la ONU. Esto se ha expresado en toda una serie de actuaciones concretas, como convertir la sostenibilidad en un aspecto transversal a tratar en el currículo de todos los módulos formativos, promover la recogida selectiva de residuos y el uso de materiales sostenibles, comprar los insumos a proveedores locales, de temporada y ecológicos, promover la digitalización de muchos procesos escolares, recuperar el funcionamiento del huerto ecológico del centro y del uso de la bicicleta como medio de transporte, favorecer la convivencia en la diversidad de los alumnos de la Escuela, y muchas otras cosas.

Antonio Flórez entiende que “evidentemente, hay que ir a un turismo sostenible. Y no sólo estamos hablando del turismo, estamos hablando de toda la sociedad. La pandemia tiene que ver con la situación del planeta, con el cambio climático y la contaminación. Este momento debe servir para que las actividades turísticas sean más saludables y sostenibles. “

¿Cómo sería ese futuro turismo sostenible, si es que tal cosa es posible? Antonio nos da algunas claves:

“La sostenibilidad debe abarcar toda la cadena y todos los sectores concernidos, desde la producción de alimentos o el transporte, a la intervención en el medio para la construcción de infraestructuras. Debemos tener en cuenta el concepto de carga turística. No se pueden saturar los destinos con alto valor ecológico. Los hoteles pueden desarrollar buenas prácticas, desde el proceso de su construcción hasta la limitación de la contaminación asociada a su actividad.”

Concepción del Olmo, por su parte, cree que en el turismo futuro “se va a ver más aprecio por la naturaleza, por las rutas locales, por sitios más cercanos. Eso va a potenciar el turismo local en zonas del interior, muy deshabitadas, lo que puede dar un nuevo dinamismo al mundo rural. También se va a potenciar la digitalización de las actividades, lo que puede limitar el uso de contaminantes como el papel en las cartas y menús. Van a aparecer nuevas ideas y estrategias, con modelos de negocio distintos al sol y playa, con líneas de innovación disruptiva.”

En este escenario, los formadores de los profesionales turísticos, nos dice Del Olmo, “debemos replantearnos muchas cosas. Se están haciendo rutas individualizadas de turismo virtual. Se va a tender a la individualización, en lugar del turismo de masas. Los profesores tendremos que cambiar el chip y dar clases de otra manera. Dar más independencia a los alumnos, usar más la tecnología. Todavía no somos del todo conscientes de la magnitud del cambio que va a producirse.”

El cambio de modelo productivo va a ser obligado, si no queremos convertirnos en otra economía fallida del Sur global. La urgencia del cambio sopla como un vendaval desbocado, en estos tiempos de pandemia. Pero el cambio precisa tiempo y políticas decididas de fomento y construcción de una economía diferente (sostenible, cooperativa, social y participativa). Mientras peleamos por el cambio, no debemos desdeñar que millones de nuestros compatriotas necesitan tener un empleo, llevar algo que comer a su mesa.

El turismo ha sido visto, en nuestro país, como la panacea o como más diabólico de los límites, como la fuente de toda la riqueza o como el origen de todos los males. Llega la hora de verlo como un sector a transformar, para volverlo sostenible social y medioambientalmente, y a cuidar con responsabilidad, mientras conseguimos que el conjunto de nuestro mundo cambie de eje.

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