“El tren de la memoria” probablemente sea uno de los dos o tres mejores documentales en la historia del cine español. Dirigido por Marta Arribas y Ana Pérez, este documental del año 2005, narra las vicisitudes e historias de diversos emigrantes españoles en Núremberg en los años sesenta del pasado siglo. A través de una hora y veinte minutos de duración, nos enteramos de las vivencias de Josefina Cembrero, Victoria Toro, José Luis Leal, Pedro Serrano y Virginia Sánchez, y asistimos a una Historia que no puede caer en el olvido y que los españoles tenemos la obligación moral y ética de recordarla y de recordársela a los nuestros y sobre todo a los más jóvenes.

La película narra como la miseria del campo español de los años cincuenta empujó a muchas personas a salir de él, a abandonar también España porque las oportunidades de empleo eran inexistentes. Crías como Victoria Toro o Josefina Cembrero, que entonces apenas tenían poco más de 18 años, se vieron empujadas a dar el salto desde los campos de Extremadura o Castilla y León a Núremberg. Y lo hicieron en trenes especiales, en trenes con unas condiciones dantescas, sin saber nada del idioma alemán. Cuando llegaron a su destino, la primera impresión fue ser tratadas poco más como meros números, no como personas.

En Alemania vemos como los emigrantes españoles se vieron inmersos en condiciones durísimas de trabajo, como su alojamiento consistía en unos barracones al lado de las fábricas, porque lo que interesaba era “ que rindiesen”. Sus dificultades con una lengua que desconocían por completo, con jornadas maratonianas de trabajo, con la necesidad de ahorrar todo lo posible para enviar dinero a España y a sus familiares porque, como dice Victoria Toro, “ ante todo estaban los míos, costase lo que costase” marcaban la realidad cotidiana de la emigración. También la solidaridad entre los propios emigrantes, y el tener que hacer frente a un racismo y a un desprecio latente hacia los inmigrantes latinos por parte de los alemanes, tal y como recuerda José Luís Leal.

También asistimos al regreso de muchos. La manera en que la Crisis del Petroleo de 1973, y la propia dureza y desgaste de la emigración, hizo que muchos regresasen a España, una España que “ no reconocía la labor del emigrante” ni las dificultades y la pérdida de equilibrio personal y familiar que había provocado este proceso. Era la generación de los “cuerpos partidos”, como se dice en el documental.

Este documental debería ser de visionado obligatorio. Y yo de hecho, todos los años hago que mis alumnos y alumnas de 4 de la ESO lo vean y reflexionen sobre el mismo. Es el retrato de una España, de una realidad, que va mucho más allá de las frías cifras. Unas cifras que nos dicen que dos millones de españoles, sí, dos millones, emigraron a Europa entre 1959 y 1973, principalmente a Alemania, Suiza y Francia. Y es que si España siempre ha sido un país de emigrantes, principalmente a Sudamérica, en los años sesenta del siglo XX fue Europa quien se convirtió en nuestro destino. Gracias a esta emigración a Europa fue posible el desarrollo español de los años sesenta del siglo XX, se pudo aplicar y consolidar el Plan de Estabilización, y con las divisas que enviaban a España los emigrantes se pudo reducir el déficit comercial y adquirir bienes de equipo imprescindibles para nuestra industria. Aunque insisto, la realidad, y el film, van mucho más allá de las cifras. Y no sólo nos ayuda a entender un periodo de la Historia reducido al silencio, nos debería enseñar, y más en estos tiempos grises y convulsos que vivimos en nuestro país, a ser más tolerantes, abiertos, respetuosos, con aquellos que hoy están en nuestro país y que son lo mismo, y viven lo mismo, que vivieron los españoles en Alemania hace bien poco.

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