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El reciclaje imposible de Susana Díaz

La dirigente socialista andaluza se resiste al ostracismo político después de perder varios trenes en los últimos cuatro años desde que perdió las primarias con Pedro Sánchez en 2017

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análisis

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Los cuatro años exactos transcurridos desde que pudo tocar el cielo con sus manos a definitivamente morder el polvo sin remisión han sido baldíos tanto para el PSOE de Andalucía como sobre todo para ella misma, la que estaba llamada a ser la primera presidenta mujer del Gobierno de España y hoy no halla encaje siquiera como diputada rasa en la Cámara andaluza después de haber dejado pasar varios trenes hacia un reciclaje político que, hoy por hoy, se antoja del todo improbable e incluso imposible.

Pero Susana Díaz es un animal político capaz de cualquier camaleónico viraje, fajado en este complejo universo de ententes cordiales y traiciones de todo tipo desde que hacía botellones de joven con el carné del PSOE guardado en la cartera. Nadie sabe a día de hoy qué le guardará el futuro a esta trianera del barrio León, pero seguro que sus próximos pasos no serán para quedarse en casa. Tampoco para irse muy lejos de Andalucía ni, sobre todo, de su querida Sevilla. Aunque eso mismo decía en 2017 cuando dijo sí a intentar el asalto a Ferraz. Todos saben ya cómo despertó de aquel sueño.

Desde que Pedro Sánchez ganó las históricas primarias del 17 de mayo de 2017, la dirección socialista ha ofrecido a la perdedora de aquella contienda todo tipo de alternativas para un rápido reciclaje político lejos de los puestos de mando de la ejecutiva del PSOE, pero ella siempre ha insistido en un no rotundo. Hasta que este 13 de junio de 2021, cuatro años después, la militancia andaluza ha dicho que no la quiere a ella, que prefiere los nuevos aires que trae desde Ferraz el actual alcalde de Sevilla, Juan Espadas, otro sevillano que sabe perfectamente cómo son los resortes del poder en Andalucía.

Dónde están ahora Felipe González, Alfonso Guerra y los barones territoriales aún en el poder para cobijarla en el desconsuelo. La derrota llega siempre en soledad

La estrategia del partido ahora parece clara: que por nada del mundo Susana Díaz llegue como secretaria general al próximo congreso regional del PSOE de Andalucía que se celebra el próximo otoño, al que ella ya ha anunciado que no se presentará. La dirección federal no quiere más ruido interno.

En las reuniones que está manteniendo cara a cara con su vencedor en las primarias andaluzas, Díaz intenta una salida airosa fuera de tiempo y de lugar, tanto para su propio futuro político como para el de los que la han acompañado hasta el final en lo que parecía a todas luces una lucha suicida. En esta capitulación sin remisión, la todavía secretaria general del PSOE andaluz es consciente de que le queda por delante una larguísima travesía del desierto y probablemente nunca más vuelva a tocar los resortes del poder como los ha tocado estos últimos años desde que en 2013 el ex presidente andaluz José Antonio Griñán vio en ella a su sucesora natural. Era una joven política treintañera con todo el camino por delante. En menos de una década ha explotado todo su arsenal. De estos años, la mitad los ha ido desperdiciando en una huida hacia adelante que ha culminado en la reciente derrota final de las primarias andaluzas.

Derrota en soledad

Nunca fue consciente de que cuando los grandes gurús del socialismo patrio la auparon para presentarse como candidata a la secretaría general del PSOE en 2017 ninguno de ellos estaría abajo esperando su caída junto a una colchoneta. Dónde están ahora Felipe González, Alfonso Guerra y los barones territoriales aún en el poder para cobijarla en el desconsuelo. La derrota llega siempre en soledad, al contrario que la victoria, que hace crecer los adeptos como la mala hierba. Nunca Susana Díaz se vio en esta tesitura en la que ahora se encuentra.

Pese a todo, el perfil político de la política trianera encaja sin duda más con la imagen de ave fénix que en el de perdedora nata, como es hoy por hoy, resignada al ostracismo sin remisión. Es difícil prever dónde la situará el destino, pero no muy lejos de la política. Es lo que ha hecho siempre, desde que le salieron los colmillos en las Juventudes Socialistas.

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