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El PSOE rechaza la enmienda de Podemos contra los desahucios horas después de la polvareda de Bildu

La ministra Calviño impone sus tesis conservadoras para contentar a la banca y dice que prefiere pactar con el PP

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La enmienda anti-desahucios que Pablo Iglesias le ha presentado por sorpresa a Pedro Sánchez ha venido a introducir un elemento más de inestabilidad y distorsión en el ya frágil Gobierno de coalición. El PSOE vuelve a hablar de “deslealtad” mientras en la formación morada cierran filas en la defensa de una medida que se antoja necesaria para proteger a las personas y familias más vulnerables frente a la voracidad de los bancos y mercados, que no ponen freno a su codicia ni siquiera en tiempos de apocalipsis pandémico. La enmienda es necesaria desde todo punto de vista ético y moral. La vergüenza de los desahucios no debería ni siquiera haber llegado al Parlamento, provocando una nueva tensión en el Consejo de Ministros, ya que las propias entidades financieras deberían haberse autorregulado y haber cancelado los desalojos de oficio, ya que echar a la gente de sus casas en tiempos de crisis es inconstitucional, además de un acto de inhumana crueldad.

Ha estado ágil de reflejos Iglesias al plantear esa enmienda para diferenciarse del conservadurismo que sigue atenazando al PSOE en determinados asuntos sociales fundamentales que no deberían ser un problema ni plantear distorsiones en el seno del Gobierno de coalición. Todo apunta a que en esta ocasión también ha sido la todopoderosa vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, la que ha echado el freno a la necesaria enmienda (un asunto de puro derecho humanitario). Eso al menos se desprende de sus últimas declaraciones en prensa, en las que se ha apresurado a desmarcarse de sus compañeros podemitas de gabinete al asegurar que ella se sentiría “más cómoda con el apoyo del Partido Popular” a los Presupuestos que con ERC y EH Bildu, los socios preferentes que Iglesias ha elegido para no verse obligado a pactar con Ciudadanos, una decisión que sería letal para la formación morada por lo que tendría de indignación entre sus bases. Calviño busca el “máximo apoyo parlamentario” pero no entiende cómo el PP “no está siendo constructivo”. Una vez más se confirma que la superministra, más que una auténtica socialista de pedigrí es una topo o infiltrada del Íbex 35 y de las élites financieras en el Consejo de Ministro.

Sea como fuere, a esta hora lo que se sabe sobre el truculento episodio de la enmienda antidesahucio es que ayer tarde Pedro Sánchez trataba de apagar el incendio en Ferraz (la guerra interna entre sanchistas y felipistas, entre jóvenes y veteranos barones a cuenta del apoyo de Bildu a los Presupuestos) cuando Podemos presentaba su histórica enmienda con aspiraciones de prohibir los desahucios bancarios de las familias en situación de especial vulnerabilidad y riesgo de exclusión social hasta el año 2023. ¿Sabía Sánchez que Iglesias se la estaba colando al atardecer, cuando sus señorías del Congreso de los Diputados bostezaban y miraban ya el reloj para salir del trabajo y volver a sus casas tras la dura jornada parlamentaria? Jaume Asens, presidente de Podemos en el Congreso, asegura que Adriana Lastra estaba puntualmente informada de que esa enmienda iba a ser presentada porque Pablo Echenique la había puesto al corriente poco antes del debate. Y no solo eso: el PSOE estaba dispuesto a firmar el documento. Fue entonces cuando debió haber alguna llamada de las altas esferas y finalmente Lastra se vio obligada a transmitir cuál era la posición definitiva del PSOE en este asunto: que no tiene sentido prohibir los desahucios durante tres años a la espera de ver cómo evoluciona la dramática situación económica. Calviño había movido a sus muchachos en el Congreso y en ese momento Echenique decidió apretar el botón y seguir adelante con el plan A. “No se puede pedir a la gente que se quede en su casa por la pandemia mientras se les esta está echando de sus viviendas; eso no tiene sentido”, se justifica Asens, que ha recordado que todos los países de Europa gobernados por Ejecutivos de coalición tienen sus diferencias y deben aprender a cohabitar y a llegar a acuerdos. A su vez, Rafa Mayoral defendía la necesidad de cancelar los desahucios porque eso supone hacer efectivo el “escudo social” y dar respuesta a los movimientos sociales que “defienden los derechos fundamentales de la gente en la calle”. De este modo, los morados salvaban la cara ante sus bases, aunque fuese a costa de volver a hacerle “un feo” a Sánchez, que en petit comité habla ya de una nueva deslealtad del díscolo socio UP.

Lo que se traduce de esa agitada secuencia ocurrida ayer es que Podemos decidió ir por libre en este asunto para diferenciarse del PSOE ya que, de no aprobarse la enmienda, la militancia morada hubiese visto una traición al electorado y una renuncia intolerable a uno de los puntos fuertes del movimiento 15M. En cualquier caso, un nuevo desencuentro está servido en el Gobierno de coalición, aunque lo lógico es que esta enmienda intempestiva, con alevosía y nocturnidad tal como lo ve el PSOE, no suponga la ruptura del proyecto de colaboración de las izquierdas españolas. Socialistas y podemitas se necesitan: los primeros porque sin los segundos perderían el poder, mientras que los segundos sin los primeros estarían condenados a convertirse en una fuerza marginal sin capacidad alguna de influencia en la sociedad. Unos y otros se necesitan, mucho más ahora que están a punto de cerrarse los acuerdos de Presupuestos que darán estabilidad al Gobierno y al país en los próximos dos años. No corre riesgo el Gobierno de coalición. Podemos seguirá cerrando sólidos acuerdos con Bildu y ERC de cara a lograr los 18 de los 21 escaños que el Ejecutivo necesita para sacar adelante sus leyes en las Cortes, mientras que el PSOE, que no quiere depender de los independentistas, seguirá intentándolo con Ciudadanos. En todo caso, queda claro que los de Iglesias van por libre en determinadas cuestiones sensibles como el escudo social y que una vez más han cogido al PSOE con el pie cambiado. Si hubo negociación, principio de acuerdo o rectificación de última hora en los contactos Lastra/Echenique poco importa ya. El PSOE tendrá que retratarse sobre los desahucios y confirmar si está con los que menos tienen −con los obreros españoles, tal como indican las siglas del partido−, o con la banca. La pelota está sobre el tejado de Sánchez.

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