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El progresismo del siglo XXI, la vuelta a la coherencia

Manuel Domínguez Moreno
Periodista , escritor, sociólogo, politólogo y perito en procesos de paz a nivel nacional e internacional
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análisis

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El socialismo habría que reinventarlo, al igual que el feminismo y la defensa de los derechos humano junto a la igualdad real, sobre todo después de que un medio progresista, como es la Cadena SER, dejase, sin cuestionarlo, que Ana Patricia Botín se definiera como feminista, aunque el medio sea de su propiedad. Aquí la primera incoherencia de un periodismo libre y ético, no todo vale, señor ilustre académico y periodista y adjuntos, para ser de izquierdas, progresista, libre e independiente. Espero que este gobierno y el Estado español tome buena nota del antes y el después, de lo que se está viendo. No es tiempo de gurús, es tiempo de verdad y coherencia con la ideología y el pensamiento de los derechos humanos.

Es momento para la reflexión del poder democrático de las ideologías. ¿Cómo puede rechazar la izquierda, detestar o repudiar los comportamientos de la derecha extrema y liberal si hay líderes que anteponen los intereses de las élites a los de la ciudadanía? No vivimos en los años del trienio liberal, es decir, de un liberalismo comprometido con el pueblo y para el pueblo. No es momento de aceptar las proclamas, bien escritas, de la burguesía desde el confort del capitalismo intelectual. Para rechazarlas tenemos la respuesta en los comportamientos de los intelectuales del exilio desde sus actitudes sociales, desde su coherencia ideológica que nada tiene que ver con los que actualmente se acomodan con la publicación, bien técnicamente difundido, de artículos firmados por periodistas afincados en el nicho de trasnochados medios progresistas de otra época y también incoherentes.

Es el momento, en este próximo «antes y un después», para que el pueblo se despierte de sus retazos de sueños nostálgicos de un bienestar que a ellos nunca les llegó, al menos, no les llegó en la proporcionalidad de su compromiso y lealtad con sus pensamientos e ideologías. Los privilegiados del sistema salieron muy, pero que muy enriquecidos y favorecidos. ¿Ahora que? Vamos a ver, en el «después», que ocurrió lo mismo.

No deberíamos permitirlo, no debemos tolerar que las conciencias de la derecha sean iguales a las de la izquierda. Despertemos, despertar a los lideres a los que ahora protegemos de la mediocridad, de las cloacas de miseria, de las redes de difusión.

Es el momento de la verdad, no la de Poncio Pilato que se lavó las manos para que los dictadores privados del sistema ejecutaran «al revolucionario predicador». Si fuese así, si esta plaga o pandemia, primera y segunda, como la define nuestro colaborador mexicano Alejandro Legorreta en Diario 16, no sirve para que los gobiernos del mundo, comenzando en primer lugar por el mío, el del Estado español, comenzando por el jefe de Estado pasando por el legislativo, ejecutivo y judicial, no quepa la menor duda que utilizaremos todas las fuerzas y las armas de la palabra para destruir la que sería la mayor de las ignominias de la historia.

No es tiempo de demagogia ni estrategias sociopolíticas, ya todo se sabe. Es tiempo de verdad, de razón sin miedo, de coherencia, de ética ideológica y material. Los beneficios de cualquier naturaleza no están reñidos con la ética y la moral. Estos conceptos sólo están reñidos con las formas de conseguir esos beneficios.

El pueblo no perdonará, aunque, en algún momento, pueda olvidar.

Llego el «después» de la verdad frente al «antes». Ahora es el tiempo de la conciencia social colectiva. En el después ya nada valdrá para el pueblo si no es la verdad y el comportamiento de esa verdad coherente con esa verdad.

Por todo ello, se hacen muy poco creíbles las reflexiones publicadas en un medio, en otro tiempo progresista, ahora propiedad de una dictadura privada, por quien fue tomado como referente del progresismo. Esa incoherencia es la misma que las y los periodistas que me he encontrado a lo largo de mi experiencia que rechazaban la prostitución como concepto pero que no dudaban en aceptar el salario que venía, en parte, de la publicidad de los anuncios de comercio sexual.

Ese mismo medio de comunicación, que con su salida a bolsa provocó un desastre económico a muchas familias, de lo que nunca se habló, mientras una minoría, con nombres y apellidos, y los amigos de ésta, de diferentes colores e ideologías, se enriquecieron de forma espectacular. El pueblo no es conocedor de esta vergonzosa situación, pero estamos hablando, escuchando, y creyendo que este sacrificio del pueblo servirá para algo, sobre todo para marcar un antes y un después.

Las responsabilidades del antes probablemente estarán prescritas jurídicamente, pero espero que no lo esté para el pueblo que lo ha sufrido. El después será el tiempo del arrepentimiento y reinserción. Si no fuese así, el pueblo juzgará y si el pueblo olvida y perdona sin condiciones será el pueblo el responsable de lo que en el después ocurra o siga ocurriendo en el ahora.

No se pueden dar lecciones magistrales desde ningún sillón de la Academia o Consejo de Administración sometido a las dictaduras privadas. ¿Dónde está ahora ese «intelectual sociopolítico y económico» invitado habitual del Club Bilderberg y la lista de los asociados, asociadas, invitados e invitadas de honor, dirigentes democráticos del pueblo, que han asistido a las reuniones desde donde pretenden controlar el mundo? Es muy importante que esto se sepa y se aclare. ¿Por qué se olvidó de él tan prestigioso Club?

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En una tribuna de este «insigne» intelectual antes progresista se echaron de menos que se nombrara a los bancos custodios o a los grandes fondos de inversión que son los principales accionistas de uno de los dueños de su grupo de comunicación. Faltó también la recomendación de Ignacio de Loyola de que «en tiempo de desolación nunca hacer mudanza». No es justo que ahora cambie de nuevo, nadie, tampoco el insigne señor miembro de la RAE y periodista. Él ya cambió mucho desde su juventud a su madurez. Que se quede ahora donde esta, que disfrute de sus privilegios, incluso el de publicar y ser leído aún por miles de españoles y españolas ingenuos, desinformados, colaboracionistas o interesados y beneficiados personalmente por sus cómplices.

Lo siento compañeros y compañeras, pero no todo vale. Solo hay que recordar que a finales de la década de los 90 del siglo XX y la primera del XXI, mientras honestos y honestas profesionales publicaban artículos comprometidos con los derechos humanos, el feminismo, y la honestidad, sus editores ingresaban por anuncios inductores de la prostitución decenas de millones en publicidad .

No solo vale no ser responsables directos de estos hechos también desde nuestras conciencias debemos exigirnos conocer desde donde llegan los recursos para mantener profesionales privilegiados. Tal vez las conciencias de esos honestos y honestas, los y las que lo sean, no aprueben sus privilegios.

No todo vale desde la conciencia social.

Cuánto hay que aguantar para soportar estos demagógicos y autócratas artículos, incluso promoviendo y manteniendo el feminismo de Ana Patricia Botín en las mismas páginas y ondas a costa de la honestidad de profesionales que lo son.

Se puede aguantar por menos y se puede soportar no informarse solo por la nostalgia.

Buscad la verdad porque, a buen seguro que la encontraréis, tanto los lectores como los honestos y éticos profesionales de la información.

 

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