La pobreza energética es la situación en la que se encuentra un hogar en el que no pueden ser satisfechas las necesidades básicas de suministros de energía como consecuencia de un nivel de ingresos insuficiente y que, en su caso, puede verse agravada por disponer de una vivienda ineficiente en energía. Esta es la definición oficial aportada por la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2019 – 2014 del Ministerio para la Transición Ecológica, que contempla un diagnóstico de la situación y establece objetivos de reducción a 2015, al menos un 25% con el fin de alcanzar una reducción del 50.

Desde la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE) informan de que el precio medio del mercado eléctrico diario español en 2019 fue de 47,7 euros por megavatio hora (MWh), lo que representaría un 26,5% más que el de Alemania y un 20,9% más caro que Francia. A pesar del abaratamiento registrado en el precio de la energía en España, con un descenso del 16,7% con respecto a 2018, la diferencia respecto a otros mercados competidores para la industria es evidente.

Si comparamos el precio del consumo en España, Alemania y Francia con sus respectivos salarios mínimos interprofesionales, entenderemos la razón por la cual el indicador empleado en la estrategia contra la pobreza apunta que entre 3,5 y 8 millones de personas se encuentran en situación de pobreza energética en el país.

En el caso de Alemania, el salario mínimo interprofesional (SMI) para 2019 quedó fijado en 1.557 € al mes, es decir, 18.684 euros al año, 59 euros mensuales más respecto al salario de 2018 con una subida de 3,9%. Por su parte, Francia tiene marcado su SMI en 1.521 €, que equivaldría a 18.254 € al año, un incremento de 22,7 euros mensuales respecto a 2018 (1,5% más). En España, sin embargo, el salario mínimo interprofesional no alcanza ni los 1.000 euros, exactamente está fijado en 900 euros, a pesar de haber subido 191,4 euros respecto al salario anterior, una subida del 22,3%.Frente a estos datos, y si recordamos que las casas españolas pagan un 26,5% más que las alemanas y un 20, 9% que las francesas, las cuentas no salen y no es de extrañar que millones de personas en el país sufran de la pobreza energética

En este sentido, la industria electrointensiva conformada por aquellas para las que la electricidad es un factor primordial en su proceso (metalurgia, químico, siderúrgico y gases industriales) consideran los precios de la energía un “asunto vital”, ya que la electricidad llega a representar el 50% de sus costes de producción. Por eso, para garantizar la viabilidad del sector a largo plazo, “es esencial disponer de una política energética que posibilite la armonización tanto de los mercados como de los aspectos regulados en el ámbito europeo”, explican desde AEGE.

Volviendo al plan estratégico contra la pobreza energética, entre sus medidas se encuentran fijar las líneas del futuro bono social energético, que deberá ser automático y cubrir todas las fuentes de suministro; acciones a corto, medio y largo plazo para la rehabilitación energética de viviendas y de sustitución de antiguos electrodomésticos y equipos por aparatos eficientes. Asimismo, se prohibirá la interrupción de suministro energético en situaciones meteorológicas extremas a consumidores vulnerables, sumándose a las restricciones de corte ya existentes sobre consumidores vulnerables y preceptores del actual bono social eléctrico en cuya vivienda resida al menos un menor de 16 años, una personas con discapacidad superior al 33% o una persona en situación de dependencia de grado II o III.

El 2019 cerró con un precio medio del mercado diario de 33,71 euros por MWh según informan desde Europa Press, Un 45,3% menos al del mes de noviembre. No obstante, mientras no se apliquen las políticas y protocolos pertinentes para paliar esta alarmante situación, la pobreza energética seguirá siendo un mal mayor para el Estado español.

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