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“Es domingo 18 de agosto a las seis de la tarde y el director gerente del Servicio Andaluz de Salud disfruta de una tarde en los toros. Dos días antes se había decretado alerta sanitaria nacional”, asegura La Sexta en una de sus informaciones sobre el brote de listeriosis que ha disparado la alerta alimentaria nacional e internacional y tiene en un vilo a la sociedad española. Según la cadena privada, Miguel Moreno Verdugo, que así se llama el gerente sanitario, se divertía en una corrida malagueña mientras ya había 46 pacientes hospitalizados en Sevilla, cuatro de ellos en cuidados intensivos, y al menos 71 personas intoxicadas en toda Andalucía.

La supuesta desidia de Moreno Verdugo no es algo nuevo entre los políticos del PP. Recuérdese cuando Gregorio Serrano, aquel director general de Tráfico, se quedó en su casa de Sevilla con su familia, el Día de Reyes, mientras las carreteras colapsaban por una nevada histórica y cientos de personas quedaban atrapadas en la AP-6. O cuando aquella Ana Botella, alcaldesa de Madrid, se marchó a un spa de lujo de Portugal en plena crisis por la tragedia del Madrid Arena. O aquel fin de semana de infausto recuerdo del Prestige, cuando al ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, le dio por largarse de caza mientras Galicia quedaba sepultada por un alud de chapapote.

La dejación de funciones y el absentismo laboral, ya sea por razones taurinas, cinegéticas o vacacionales, va en los genes de la derecha española, a la que a menudo se le llena la boca de patriotismo pero que cuando llega el momento de la verdad, de remangarse y de arrimar el hombro porque el país sufre alguna catástrofe siempre termina de picos pardos, en los toros, de finde o de vacaciones. Por eso todavía sonroja más ver cómo los líderes populares cargan contra Pedro Sánchez porque el presidente en funciones se ha tomado unos cuantos días de vacaciones en Doñana. Habiendo como hay ilustres y graves antecedentes de pasotismo, dominguerismo a tope y deserción laboral en las filas del PP cada vez que estalla una crisis de Estado no deberían hablar tan alegremente.

Esta desganada forma de actuar, esta abulia y pereza, como decimos, va en el ADN político del PP, un partido de señoritos que cuando llega una peste como la listeriosis deserta y se va al coto privado, a la playa o a una montería, y así se hunda España. Pero con ser nefasta la imagen, peor aún es la explicación que se ha dado desde la Consejería de Salud del Gobierno andaluz a la actitud de Verdugo: la agenda privada del director gerente es personal. Toma Moreno, que diría aquel.

De momento, Adelante Andalucía ha criticado la “mala gestión, la ineficacia, la ineptitud y la falta de información” del Gobierno de Sevilla en la crisis de la listeria. A su vez el portavoz de Marea Blanca de Sevilla califica la imagen como “inadecuada” mientras desde el PSOE ya se habla de “burla” a los ciudadanos, nunca mejor dicho, ya que la foto de marras pilla in fraganti a Moreno Verdugo detrás del burladero de la plaza de toros. Y es que el PP, y por extensión sus socios de gobierno autonómico, Ciudadanos y Vox, son especialistas en burlar, torear y darle requiebros y pases de pecho constantes a los sufridos ciudadanos, también a aquellos que caen envenenados por La Mechá y que exigen respuestas, eficacia, información.

Por cierto, el gerente del Servicio Andaluz de Salud aún no ha dado explicación alguna, algo inconcebible y lamentable para una sociedad que se dice democrática. Por supuesto, de dimitir, ya ni hablamos. Y así es como se va haciendo realidad la idea de España del “trifachito” ultraderechista: un país de charanga y pandereta donde lo primero es la fiesta nacional. Y que le vayan dando a los contagiados y a la listeria.

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