“¿Cuál es el PIN de Casado?” se pregunta Maraña, mientras Ayuso PP declara que en Madrid no implantará el PIN porque no existe el problema y, por el contrario, hemos oído a López PP informando que en Murcia sí lo han implantado, pero que allí tampoco existe ningún problema de los que quieren resolver con el PIN. Demencial, pero el poder más vil es así.

Al mismo tiempo, El Diario informa que “Feijoo, Mañueco, Alonso, Villalobos o Ayllón se rebelan contra Casado por asumir el discurso de Vox”. Y, aprovechando lo del Pisuerga, Josep Bou, el político más dinámico del PP en Catalunya, acaba de declarar que fue un error colocar allí a Cayetana de número uno.

En medio de tanto lío buscamos respuestas.

¿Se romperá del todo una derecha que está en periodo de transición hacia lo desconocido? A la vista del mucho miedo que siempre proyecta lo que no conocemos de la derecha de España, hoy solo me atrevo a preguntar a la izquierda por el estado de salud de la democracia. A fin de cuentas, desde el Gobierno se pueden hacer mejores diagnósticos y, además, salvo que alguien demuestre lo contrario, la libertad es aquí de la izquierda y de sus miles de víctimas. ¿O acaso recuerda usted alguna iniciativa de la derecha que no fueran las maniobras iniciales de un Suárez que, protegido entonces por el hoy emérito, al que respetaban los criminales franquistas porque sabían que era la garantía del “atado y bien atado”, consiguió ganarle las dos primeras elecciones a Felipe González porque supo leer que la dictadura ya no cabía, tal como acababa de demostrar el fiasco del tándem Arias/Fraga?

Y si alguien responde que Aznar suprimió el Servicio Militar Obligatorio hay que recordarle que nunca hubiera sido presidente sin comprometerse antes con unos catalanes que estaban hartos de que sus jóvenes tuvieran que jugársela objetando o, siempre minoritarios, seguir siendo objeto de las cataburlas que, entre otros vicios españolistas, siempre gobernaron los cuarteles de las muy anchas Castillas. Quizás Aznar se tomó después una mala revancha enviando españoles a la guerra de Irak, y quien podría afirmar que la posterior gran mentira, jamás castigada con una inhabilitación a perpetuidad, por ejemplo, no nos ha traído también hasta las muchas que cada día cultivan el PIN. Por mucho que mientan los de Vox, será difícil que superen al del 11M de 2004.

Si, dentro de Aznar siempre ha vivido Abascal.

Tanto a los del PSOE como a los de UP debemos preguntarles si la democracia española está tan enferma, y porqué, como para que el PIN de los franquistas consiga envenenarla todavía más.

Y que no respondan con cuentos. Eso se lo pueden dejar a Fernando Valenzuela, secretario de Estado de Exteriores, que es lo que esta misma mañana de 22 de enero ha hecho ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para fracasar contra las advertencias planteadas por diversos países sobre la necesidad de proteger España las libertades de reunión y expresión. Por ejemplo, Suiza ha afirmado que “el pasado franquista sigue siendo un reto para España”, pero ya sabemos el caso, nulo, que cualquier gobierno español ha hecho siempre a cualquier ONU que ose tocar este asunto. Las cunetas con miles de cadáveres, ya, tal.

¿Harán Sánchez e Iglesias lo mismo?

Para ayudarles con la respuesta debemos recordarles que España ha pasado de tener a media Europa sorprendida con la supuesta ausencia de ultraderecha, a preocupar muy en serio a los más europeístas por la hiperactividad de un franquismo que se ha quitado la careta, y que pesa bastante más que los 52 escaños de Vox.

Mientras investigamos por nuestra cuenta, por si no recibimos noticias, y como contra el veneno no hay que perder ni un instante ni renunciar a ningún antídoto, adjuntamos un vídeo que, en 19 segundos geniales, está desactivando montañas de mentiras que los paladines del PIN inoculan sin descanso en las comunidades educativas de España, aunque, cobardes, como siempre, no se atreven a citar ninguna que les esté pidiendo ayuda.

Próxima entrega: El PIN VX ataca mejor en una democracia enferma.

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