El Partido Comunista de España (PCE) ha celebrado un homenaje a Julián Grimau en el 56 aniversario de su asesinato por la dictadura franquista (un régimen fascista) frente a su tumba en el Cementerio Civil de Madrid, que ha contado con las intervenciones de su secretario general, Enrique Santiago número tres en la lista de Izquierda Unida dentro de la coalición de Unidas Podemos por Madrid para las Elecciones Generales del 28 de abril, y del presidente de la Federación Mundial de la Juventud Democrática, Iacovos Tofari, presente en el país con motivo de la celebración del XVI Congreso de la UJCE.Iacovos Tofari, que recordó la amplísima campaña de solidaridad internacional contra la ejecución de Grimau, en los años 60, en la que la organización que preside jugó un importante papel. Igualmente ha reivindicado la labor de Julián Grimau como organizador de la delegación española para el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de 1962 celebrado en Helsinki, bajo durísimas condiciones de clandestinidad.

Enrique Santiago, secretario general del PCE y número tres en la lista de Izquierda Unida dentro de la coalición de Unidas Podemos por Madrid para las Elecciones Generales del 28 de abril, ha denunciado la «vergüenza» que suponer que la figura de Grimau esté más reconocido fuera de España que en el país, contando con innumerables calles, plazas y monumentos en todo el mundo, «y más aún la vergüenza de que Grimau siga siendo considerado un criminal por el Estado español al no haber anulado la sentencia por la que fue condenado a muerte”.

Grimau fue condenado y fusilado por cumplir con sus obligaciones como funcionario público al servicio del orden constitucional de la II República”, sentenció Santiago.

El acto contó con la presencia de Víctor Díaz-Cardiel, dirigente del PCE en la clandestinidad y uno de los últimos camaradas en ver con vida a Grimau. El homenaje de hoy, en palabras de Santiago también va dirigido a todas y todos los luchadores por la libertad y el socialismo que sufrieron cárcel, exilio y muerte por el fascismo.

Julián Grimau

Julián Grimau fue el último fusilado de la Guerra Civil española, que no de la dictadura franquista, El 20 de abril de 1963, el dirigente comunista era asesinado a las afueras de Madrid. Dos días antes, un consejo de guerra sumarísimo le había condenado por “rebelión militar continuada”.

Grimau fue ejecutado a las cinco de la madrugada en el campo de tiro de los cuarteles de Campamento, a las afueras de Madrid. Cuando se bajó del vehículo que le había llevado desde la prisión de Carabanchel ya estaba formado el pelotón de soldados del regimiento de Wad-Ras, al mando de un teniente, que le asesinarían vilmente. El jefe de la Guardia Civil en Madrid se había negado a formar un pelotón de ejecución.

Fue el mando militar quien dispuso que fueran soldados de reemplazo los que fusilaran a Grimau. Según su abogado defensor, el capitán Alejandro Rebollo, que fue obligado a presenciar la ejecución vestido de gala, los reclutas estaban muy nerviosos. El oficial al mando fue el que remató al líder comunista, de las manera más vil y cobarde que se conoce, con tres tiros de gracia.

Julián Grimau había nacido en Madrid el 18 de febrero de 1911. Fue militante de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña.  Al comienzo de la Guerra Civil ingresó en la Brigada de Investigación Criminal, ya que su padre había sido comisario de policía en Barcelona.

En octubre de 1936 ingresó en el PCE. Se exilió en Francia y después en varios países latinoamericanos. Carrillo le pidió que volviera al país galo. Fue elegido miembro del Comité Central del PCE en el congreso de Praga de 1954. Desde ese momento comenzó a entrar clandestinamente en España, con estancias en Barcelona y Andalucía. Después de la detención de Simón Sánchez Montero, en 1959, le enviaron a Madrid para colaborar con Romero Marín y Jorge Semprún, Federico Sánchez , en la dirección del partido. En 1961 se instala definitivamente en la capital como responsable del partido en el interior.

Durante los interrogatorios en los que fue torturado en la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol. Durante una de esas sesiones de torturas cayó de cabeza desde una ventana del primer piso y estuvo al borde la muerte,  con el cráneo, las muñecas y las piernas fracturadas. Aun así sobrevivió. El Gobierno franquista mintió diciendo que había sido un intento de suicidio.

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