El papa Francisco ha ordenado el cese de un cura acusado de abusar de nueve menores en el seminario de Ciudad Real. La decisión llega después de que el sacerdote se negara a cumplir la pena que le había impuesto la Congregación para la Doctrina de la Fe, que investigó el caso, de recluirse en un monasterio.

El decreto del Papa, que es inapelable «al ser emanado por la suprema autoridad», según informó el Obispado de Ciudad Real, obedece a la negativa del clérigo a cumplir la pena canónica que la Iglesia le impuso una vez investigados los hechos: reclusión en un monasterio durante cinco años con asistencia espiritual y psicológica.

Dicha pena, confirmada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue comunicada al sacerdote en repetidas ocasiones para que fuese cumplida pero el procesado jamás quiso ingresar en el monasterio.

Ante esta reiterada desobediencia y ante «la falta de fundamentación de su negativa y el grave daño producido a la Iglesia y a la dignidad del sacerdocio», según el Obispado ciudadrealeño, el caso fue presentado al Papa Francisco que ahora no ha dudado en expulsar al cura.

Los hechos se remontan a principios de 2016 cuando el rector del Seminario Menor fue informado de los presuntos abusos y el obispo, Antonio Algora, decidió abrir una investigación canónica que confirmó la denuncia. Tras la expulsión del sacerdote, el Obispado de Ciudad Real emitió un comunicado en el que asegura que la comunidad diocesana «está unida a todas las víctimas y al sufrimiento de los más débiles, sobre todo en lo que se refiere a la protección de menores y adultos vulnerables».

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