El PSOE se lo ha dejado muy claro a PP y Ciudadanos: o se abstienen en el Pleno de investidura para que Pedro Sánchez sea presidente y pueda haber un gobierno monocolor socialista o buscará la coalición con Unidas Podemos y apoyos puntuales de las demás fuerzas minoritarias, entre ellas los independentistas catalanes o incluso Bildu. De esa manera, si finalmente la llave del desbloqueo cae en manos de los nacionalistas será por culpa de Casado y Rivera. Con ese órdago, el PSOE aumenta la presión sobre el bloque de las derechas, que deberán retratarse y demostrar si son tan patriotas como para permitir la gobernabilidad que el país necesita como agua de mayo o en realidad están deseando que España caiga de nuevo en manos de los indepes, lo cual sería un desastre para la nación pero beneficiaría a sus intereses partidistas.

Conociendo como conocemos a Casado no cabe esperar de él ningún gesto de nobleza política en aras del bien común. Tampoco a Rivera lo vemos en plan estadista, sino más bien preocupado por lo suyo, que no es otra cosa que hacer realidad su sueño adolescente de convertirse en el nuevo líder de la derecha española. Por tanto, no cabe ninguna duda de lo que ambos tienen pensado hacer: apostar por aquello de “cuanto peor para Sánchez mejor para nosotros”.

A estas alturas de la partida, son contadas las cartas que le quedan por jugar al presidente en funciones, que si no saca un póker sobre la bocina nos abocará a todos a unas nuevas elecciones generales que nadie desea. De momento, no parece que el PP esté por la labor de hacer patriotismo altruista, permitiendo que el país pueda tener por fin un Gobierno estable, y se inclina más bien por dejar que el líder socialista siga quemándose entre unas matemáticas que no dan para una mayoría absoluta, una presión brutal de Pablo Iglesias para arrancarle algún ministerio y el chantaje de los soberanistas, que van a poner un precio muy alto a sus votos en el Congreso de los Diputados.

El secretario general de los populares, Teodoro García Egea, ya ha advertido de que el PP “no es un partido bisagra” y ha anunciado que “no solo no van a facilitar la investidura sino que la van a dificultar”. No esperábamos otra cosa de un campeón de lanzamiento de huesos de aceituna, que de esta forma se reitera en el “no es no” a Sánchez. La peor noticia para España, que seguirá instalada en la parálisis por culpa de un PP que ya solo juega para sí mismo, olvidándose de lo que es mejor para el país.

La posibilidad de una abstención popular ha sido puesta encima de la mesa por Esperanza Aguirre, también por Isabel Díaz Ayuso, como no podía ser de otra manera en alguien de la máxima afinidad y confianza de la ex presidenta madrileña (por algo gestionaba la cuenta de Twitter de su perro Pecas). Ayuso se ha mojado al asegurar que es partidaria de la abstención para que Sánchez pueda ser presidente sin necesidad del “apoyo de los independentistas y del entorno político de ETA”. Es lo más sensato que se le ha oído decir nunca. Sin embargo, tal afirmación ha sido desautorizada de inmediato por Teodoro García, demostrándose así que la Ayuso es solo una cara bonita, una líder-maniquí, una candidata de quita y pon con escaso poder y predicamento en su partido.

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