si cualquier equilibrio o bien o realidad no manipulada están regidos por razón o por un nunca imponer solo tus intereses, pues tú de ninguna manera podrías así  atribuirte algo bueno con un ir beneficiando a sinrazones un día y otro (¡lo tengo ya que decir!), a cara dura de intelectual o de soberbio con tus decires equivocados o enloquecidos.

En efecto, el mundo pide lo que pide, ¡siempre!, el mundo no pide nada de lo que le das, sino lo que pide es que veas las injusticias, las contaminaciones que haces, las estupideces que dices y que, además, veas tu misma maldad actuando sin repararse, ¡eso pide!  No pide nunca tu lío o tu manicomio mental  tan construido con unas confusiones u otras, y de tantos caprichos e intereses retorcidos que se instalan en la sociedad, ¡no!  Pues el mundo pide solo lo que pide.

Aclararé algo primero: Los criterios de valoración son las referencias mentales para pensar. Los criterios de valoración pueden no permitir la razón ni la verdad. ¡Obvio! Todo depende de los criterios de valoración.

Bien, si tus criterios valoración son de favorecer a Dios, pues siempre pensarás favoreciendo a Dios. También, si tus criterios de valoración son de favorecer a la razón, pues siempre pensarás dignificando o favoreciendo a la razón, o siempre todo lo que digas favorecerá (por seguro) a la razón. Es ésta una gran base para que nada se vuelva loco, ¡así es!

Los criterios de valoración consisten en poner una voluntad cualquiera en manos de la cordura o de la razón; y nunca de la confusión, de la estupidez o de la falsedad. El valorar es, en obviedad, por lo que se mueve cualquier ser humano, y puede estar muy equivocado o muy cegado o muy enloquecido simplemente porque su valorar es de tal o cual manera, atendiendo a unos caprichos, a unos entretenimientos o a unos mensajes irracionales o promovidos por beneficiar solo a  los intereses de un poder determinado.

Hay personas que están manipuladas a un cien por cien de lo que dicen pero, sin embargo, van de lo contrario, de que son muy interesantes e independientes u otros rollos de estupidez o de autoengaño. En el fondo, el reconocer las cosas o el tener un sentido autocrítico son cualidades casi inexistentes (porque ya  lo dice eso  toda la realidad) aunque, al mismo tiempo, son esas cualidades que más se las atribuyen (en irrealidad) los seres humanos, desde un interminable y retórico antropocentrismo.

En sensatez, para saber valorar bien las cosas es muy imprescindible el que no sigas en el mismo estercolero de no querer tú nunca ayudar a lo que es solo sensato o racional, o sea, todo esto es cuestión de salvarte de la terquedad o de tu egomanicomio.

Sí, es cierto, los seres humanos son más tercos de lo que se pensaba; hasta el punto en que hace apenas unos días millones de ellos seguían insistiendo en que los hombres eran superiores en algo con respecto a las mujeres. O demasiados seguían pensando que la Tierra es muy plana o que el clima solo cambia por factores del terreno y no por factores humanos que manipulan imparablemente el terreno. Tales sinrazones a porrillo nunca permitirán un mundo mejor ni permitirán que respire la razón ni permitirán que el bien tenga ya al fin una práctica.

En fin, por insistir que no quede por mi parte, y les insisto sensatamente una y otra vez que los criterios de valoración son las referencias mentales para pensar, si a ética o a responsabilidad quieren ya saberlo; ¡oh sí!, ¡oh sí!, si tienen criterios de estercolero, pues solo mierda dan al mundo, ¡exacto!,  ¡a ver si se enteran de una vez!

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Escritor español de larguísima trayectoria nacido en Cuevas de San Marcos, Provincia de Málaga, que ha publicado miles de obras en 50 años (literarias, de conocimiento,etc), y ha obtenido premios y reconocimientos por su participación en concursos, periódicos, revistas, recitales, programas de radio, acciones humanitarias y eventos literarios en todo el Mundo.

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