Buenas noches:

En este mi séptimo mensaje de Navidad quiero que mis primeras palabras sean para agradeceros a todos los españoles lo bien portados y obedientes que habéis estado en este 2020: cambia la escenografía, cambia la escena, cambian los actores, pero siguen los personajes, sigue la tramoya, sigue el circo. ¡Y ya no se oyen los perros y las flautas en la lontananza! ¡Viva el Circo Iberia!

Menos mal que no estoy como mi primo Federico de Orleans, con su tía con sociedades en Panamá, su hermano con cuentas en Suiza, su cuñada en la cárcel, su padre huido, y sus sobrinos derrochando con la tarjeta black del abuelo. Este año pintan bastos. El Ministerio de Igualdad me tiene fascinado y estoy por autoidentificarme como republicano, pero no olvidéis que ni todos somos iguales ni la Ley es igual para todos, como bien dijo Díaz Ayuso; de aquí a nada, tendremos reino ‘gender fluid’, para que nadie se queje. ¡Ay, esta ‘gauche divine’!

Gracias a la Triple Alianza por sus servicios. De la Segunda Transición pasamos a la Segunda Restauración gracias al atino y la templanza de nuestros políticos. He quedado hasta el pirri de tantas peleas entre el coletas, el guaperas, el vasco, el otro y el de más allá que ya ni está. Aquí todo se ha resuelto porque unos cuantos bien sabían que las mociones de censura no iban a salir, y ni los unos son tan fachas ni los otros tan perroflautas; y la vieja y la nueva guardia se dieron la mano, de Otegi a García-Page, y nunca nos faltó una palmera ¡Qué importante dar las palmas en un país de chorizos, payasos y feriantes! Y en cualquier caso, si eso ya se lo paso a Fernández Díaz, o al asesor del asesor del asesor del subsecretario adjunto a la vicedirección, y nos afina el tema desde la inclusividad y la convivencia.

Entre EREs, préstamos de Europa y tantos recortes en sanidad, educación, cultura, desarrollo, servicios sociales… estoy muy preocupado: si las cosas siguen así voy a tener que buscarme trabajo y la cosa está fatal. Mi padre dice que eso de votar es para nosotros que aún somos jóvenes, que donde él está no se vota y vive realmente bien. ¡Más gel hidroalcohólico, más mascarillas, más distancia y menos elecciones!

Hablando de bozales, mi asesor Gonzalo Boye, que viene muy bien recomendado, me dice que os desee paz, prosperidad y felicidad a los millones de compatriotas que la crisis económica ha desempleado, exiliado, desahuciado o suicidado desde el verano del año 2008. El suyo es un pesar que siento como propio. Quisiera también transmitir muy especialmente mi cariño y el de la Reina a nuestra juventud, una juventud que formamos en nuestras obras, nuestros institutos y universidades y se fueron impulsados por el brío propio de la juventud, por otros estímulos y por otras vocaciones fuera de nuestras fronteras. Sea a París, a Berlín o Londres. A Carles Puigdemont le va muy bien en Bruselas.

Termino el discurso sin mencionar la palabra ‘pandemia’ porque espero que la vacuna bien nos quite de en medio un año para olvidar. Me permito una reflexión más: la vuelta a la normalidad será solo para los que eran normales.

A los que vivís bajo nuestro cielo y a los impulsados por otros estímulos y vocaciones, recibid mi deseo y el de la Reina, de unas felices fiestas y un próspero año nuevo.

NOTA BENE: Este es un texto muy de ficción basado en hechos muy reales.

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