Lo conocí hace unos meses, yo estaba con un amigo con el que había quedado en tomar un gin tonic, cuando se encontraron por casualidad, después de los protocolarios saludos iniciales y a la pregunta retorica de ¿qué tal estas?, contestó textualmente “hecho una mierda”.

-Hace un par de meses empecé a sentirme cansado -aclaró- a respirar mal, mis compañeros del hospital inicialmente lo achacaron al tabaco, pero después de realizarme pruebas y mas pruebas, me han detectado un mesotelioma pleural, por lo que me quedan pocos años de vida y con un deterioro exponencial.

A mi amigo se le saltaron las lagrimas y, sin saber qué decir, se fundieron en un fuerte abrazo.

-Perdone que me inmiscuya, -les dije una vez que tuvieron contenidas sus emociones- el mesotelioma es una enfermad derivada exclusivamente de la exposición a fibras de amianto –aseguré- ¿cuándo ha estado usted expuesto a amianto?, porque… en un medico me parece difícil.

-Ese es el problema -contestó- que yo sepa, nunca, tampoco hemos tenido nunca ningún sanitario del hospital con esa patología, en el servicio de prevención me indican que el único amianto que ha existido y existe es el de las bajantes de uralita que están forradas y tabicadas.

-Joaquín, es, desde hace muchos años, funcionario del Instituto de salud laboral y experto en contaminantes laborales, de hecho, -dijo refiriéndose a mi- hace poco leí un articulo tuyo sobre amianto y fontaneros.

Sí -contesté- en ese caso, la relación causa efecto estaba clara, cortaban habitualmente tuberías con radial, pero en este no la veo.

Nos sentamos en una mesa, pedimos otros gin tonic, y me contó toda su vida laboral, por mas vueltas que le dimos no encontramos el menor indicio que nos diese ninguna pista relacionada con la posibilidad de contaminación.

Me contó que, cuando acabó la carrera a principios de los años 70 se necesitaban médicos por toda España y en todas las especialidades, de tal forma que tubo que coordinarse para trabajar en tres puestos de trabajo oficiales, mas su consulta privada, las operaciones en una clínica de la que era accionista y como medico de empresa en una multinacional eléctrica, en la que por trabajar de 8 a 9 de la mañana le pagaban mas que en los tres puestos de la administración juntos, lógicamente no le daba tiempo para nada, excepto un par de ratos para tomar unos vinos antes de comer y antes de cenar. A su familia la dedicaba los fines de semana siempre que no tuviera guardia qué era lo mas habitual.

En los 80 era jefe de servicio de cirugía en un gran hospital de Madrid y la ley de incompatibilidades le obligó a bajar el nivel de trabajo, dejó sus otros trabajos, incluso las guardias en festivos, todo menos las reuniones del consejo de administración de su clínica, la empresa y su consulta privada en su casa que para el era sagrada. Durante cerca de cuarenta años, trabajó con el como ATS y encargada de todo el sistema administrativo, Raquel, una trabajadora incansable y muy eficaz, en especial en lo referente a la agenda de citas y a los papeles de las compañías aseguradoras, era insustituible y una mas de la familia.

Entonces -le dije- me está diciendo que la única diferencia de centro de trabajo con sus respectivos colegas del ámbito sanitario es su vivienda.

Efectivamente, pero ¿no se le ocurrirá pensar que en mi casa hay amianto?

En todas las casas construidas antes del 2002 hay amianto, de una u otra variedad, claro está que mi trabajo se cierna al ámbito laboral, por lo que no conozco ningún caso de intoxicación en una vivienda, excepto las de las mujeres de los trabajadores de fabricas que llevaban la ropa a casa llena de fibras, ellas las lavaban y a la vez contraían la fatídica enfermedad o el caso de una barriada de Toledo, Santa María de Benquerencia, que desde que se construyeron sus viviendas están conviviendo con mas de 70 toneladas de residuos de fibrocemento muy cercanos y que la dejadez de las administraciones publicas lleva años sin solucionar. Pero otros casos extraños se han dado, hace unos meses vino a mi despacho un joyero solicitando como se podría hacer un reconocimiento medico especifico por riesgo de amianto.

– ¿Un joyero? -preguntaron ambos a la vez-

-Si, al parecer había oído hablar de los peligros del amianto, y el toda su vida había soldado y trabajado los metales en caliente sobre un ladrillo refractario en base a fibra de amianto y forrado de tela también de amianto, al parecer en joyería siempre se había trabajado así, aseguró que tan resistente al fuego como el amianto no había nada, por eso la mayoría de sus colegas lo seguían utilizando. Le indique como se podía apuntar en la lista de trabajadores postexpuestos y le hicieron rápidamente las pruebas medicas.

– ¿Y tenia mesotelioma? -preguntaron.

No, pero si un derrame pleural benigno, lo que le supone hacerse un seguimiento medico anual.

Pero volvamos a su caso, estoy pensando que seria importante de cara a su familia descartar la posibilidad de que él foco del polvo estuviese allí, para lo que seria necesario realizar algunas mediciones en su casa.

-Me haría usted ese favor? -me contestó- pagaré lo que sea.

-Por supuesto, -dije dándome cuenta de que yo solito me había vuelto a meter en otro marrón- llevaré el equipo de toma de muestras de la oficina, y por el precio no se preocupe, yo ni puedo cobrar, ni cobraría nunca por este trabajo, el único coste será el del laboratorio que dependerá del numero de muestras.

Quedamos para el día siguiente por la tarde, cuando llegué a su casa me quedé impresionado mas de quinientos metros cuadrados en el centro de Madrid, su consulta consistía en una sala de espera y un despacho forrado de madera, totalmente abarrotado de libros, diplomas, adornos, incluido un gran aparato de rayos X, que según me dijo había dado de baja desde hacia 15 años, pero que seguía allí porque le suponía un problema deshacerse de el por tratarse de residuos radiactivos.

En la casa estaban el y su mujer, les pedí por favor que me esperasen en el salón mientras yo me ponía el mono desechable y la mascarilla, al ver sus gestos de extrañeza, les dije que era equivalente a su bata blanca, parece que lo entendieron, inicié la toma de muestras ambientales por su despacho y la sala de espera, después en el salón y por último en los dormitorios, muchas mas muestras de las que yo me esperaba.

Cuando terminé me quité la ropa protectora, la introduje en mi bolsa de residuos y nos sentamos a tomar un café, que nos sirvió una mujer muy mayor vestida con uniforme de doncella, otra cosa que me asombró, lógicamente me preguntaron que cuanto podían tardar los resultados, les comenté que aproximadamente una semana y me dijeron que, después de la conversación del día anterior, les iban a realizar en el hospital pruebas a toda la familia incluida la empleada de hogar que llevaba con ellos un montón de años, me pareció perfecto, aunque pensé ojalá todos los mortales pudiéramos disponer de tal privilegio, así si el foco de contaminación estaba en su casa en breve tendríamos dos parámetros que nos asegurase la presencia o no de amianto.

Al día siguiente, a media mañana, me llamó.

-Gracias a Dios -me dijo- nadie de la familia tiene el mínimo síntoma, no así la Rafi que a falta de nuevas pruebas podría tener algún problema pulmonar por lo que se quedará en el hospital un par de días.

Cuando me llegaron los resultados de las tomas de muestras me quede sin habla, en el despacho las fibras por cm3 estaban en torno trescientas veces el valor limite admisible, en la sala de espera cerca de doscientas veces y en el resto de la casa valores dispersos que iban disminuyendo sensiblemente según te separabas de la zona de consulta, -Joder, estoy en el mayor foco de amianto friable que he conocido directa o indirectamente– dije en voz alta.

Inmediatamente le llamé y le puse al corriente de la situación, alarmado me preguntó por las posibles soluciones.

-Para empezar -le dije- salir inmediatamente de esa casa, irse a vivir a cualquier sitio, después ponerse en contacto con una empresa especializada en desamiantado y encontrar el foco y una vez encontrado eliminarle, limpiar de fibras toda la casa, y volver a medir hasta que este totalmente limpia de amianto.

No pusieron ninguna pega, me dijeron que tenían un chalé en La Moraleja que solo usaban en verano y que al día siguiente se irían a vivir allí, y me pidió encarecidamente, que le ayudase en las gestiones.

Encontramos rápidamente una empresa especialista, que selló la vivienda tanto al exterior como la zona de la consulta, con el consiguiente revuelo de los vecinos sobretodo al ver a varios trabajadores con las mascarillas y el mono de protección integral, se comenzaron los tramites administrativos de aprobación del correspondiente plan de trabajo con amianto, algo que conseguí, utilizando todas las influencias posibles.

Así que, en el increíble plazo de un mes, al fin entramos con nuestros buzos a la vivienda del doctor, después de una inspección visual en el despacho, rápidamente encontramos el foco, los radiadores de calefacción eran antiguos de hierro fundido, había dos uno debajo de cada ventana, empotrados en una marquesina, por lo que esa zona se había quedado sin cámara de aire, y para paliar tal circunstancia habían pegado a la pared una gruesa manta de fibra de amianto, al tocarla, se veía como una gran cantidad de fibras mortales volaban y llenaban el haz de luz que emitía nuestra potente linterna.

Posteriormente, comprobamos que en los radiadores del resto de la casa, no había rastros de mas mantas de amianto, por lo que la emisión de fibras se limitaba solamente al despacho.

Un cuanto salimos del portal hablé con el doctor, con el fin de contarle nuestro hallazgo y preguntarle como habían llegado esas mantas de fibra a su vivienda.

-Me acuerdo perfectamente –me dijo- hace muchos años, acudía a mi consulta un paciente que era ingeniero de caminos, era muy friolero, y un par de veces después de auscultarle comentó que en el despacho hacia frio, tocó los radiadores y vio que quemaban, tocó la pared y dijo que estaba fría, al día siguiente tenia en mi casa dos operarios con las mantas aislantes, la verdad es que se notó un montón, como era la única habitación de la casa que daba al norte no fue necesario colocar mas, aunque el estaba empeñado que si hacia frio se lo dijese y me volvía a mandar a sus trabajadores. ¿Quieres decir que esos dos trozos de lo que sea, es lo que me está matando?

-Efectivamente –contesté- y de gracias a que el resto de la familia esta bien, por cierto, las pruebas que hicieron a su empleada de hogar tienen ya los resultados.

-No, aun no, la han hecho una biopsia de pulmón y tardarán unos días en darnos los resultados, aunque todo indica que puede tener algunas placas pleurales, tenga en cuenta que es la única persona de la casa a la que dejaba entrar a la consulta, a primera hora tiene por costumbre ventilar y limpiar, después cierra y hasta que yo empiezo la consulta allí no entra nadie, lo tengo prohibido desde que mis hijos eran pequeños.

-Bien –le dije- ahora queda limpiar toda su casa, libro por libro, cuadro por cuadro, lo que los llevará como mínimo diez días y después volver a realizar mediciones, si todo va bien es posible que en un mes puedan volver a su casa.

-Me parece que el único que volveré seré yo para cerrar la consulta, mi mujer dice que ella no vuelve a una casa asesina nunca mas, en cuanto a los libros los pueden tirar todos, estaban ahí por decoración, por darme importancia, pero lo cierto es que nunca los he usado.

Un mes mas tarde me invitó a tomar café en una cafetería cercana a su casa, me agradeció mi intervención y me hizo un regalo que no abrí por educación, después vi que se trataba de un bolígrafo Mont Blanc ultimo modelo. Me dijo que a los pocos pacientes que le quedaban se los había pasado a un compañero, y que por primera vez en su vida no tenia nada que hacer lo cual lo deprimía, aunque era consciente de que el mesotelioma se lo iba a llevar por delante mas pronto que tarde.

-Menos mal que solo me ha afectado a mi, -dijo- porque según el resultado de la biopsia las placas pleurales de la Rafi, efectivamente son debidas a las fibras de crisolito y no son excesivamente importantes, estará controlada.

-Desde al día que nos conocimos -dije- lo he dado muchas vueltas y siempre se me olvida preguntarle, ¿por qué no han hecho pruebas a la enfermera que trabajó con usted en la consulta muchos años.

Ah, la pobre Raquel –dijo con cara de tristeza- falleció hace cinco años.

De que –le pregunte-

– ¡Hostias! –dijo dando un grito -era la primera vez que le había oído una palabra malsonante- de cáncer de pulmón, seguro que… -se quedo sin voz y se le saltaron las lagrimas, los dos nos miramos y asentimos, no hacia falta decir nada mas. –

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